<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343</id><updated>2012-02-16T21:07:16.480+01:00</updated><category term='Cuentos'/><category term='Inexplicables'/><category term='Concursos'/><category term='Cartas de amor'/><category term='Microrrelatos'/><category term='Oficios'/><title type='text'>Con buena letra</title><subtitle type='html'>Cuaderno de sueños e ideas, escritos despacio e intentando hacer buena letra.
Para que tus ojos lean lo que los míos creyeron ver.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>39</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-8557095703106311509</id><published>2011-08-08T22:31:00.006+02:00</published><updated>2011-08-08T22:47:29.557+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelatos'/><title type='text'>Me caigo.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-6kudcZChSi4/TkBHsG4tb6I/AAAAAAAAAU4/LI8RflSDtF8/s1600/nuevo-2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 220px; height: 171px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-6kudcZChSi4/TkBHsG4tb6I/AAAAAAAAAU4/LI8RflSDtF8/s320/nuevo-2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5638585556556148642" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me caigo. Voy distraída hablando con el móvil por la calle, además busco un taxi, no me fijo por dónde voy y el tacón se mete en la rejilla donde se acumula la suciedad de la acera.  Y me caigo. Ya lo he dicho, lo sé. De rodillas. Mi móvil sale volando (creo que lo hace para aprovechar la ocasión; porque está agotado, o porque me odia, pero no por la caída). No hay nadie cerca. Menos mal. Pongo la palma de la mano sobre el asfalto de la calle. Está caliente, y negro. Brilla como barnizado con caramelo transparente, líquido. Las máquinas acabaron de asfaltar hace poco porque aún huele a ellas. Tres piedrecitas del hormigón se me han clavado en la rodilla. Sangro. Mucho. Me miro con sorpresa. Súbita conciencia de mi fragilidad. Creo que por el calor del poniente, o el bochorno de la caída, pero me siento confusa y por un segundo me parece tener una rodilla de hace treinta años. Me resulta familiar,  desde luego, pero a la vez muy distinta. Me levanto, me pongo el zapato. Me miro. Serenidad.  Inspiro.  Lo consigo: vuelvo a ver mi rodilla, la de esta mañana mismo. La de los pelos, si no me depilo. ¿Qué ha pasado? Bueno, me lo concedo, tampoco es para tanto: en todo caso las dos son vulgares rodillas de verano. La de antes y la de ahora.  Rodillas rojas de verano. Antes siempre roja de mercromina; hoy de sangre y prisas. Pero rodilla de verano al fin y al cabo. Sonrío y repaso: zapato puesto, móvil capturado, falda colocada. He de seguir y, claro, ya llego tarde. Quizás esta noche, cuando pare de andar, me tenga que curar, seguro que no con aquella mercromina (que resulta que ahora dicen que es cancerígena, ¡lo que hay que oír!), pero sí con un buen tequila.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-8557095703106311509?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/8557095703106311509/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=8557095703106311509&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8557095703106311509'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8557095703106311509'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2011/08/me-caigo.html' title='Me caigo.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-6kudcZChSi4/TkBHsG4tb6I/AAAAAAAAAU4/LI8RflSDtF8/s72-c/nuevo-2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-2440713488890537334</id><published>2011-08-08T21:41:00.004+02:00</published><updated>2011-08-08T21:50:01.148+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelatos'/><title type='text'>Hambre</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-EiEpGlEV_hk/TkA8lbSNNPI/AAAAAAAAAUw/gaylpauilEg/s1600/gotham_city_by_dblake.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 205px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-EiEpGlEV_hk/TkA8lbSNNPI/AAAAAAAAAUw/gaylpauilEg/s320/gotham_city_by_dblake.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5638573347144807666" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Habían pasado casi siete meses desde la última explosión. El suelo tembló durante varios días. En la autovía del noroeste apareció una grieta de tres metros de ancho que la abrió, como una cremallera, a lo largo de treinta kilómetros. Los puentes y sistemas de telecomunicaciones se desplomaron. Desde entonces no funcionaban los teléfonos, radios o televisores; tampoco era posible salir de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Otras explosiones anteriores cubrieron la ciudad de cenizas y el cielo de humo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Las noches tenían una oscuridad opaca y, sólo dentro de algunas viviendas medio abandonadas, se adivinaba el palpitar de pequeñas hogueras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	 El olor a azufre era habitual, pero esa noche se podía distinguir, sin esfuerzo, el olor a guiso que salía de la antigua casa del maestro. Dos siluetas dibujadas en su interior: la de una mujer y un niño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	El niño, que había encontrado un cómic de Batman, hablaba sin parar de lo que la ciudad se parecía a Gotham. Asomado a la ventana sin cristal, era como si esperara ver la marca del murciélago proyectada en el cielo, pidiendo socorro al hombre murciélago. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	La madre con la mirada fija en las brasas y en la olla, mientras le escuchaba,  pensaba que a lo que se parecía el mundo, cada vez más, era a las pesadillas que había leído en los delirios de Cormac McCarthy, del que en su momento opinó que era un majadero y, mira por dónde, luego el tiempo le había dado la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Llevaban más de siete meses comiendo hojas y briznas, a veces frescas, casi siempre secas; rebuscando por todas partes. Ella aguantaba bien, pero el niño había pasado cuatro noches con temblores y fiebre en la última semana. Por eso el paquete de legumbres que encontraron escondido entre las cenizas del pabellón sur del Centro de Internamiento para Mayores supuso una fiesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	El olor del guiso hacía insoportable la espera del niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Cuántas lentejas cabrían en Estados Unidos? Como para llenarlo, entero, hasta arriba. ¿Un trillón cuatrocientos cinco mil millones de lentejas?—preguntó el niño sentado en cuclillas, con el plato vacío en las manos, esperando su ración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— No sé, la capacidad de los países se mide en habitantes, no en lentejas. Densidad de población, así se llama— le contestó la madre mientras destapaba la ollita de loza granate donde las había preparado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Bueno, pues porque las personas son más importantes que las lentejas ¿no crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— No — contestó el niño, con expresión seria, tras pensar la respuesta apenas unos segundos—. Si se hubiera llenado un país, solo uno, por cada continente, con lentejas, montones de lentejas, nadie tendría hambre. Las de abajo habrían germinado en el suelo, dando más lentejas; las de arriba nos las podríamos haber comido. Así hasta el infinito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Ya, pero los habitantes de ese país habrían muerto sepultados bajo el peso de las lentejas. Familias enteras, como tú y yo. Eso estaría mal ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Pero habría sido por un bien superior: acabar con el hambre. Esas lentejas serían más importantes que los habitantes aplastados, seguro. A mí me lo parece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; — Comprendo—le contestó la madre dándole vueltas a la absurda idea de las lentejas—. Pero es una tontería, te lo advierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Bueno, eso dices tú, pero alguien debería tomar decisiones así. Mira como estamos. A peor no podemos ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Él terminó su plato en un suspiro, a pesar de la advertencia de que masticara bien. La madre miró el suyo y, sintiendo nauseas, se lo pasó al niño que continuó comiendo con la cabeza gacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	 No se podía quitar de la cabeza la idea de que para su hijo fuera más importante un puñado de legumbres que la vida de una familia. Lo miraba comer su plato de lentejas como el que se come una familia de tres miembros del sur de Milwaukee.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-2440713488890537334?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/2440713488890537334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=2440713488890537334&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2440713488890537334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2440713488890537334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2011/08/hambre.html' title='Hambre'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-EiEpGlEV_hk/TkA8lbSNNPI/AAAAAAAAAUw/gaylpauilEg/s72-c/gotham_city_by_dblake.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-6898353873897025786</id><published>2011-03-05T09:53:00.005+01:00</published><updated>2011-03-09T18:33:03.795+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Un día normal.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-L5qLBRO7pRc/TXH6FRo4zeI/AAAAAAAAAS8/9LffHXxJw28/s1600/pollito4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 289px; height: 290px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-L5qLBRO7pRc/TXH6FRo4zeI/AAAAAAAAAS8/9LffHXxJw28/s320/pollito4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5580516381829942754" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día normal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro día más ( o menos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levanta, va a la nevera, saca dos naranjas y un pomelo rosa para hacerse un zumo de desayuno, y todo cambia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin esperarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el chuchillo grande de cocina, que corta hasta latas de metal, corta una naranja. Justo por la mitad. Es grande y pesada. Promete mucho zumo, pero al cortarla, sale de dentro, tembloroso pero limpio, un pollito amarillo. Como los que vendían en el mercado de abastos hace años, para que jugaran los niños. Rosas, azules, verdes… Este es amarillo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mira el cuchillo, no parece extrañada porque salga un polluelo de dentro de una naranja, lo que le sorprende es su integridad física. Ni sangre ni vísceras. El cuchillo, que puede cortar el capó de un coche, no parece haber herido lo más mínimo al animal que, amarillo pollito, pía al creer reconocer a su nueva madre-gallina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tira la naranja a la basura (Dios sabe qué microbios puede tener un pollo) y mete al bicho en una pecera vacía que guardó cuando murió su última carpa dorada.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Pospone el desayuno para otro momento –tiene el estómago un poco revuelto por la sorpresa–, y se viste para ir a trabajar. Coloca la pecera redonda en la mesa camilla del salón, la  arrastra hasta centrarla ante el televisor,  y lo enciende. No quiere que el pollito se sienta solo, o se aburra, mientras ella está fuera, así que elige un canal adecuado para su edad y le pone el Disney Channel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde ya no se acuerda del pollito.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Al final ha sido un día normal; uno más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sale del trabajo y vuelve paseando a casa. Son veinte minutos andando y la temperatura del día acompaña. Se entretiene buscando, en las matrículas de los coches aparcados, números capicúas. Si los encuentra, y cruza los dedos, puede pedir un deseo: quiero encontrar el cinturón del chubasquero; quiero que el jefe no venga mañana a la oficina; quiero que alguien me invite a ir al cine este sábado; quiero que la sandía que compré esté dulce; quiero que me toque el cuponazo; quiero un anillo azul como el que tiene Reme; no quiero tener, nunca, nunca, un tumor; quiero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se para.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la esquina de casa, pared con pared con la farmacia, han abierto una zumería. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerda que no desayunó por la mañana (¡Ostras! El pollito. ¿Cómo estará? ¿Le habrá gustado Hannah Montana?); en el trabajo nunca encuentra momento para dar un bocado… Hasta el barrendero, que está en la acera de enfrente escuchando música en su Ipod, tiene que haber escuchado el alboroto de sus tripas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde es soleada y se anima a entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carta de zumos es tremebunda: zumo de ojo de ratón; zumo de ojo de caimán; zumo de ojo de sapo; zumo de ojo de paloma... Se le vuelve a hacer un nudo en el estómago, y no tiene arrestos para leer el nombre de los zumos que pertenecen a la categoría especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La dependienta le sonríe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es una broma? Pregunta incrédula, pensando en que pedir el zumo de ojo de pollito, en su caso, sería algo muy próximo al parricidio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En absoluto. Contesta la dependienta que tras de sí tiene cinco batidoras de acero inoxidable relucientes. Todos los ojos de nuestros zumos están debidamente autorizados por sanidad. Cada uno de ellos tiene además la trazabilidad debidamente constatada. Están esterilizados, uperisados, y están libres de gérmenes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Zumo de ojo? Pregunta de nuevo, con la cara verde como una lechuga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El zumo de ojo es algo exquisito. En el antiguo oriente se consume como un arte milenario. La dependienta de uñas azules sujeta una de las cartas de zumos en su mano izquierda, y con una uña de porcelana azul turquesa, va señalando los distintos zumos. Además cada uno tiene un sabor diferente. En los ojos se va acumulando todo lo visto a lo largo de una vida, en los tuyos también, y un zumo de ojo es como un zumo de vida ajena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero son ojos de muerto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los de este establecimiento sí. En Internet circulan ojos de gente que los subasta. LLegados a este punto la camarera baja la voz. Existe mucho fraude,¿sabes?, como con el viagra, subastan ojos alardeando de lo que han visto, prometiendo un zumo único, y luego, vete tú a saber de quién es ese ojo, y qué ha visto. Conozco a un cliente que pagó miles de euros por el ojo de un supuesto montañero que tenía cuatro de los “ochomiles”, y luego resultó ser de un contable. Todo números y asientos de contabilidad… Aquí, ya digo, nuestro producto está certificado y tiene garantía. Si es tu primera vez te recomiendo el zumo de ojo de paloma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preferiría que no fuera de ave. Tengo un pollito en casa y luego me dará remordimientos caníbales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues entonces el zumo de ojo de lubina. Es delicioso mezclado con el coco y cuatro fresones. Además, seguro que alguna vez en tu vida has pedido lubina, o te la han servido en una boda, así que si te comes al animal con naturalidad, ¿qué problema puedes tener con los ojos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin esperar respuesta, coge el recipiente transparente de una de las cinco batidoras, introduce seis trozos de coco, cuatro fresones, una taza de leche fresca, y un diminuto ojo negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo sale de una nevera de doble puerta donde han pegado una pegatina de silicona que representa un ojo místico. El dibujo del ojo parece egipcio. Solo falta que del baño salga una momia, piensa con el corazón encogido por el asco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco minutos en la batidora –el coco es duro, necesita un poco más de tiempo que otras frutas, le explica mientras espera–, y vierte todo el contenido en un vaso alto, como los de batido de chocolate, pero en esta ocasión de batido de ojo de lubina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además le da un papelito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la trazabilidad. Le aclara y, además, le da gratis un consejo: bebe ya, sin pensar, te sorprenderá su dulzor, y te ahorraras muchas dudas. Sin pensar, sin pensar, venga…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella mira el papelito. Parece la etiqueta que ponen en el supermercado a las cajas de pescado. Lubina salvaje. Origen Mar del Norte. Producto fresco. Consumo máximo 48 horas. No lo piensa más y se lo bebe como el vaquero de película que bebe un chupito de whisky. Acaba haciendo mucho ruido, es inevitable con la cañita de beber si se quiere apurar todo bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe a coco y fresa. Dice sorprendida, ya que sin mucha razón aparente pensaba que su sabor sería como el del hígado del pollo frito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son diez euros. Le contesta la camarera que ya ha retirado el vaso vacío y está lavando la batidora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paga (jolín, qué caro) y se va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En casa, el pollito ya no está en la pecera, pero la tele está encendida, con los hermanos Jonas fingiendo ser niños de un colegio americano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aturdida, por lo del pollito, porque en el trabajo han despedido la secretaría de dirección por desvelar secretos industriales, y por el zumo de ojo de lubina que se ha tomado, decide acostarse temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sueña toda la noche con el mar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio cree que es una sirena, pero lo descarta porque no se encuentra ninguna hermosa cola de lentejuelas verdes, ni tiene brazos, ni puede cantar. Además no ve por ningún lado una tupida cabellera larga que pueda sujetar con estrellas de mar. No es una sirena, no. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero está segura de que va por el mar… Y hace frío, y está oscuro. Y muchos peces vulgares, como los que te comerías en un restaurante de domingo, van a su alrededor.&lt;br /&gt;Al rato se acostumbra a nadar en el frío. No es nadar, es como deslizarse, le recuerda a cuando mete los dedos en la mantequilla reblandecida, es la misma sensación. &lt;br /&gt;Se le pasa el agobio y empieza a descubrir a su alrededor “gente” un poco más especial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay anguilas y congrios. Un montón de mejillones pegados a las rocas, merluzas, cigalas, camarones. Tres tiburones que no se relacionan con nadie, parecen bastante estirados. Las sardinas sin embargo parecen unas cachondas, y disfrutan pinchando a las rayas que, cuando se enfadan, dan más miedo que los tres tiburones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo, cuando se acerca a un rape para preguntarle dónde están (ya sabes, hay que hacer amigos hasta en el infierno), suena el despertador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y otro día más (o menos). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguro que será un día normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para demostrarlo, lo primero que hace, antes de ducharse o de vestirse, es ir a la nevera y sacar dos naranjas de Valencia y un pomelo. Lleva el cuchillo que corta troncos de pino en la mano. Pone el pomelo sobre el plato, y lo corta por la mitad. &lt;br /&gt;Sonríe cuando ve que al cortar el pomelo sale del interior un reloj. La fruta de su nevera empieza a parecerse a los huevos Kinder. Llevan sorpresa en el interior… Es un Casio negro. De los que vendían hace años en las tiendas de Islas Canarias. Con calculadora incorporada y cronómetro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece que el día va a ser anormalmente normal. Se dice. Aunque se siente un pelín decepcionada cuando comprueba que el cuchillo asesino ha cortado la correa de plástico del reloj.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabe si es una premonición, o un resultado lógico de la publicidad de la teletienda sobre su lote de cuchillos japoneses, pero por si acaso, decide desayunar en la zumería de la esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero un zumo. Le dice a la dependienta  que esa mañana lleva las uñas pintadas de color amarillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Te fue bien el zumo de ojo de lubina? Sonríe amable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Y duda leyendo la carta, porque ella sabe lo que quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y hoy de qué lo quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero un zumo de ojo de persona feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que de eso no tengo en la carta. Si miras, en la categoría especial tengo zumos de ojo de bailarina; de cantante de rock; de ministro de defensa; de asistenta del hogar de famoso; de hacker; de lesbiana; de paracaidista; de novia virgen… pero yo no sé si eran felices… Ya te dije que somos una empresa seria, y que no engañamos a los clientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duda, y parece meditar. La camarera le deja espacio y tiempo. Parece tan concentrada que la camarera, con disimulo, la vigila por si le empieza a salir humo de la cabeza. Se queda cerca del extintor, solo por si acaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, pues entonces ponme un zumo de ojo de pollito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Seguro? Parece sorprendida. Ayer no querías ni el de paloma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguro. Un pollito sólo puede haber tenido buenas visiones: a su mamá- gallina, el calor del huevo antes de romper, sus hermanitos pollitos. Todo parece tierno y cálido… Eso me parece bastante feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este va con papaya y una cortadita de mango. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez euros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bebe rápido y se va a trabajar. Cuando sale de la oficina,  se da cuenta de que se ha vuelto olvidar de comer. También han despedido al delineante por difundir secretos industriales… ¿Cuántos secretos industriales puede tener una empresa de ascensores? &lt;br /&gt;Está cansada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En casa se duerme nada más tocar la cama. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, al principio, sueña con el calorcito del interior del huevo. Todo se ve de color naranja ahí dentro. Es bastante… lisérgico. Se siente recogida, en estado fetal, protegida, cuando un impacto terrible que parece serrar su huevo en dos, la deja desnuda. Una luz mortecina que viene de los tubos de una cocina que, por cierto, ya está necesitando reforma, lo inunda todo. De repente, se siente atrapada en una burbuja de cristal, y lo único que ve son capítulos y más capítulos del Disney Channel.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Cuando se despierta, detesta a Hannah Montana, a los hermanos Jonas y, sobre todo, a la camarera de la zumería. Uñas de bruja, murmura. Está segura de que le han robado a su pollito, lo han descuartizado y ella, se lo ha bebido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se viste y, decidida, se dirige a la zumería. Va a pedir las hojas de reclamaciones. Eso, cuanto menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acercarse a la esquina donde está ese centro de bebidas asesinas, descubre que las persianas están bajadas, y un cartel negro y rojo reza: “Se traspasa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la puerta de la farmacia de al lado está el farmacéutico, fumándose un cigarro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo han cerrado porque era una cochinada lo que vendían. Obvio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quieres algo para dormir? Te veo mala cara… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le responde, se da media vuelta y se va al trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar, le cuentan que han despedido a la señora de la limpieza por desvelar secretos industriales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aturdida, saca una naranja que ha metido en el bolso, antes de salir de casa, y con el Cutter del despacho la abre por la mitad, sobre un informe que analiza la resistencia al fuego de los metales de sus ascensores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cortarla, aparece una pajarita de papel amarillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, va a ser un día normal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-6898353873897025786?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/6898353873897025786/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=6898353873897025786&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6898353873897025786'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6898353873897025786'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2011/03/un-dia-normal.html' title='Un día normal.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-L5qLBRO7pRc/TXH6FRo4zeI/AAAAAAAAAS8/9LffHXxJw28/s72-c/pollito4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-597988866306743305</id><published>2011-01-27T19:35:00.004+01:00</published><updated>2011-01-27T19:58:25.512+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelatos'/><title type='text'>En la oscuridad.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TUG7CQeAB8I/AAAAAAAAASw/qD7FAaB1qHs/s1600/colores.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 202px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TUG7CQeAB8I/AAAAAAAAASw/qD7FAaB1qHs/s320/colores.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566936261861574594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marta nació a las doce del mediodía y para sorpresa de sus padres que esperaban un bebé pelón y llorón, tipo "Nenuco Mocosete", resultó ser una niña mágica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si su madre, tan preocupada por su futuro, en lugar de abrirle un plan de pensiones, hubiera llamado a uno de esos canales de tarot en directo, alguna bruja con casaca de satén azul, al echarle las cartas a la niña a razón de tres euros el minuto o fracción, seguro que, tras declararla bendecida por la fortuna del universo y de las conjunciones astrales, de las constelaciones en general y de algunas estrellas en particular, y tralarí tralará, le hubiera dado instrucciones precisas de cómo proporcionarle una vida feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Aunque quizás, desde un punto de vista mucho más pragmático, lo que debiera haber hecho su madre era invertir en una buena linterna auto-recargable, que además por aquel entonces estaban incluidas en los catálogos de regalos por puntos que el banco ofrecía por utilizar la tarjeta de crédito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé, uno nunca sabe cómo acertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque como decía, y volviendo a la cuestión principal: Marta nació a las doce del mediodía y resultó ser mágica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que Marta, de niña, chupaba una piruleta amarilla y la lengua se le tintaba de azul, de azul oscuro. Tan azul, que su lengua parecía la de un Chow-Chow.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lloraba, sus ojos castaños se volvían grises.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si reía, las palmas de sus manos adquirían el color de las zanahorias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al crecer, resultaba sencillo saber cuándo estaba enamorada: las borras del café que hacía por las mañanas, en la antigua cafetera italiana “Oro de Ley”, salían de un precioso color verde esmeralda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su magia alteraba todos los colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo necesitabas conocerla un poco y fijarte para poder comprenderla, para entenderla; con la misma facilidad que se lee un libro abierto (si sabes leer, claro).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si su madre, tan previsora, en lugar de abrirle un plan de pensiones con nombre de atracción de coches de choque, “flexi-plan choque estrella”, para asegurarle su jubilación a sesenta años vista, hubiera consultado con los profesionales de la fortuna, habría sabido que toda la magia de su hija, no serviría de nada en tiempos de oscuridad, porque los colores, sin luz, no existen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque quizás, con una buena linterna que no necesitara pilas, habría sido suficiente para alumbrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como decía, uno nunca sabe cómo acertar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-597988866306743305?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/597988866306743305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=597988866306743305&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/597988866306743305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/597988866306743305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2011/01/en-la-oscuridad.html' title='En la oscuridad.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TUG7CQeAB8I/AAAAAAAAASw/qD7FAaB1qHs/s72-c/colores.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-7543330736634183278</id><published>2010-11-25T11:54:00.001+01:00</published><updated>2010-11-25T18:28:41.453+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Concursos'/><title type='text'>Otro cuento de Navidad</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sz-cE8WpF9I/AAAAAAAAAOU/wta_G7uu14o/s1600-h/chica-con-lentes-retro.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 289px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sz-cE8WpF9I/AAAAAAAAAOU/wta_G7uu14o/s320/chica-con-lentes-retro.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5422224085111871442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo niño leyó en un libro de cuentos que en un apartamento de Manhattan habitaba un malvado-rico (binomio inseparable en todos los cuentos, también en éste) que compraba sueños. Media hora de sueños, por cinco dólares. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A pesar de que, seguro, era un procedimiento muy doloroso, —procedimiento que además el niño imaginaba de un intenso color gris marengo—, por el que al donante le extraían sus sueños futuros dejándole el cerebro convertido en algo parecido a una acelga hervida, siempre había cola en el portal del apartamento. Era la época de la recesión; la gente vendía sus sueños para poder comprar sopa en polvo, casi seguro de champiñones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que leyó ese libro, el niño estuvo viendo gris, gris marengo, durante  meses. Como si llevara un velo de tul gris, como lo llevan las novias, pero invisible para los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era la primera vez que le pasaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, siempre que leía un libro o una historia (incluso una vez le ocurrió con una noticia del periódico del colegio), y establecía esa especial conexión que te hace vivir en primera persona lo que lees, por alguna razón, quizás por alguna alteración genética, el niño empezaba a verlo todo del color que le inspiraba esa historia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando leía algo que le gustaba, los colores eran brillantes y tranquilos, sobre todo azules; si leía algo triste estaba una temporada viendo gris (las distintas tonalidades se adecuaban al punto de tragedia que sentía, más claro menos triste, más oscuro más trágico); si leía algo divertido, solía pasarse el resto del día viéndolo todo tintado de amarillo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, de forma inexplicable, se coordinaban la infinidad de colores con la  infinidad de las historias de sus libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El color que teñía su visión permanecía activo hasta que el tiempo le hacía olvidar. O eso creía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, por  culpa de haber leído esa oscura historia del mercader de sueños que se hacía con la vida de sus conciudadanos, él tuvo que ver gris el concierto de Navidad de su hermana y todos los niños disfrazados de angelitos, tan grises, parecían siervos de ultratumba; tuvo que esquiar ese año en unas absurdas pistas de nieve grises, y lo peor de todo, la nata que le ponía su abuela sobre la copa de macedonia, por su color, le recordaba al puré de garbanzos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso odiaba los libros y, por eso, dejó de leer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O mejor dicho: lo intentó.  Porque no pasó mucho tiempo hasta que, coincidiendo con la varicela que le inmovilizó en cama una semana, el niño empezó otro libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez trataba sobre una niña que vivía en un planeta donde llovía apenas una vez cada muchos años. Dos minutos de lluvia cada seis años, no más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los niños de ese planeta esperaban a diario el milagro de la lluvia. De una forma especial y silenciosa lo hacia una pequeña solitaria (que nuestro niño además imaginaba huérfana, aunque esto es algo no contrastado).  Ella, todos los días a la hora del recreo, en lugar de jugar a la cuerda con las demás niñas, se pasaba el rato mirando al cielo nublado, esperando la promesa de esa lluvia. Nunca había visto llover. Sobra decir que sus compañeros la trataban como a una loca, le hacían corros alrededor, le daban empujones y le cantaban canciones de brujas y fuegos. Un día la encerraron en un armario de la escuela, sólo para divertirse. Fue justo durante ese rato cuando llovió. Con la alegría de la lluvia todos se olvidaron de la huérfana encerrada en el armario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un rojo intenso en la mirada, nuestro niño imaginó la cara de desolación de la pequeña cuando fue liberada y vio los charcos que la tormenta caída había dejado en el suelo del patio de su escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esa historia el niño sintió por primera vez el odio y la ira y, tanto le impactó, que no sólo estuvo viendo rojo durante meses, sino que además los iris de sus ojos también se tintaron de rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ya se sabe, cuando las cosas extrañas se hacen visibles, intervienen los adultos. Como el séptimo de caballería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, aunque sus padres estaban acostumbrados a que su hijo les dijera que veía de un color u otro, lo cierto es que nunca le creyeron: “Cosas de niños”, sonreían si el tema salía por casualidad cuando recibían algún invitado, entre sorbo de tila y de manzanilla. “Cosas de niños”, “Ja, ja” ,“ Ja, ja”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquello de los ojos rojos fue demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo tuvieron que llevar al médico que les recetó un fungicida en crema con muy poco éxito. Muy poco. El rojo aún era intenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, luego acudieron al naturópata (el niño no recordaba ninguna palabra acabada en “pata” que tuviera un significado positivo, ludópata, psicópata, garrapata… aunque tampoco le hicieron caso) que le mandó unas cataplasmas de corazones de manzanilla triturados con hojas de ortiga que debía llevar sobre el ojo, con un parche, que tampoco le hicieron nada, salvo arruinarle aún más su extraña vida social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Desesperados, le llevaron a un psiquiatra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien tenía que averiguar la conexión entre la visión coloreada de su hijo y las historias que leía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Demasiada pasión” sentenció el psiquiatra, con un suave acento argentino. “Este niño tiene un exceso de pasión que hay que tratar de inmediato”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en plan madrastra de Blancanieves ofreciendo la manzana, les tendió a los padres del niño un frasco con dos cápsulas con forma de luna menguante: “Esto curará a su hijo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al niño le pareció oír unas carcajadas malignas y un trueno al tiempo que el frasco pasaba de las manos de aquel caballero porteño al interior del bolso de macramé naranja de su madre; pero, de nuevo, no le quisieron hacer caso. Evidentemente ese era uno de los problemas que acarrea el tener los ojos rojos: la falta de credibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche, junto con la sopa de estrellitas que su madre le había preparado, el niño se tomó, bajo la mirada atenta de sus padres, una única píldora del frasco, que le dejó un suave sabor a mango maduro. Se acostó y, cuando se levantó al día siguiente, ya tenía sus iris castaños como las avellanas de finales de agosto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así empezó una nueva vida que le permitió leer a García Márquez sin ver verde brillante durante décadas, e incluso pudo leer a Neruda y no ver para siempre del color del agua. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus padres, para ser sinceros y no faltar a la verdad, sí que notaron algunos efectos secundarios de la píldora, de cuya existencia  ya les había advertido el terapeuta que se definía a si mismo como psicoanalista lacaniano: el niño dejó de tener plato favorito, olvidó su color y equipo de fútbol preferido, y si se le preguntaba qué canción, película o libro le gustaba más, quedaba enmudecido. Tampoco se le conocía un mal mejor amigo. Ni tan siquiera uno que fuera mala persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño era completamente normal, suspiraban y sonreían sus padres al unísono haciendo chín chin con un poquito de mistela. Cualquier cosa mejor que los ojos rojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan normal era, que se hizo óptico. Una de la profesiones más normales que existen como todo el mundo sabe: dioptría arriba, dioptría abajo, las emociones cero estan aseguradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante esos años, el niño ya convertido en hombre, pudo ver caer las Torres Gemelas sin gritar de terror; pudo sorber su sopa quizás salpicada con algún tropezón de cuerpo humano disparado desde su televisor mientras veía el telediario a la hora de la comida y de la cena, y todo ello sin sentir ninguna mínima náusea; también pudo leer a Cormac McCarthy mientras tarareaba la conga, y se convirtió en el invitado perfecto en los entierros pues siempre encontraba las palabras adecuadas que además podía decir en voz alta sin emocionarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió que, en ese remanso de paz y felicidad que era su existencia, un día de Nochebuena, un cliente apareció en su óptica apenas media hora antes de cerrar. Se le había roto las gafas y las necesitaba para poder cocinar para su familia esa misma noche. Juraba no poder distinguir los ingredientes del relleno de su pavo si no se le arreglaban las gafas. “¿Cómo distinguiré las almendras de los ajos sin mis gafas?” le suplicó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conmovido por los cien euros que pensaba cobrarle, por la urgencia y la festividad,  aceptó repararlas él mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se sabe si, quizás por la presión de tener que trabajar contra reloj puesto que él mismo tenía invitados en casa y no quería llegar tarde, o quizás por el libro de vampiros de Guillermo del Toro que estaba leyendo esos días, le comenzó a sangrar la nariz. Las casualidades son inexplicables, ya se sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero una gota,  dos segundos; dos gotas, un segundo; gota; gota; gota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que cortar la hemorragia, se quitó los zapatos porque en algún lugar había leído que andar descalzo sobre el suelo frío la cortaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gota, gota, gota, gota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó que ese remedio era para no marearse en el avión. Se volvió a calzar, se quitó las gafas inclinó la cabeza hacia atrás y sintió como tragaba sangre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tragaba, tragaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó la cabeza, goteaba, y por fin encontró un algodón en el segundo cajón de su escritorio. Se lo colocó en el orificio de la nariz haciendo tapón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paró de sangrar. Miró sus manos, a su alrededor, y le pareció ver que todo estaba manchado de una sangre más bien borrosa. Recordó que se había quitado las gafas, las buscó sobre la mesa, un poco a tientas, y se las colocó. Estaban manchadas de sangre, jolines qué racha, así que antes las enjuagó un poco bajo el grifo donde se enfriaban los cristales tras el corte, y se las volvió a poner.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería por las prisas (el cliente continuaba fuera esperando sus gafas) que no las lavó muy bien, de forma que todo el cristal quedó emborronado con un poco de sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Aquella leve película roja ante su mirada hizo el mismo efecto que el beso del príncipe en la Bella Durmiente: despertó en su interior aquel niño que veía rojo de ira contra la injusticia infligida a la niña que no llegó a conocer la lluvia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lloró, y el sabor de sus lágrimas no era salado, ¡qué va!, sabían a mango maduro, y aquello le hizo llorar aún más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tanto lloró, que el cliente que esperaba fuera, conmovido por su llanto, se asomó a la trastienda, y con el deseo de consolar a ese hombre tan triste le regaló un caramelo “Sugus” que llevaba en el bolsillo de su abrigo, de color azul y con sabor a piña, igual que los que le regalaba su abuelo siendo un niño: su favorito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquel niño crecido en un mundo monocolor tuvo un momento de vértigo mientras chupaba el caramelo blandito, porque todos sus recuerdos le traían a la mirada los distintos colores que no había sabido apreciar en su vida, tan normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó a su casa aquella noche sus ojos estaban tintados de muchos colores, como las luces de los árboles de Navidad.&lt;br /&gt;Se miró en el espejo y sonrió: “Nunca se tiene demasiada pasión” murmuró. Se puso una gafas de sol oscuras que le taparan bien los ojos y metió el pavo en el horno, esa noche cenaba con sus padres y recordaba perfectamente que el frasco que guardó su madre en su bolso de macramé naranja tenía dos píldoras con forma de media luna.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-7543330736634183278?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/7543330736634183278/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=7543330736634183278&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/7543330736634183278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/7543330736634183278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/01/otro-cuento-de-navidad.html' title='Otro cuento de Navidad'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sz-cE8WpF9I/AAAAAAAAAOU/wta_G7uu14o/s72-c/chica-con-lentes-retro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-5486438628570502372</id><published>2010-11-11T09:03:00.004+01:00</published><updated>2010-11-25T18:29:02.823+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Concursos'/><title type='text'>Mi primer muerto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S14NYwaR0WI/AAAAAAAAAOs/shLyQuDTl7I/s1600-h/gallina-blanca.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 292px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S14NYwaR0WI/AAAAAAAAAOs/shLyQuDTl7I/s320/gallina-blanca.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430792919618539874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte del tío Sirito fue la primera que me tocó gestionar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos tenemos un primer muerto y, no voy a negarlo, el mío fue un auténtico desastre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquel momento, los muertos me habían llegado correctamente tratados y elaborados por los adultos colocados sobre mí en la escala de autoridad familiar: siempre eran muertos perfectamente muertos; muertos vestidos para la ocasión; muertos con el siguiente domicilio contratado. Muertos de verdad, como los de toda la vida: tiesos como mojamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero justo cuando tío Sirito enfermó, papá y mamá (mis superiores en escalafón) estaban de viaje de bodas de plata y, tras largas deliberaciones familiares entre tía Águeda, que se había quedado a nuestro cuidado; Eduardo, mi hermano pequeño; y yo misma; decidimos no molestarles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cara: se les llama. Cruz: no se les llama. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruz.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad, tampoco parecía muy difícil encargarse de un muerto. Ni aquello tenía pinta de ir a ser una tragedia griega, porque el tío Siro, además de ser pelín antipático, ya había cumplido los ciento ocho años aquel primer día que no quiso levantarse de la cama, para morirse “De una puta vez”. Así lo dijo, en su literalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tía Águeda, su mujer, que lo más arriesgado que había hecho en su vida era cortar las puntas a las judías para el hervido, nada más oír que su marido no se quería levantar porque había decidido morir, salió disparada de casa gritando que había que conseguir una gallina blanca virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo con precisión meridiana ese momento. Me quedé perpleja a mitad de mojar la magdalena en el café con leche del desayuno, viendo cómo salía de casa, derrapando sobre la rueda derecha del tacatá. ¿Se había quedado así Proust con su magdalena? ¿Podían las gallinas, del color que fueran, ser vírgenes?¿ Desde cuando podía la tía correr a esa velocidad? ¿De dónde viene eso de ser más puta que las gallinas? ¿Entonces la mecedora, de la que no se levantaba nunca la tía, no la tenía implantada como Robocop su casco o los caracoles su cáscara?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como veis, todo aquello resultaba muy confuso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para colmo de males, a las tres horas, volvió a casa con una gallina blanca, colgando boca abajo del manillar derecho de su tacatá. A saber a quién se la había robado, porque el monedero no se lo había llevado en la estampida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al grito de “No os acerquéis que esto tiene muchos microbios, se os caerán los dientes, a ti los huevos, y tendréis lombrices carnívoras”, nos apartó, la colocó dentro de la pila del baño y, después de frotarla con la pastilla de jabón Lagarto, enjuagarla un par de veces y secarla con el difusor para rizos de mamá, la gallina parecía un pompón blanco y, desde luego, estaba al borde del colapso histérico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces la tía la puso dentro de una cazuela para arroz al horno (lo que no tranquilizó mucho a animal) y todos nos acercamos a su cabeza y miramos fijamente a su ojo redondo, en busca del rastro del pecado carnal. La gallina, dándose por muerta, se desmayó dentro de la olla, signo que tía Agueda interpretó de pureza y, por ende, virginidad. El animal había pasado la prueba. “Esta es la gallina que buscaba. Virgen como mamá, en paz descanse”, afirmó mientras se la metía por debajo del delantal, dejando sólo a la vista la cabeza blanca del pobre animal. “Mientras esta gallina tenga plumas el tío vivirá” dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano Eduardo pareció muy satisfecho con la seguridad de la tía y para celebrarlo se comió una tableta de chocolate con avellanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo lo consideré una tontería, ¿había dicho que su madre era virgen, verdad?, pero como soy muy práctica, y estaba dispuesta a todo con tal de hacer tiempo, también me callé, yo sin necesidad de chocolate. Quizás el tío no muriera inmediatamente y les diera tiempo de volver del viaje a papá y mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así quedó la cosa, cada uno a lo suyo, hasta que empezamos a pasar muy malas noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaba la noche,  nos metíamos en cama, y la gallina empezaba a cacarear como enloquecida. Más que una gallina sonaba como el gavilán de Heidi después de atizarle con un bate de béisbol. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, cuando salíamos de las habitaciones, veíamos a Tía Águeda con la gallina dentro del refajo sentada en su mecedora-cáscara. Haciendo como que le hablaba, y la gallina cada vez más desplumada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eduardo y yo llegamos a la conclusión de la viejita había enloquecido (¿de dolor?, ¿de barriga?, ¿de muelas? ) y estaba arrancándole ella misma las plumas a la gallina. ¿Quería tía Águeda matar a su marido? ¿Al tío?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que el tío Siro cada día estaba peor: él se quería morir, casi seguro que la tía quería cargárselo, y la gallina nos iba a matar a todos, de sueño o de una fatal alteración de nuestro metabolismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Así que Eduardo, que es un pelma y le encanta la pose de intelectual francés, decidió intervenir y aplicar el remedio del último libro que había leído: “Las intermitencias de la muerte”. Propuso llevar al tío al otro lado de la frontera para ver si así no se nos moría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bobo había oído decir que en el país vecino, siguiendo la idea del libro, el gobierno, puesto que se quedaba sin contribuyentes, había derogado, por decreto ley, la posibilidad de morirse. Eso hasta nuevo aviso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mira que le insistí en que aquello era una tontería, que la gente se muere igual aquí que en Singapur, pero una noche, ante los cacareos frenéticos de la gallina, Eduardo cogió al tío, lo metió, aún no sé cómo, en la cesta de su bicicleta y se lo llevó al otro lado de la frontera en plan E.T.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total treinta kilómetros de nada. Después de las heladas del invierno, treinta kilómetros, de baches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí llega el lío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Por casualidad esa noche me desperté con sed y, al ir a por un vaso de agua, descubrí a tía Águeda quitándole plumas a la gallina con unos alicates.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello era un esperpento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le quité el animal y, para protegerlo, decidí encerrarlo en la habitación de Eduardo, porque a mí me daba requeteasco aquel bicho. Así descubrí que Eduardo no estaba en casa. Ni él, ni el tío. Y de la misma forma que dos más dos son cuatro, y cuatro y cuatro ocho, enseguida até cabos y me imaginé que se habían ido al paso fronterizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui en su búsqueda. Cuando llegué, Eduardo ya estaba al otro lado con el tío Siro que, desfallecido por no haber dormido por los cacareos de la gallina durante la última semana, y descoyuntado por recorrer treinta kilómetros dentro de una cesta de bici, tuvo a bien mirar fijamente a los ojos de Eduardo, decirle alto y claro: “Imbécil”, y morirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello demostró dos cosas importantes: que el Decreto ley de no morirse de nuestros vecinos sólo les afectaba a ellos. Los inmigrantes, ilegales como nosotros, podían morir. Y que, o bien la gallina no era virgen, o lo de las plumas era una tontería, porque el tío había espichado y la gallina alguna pluma conservaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todo era un desmadre, decidí coger las riendas de la defunción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Volvimos a casa, al tío le pusimos el traje que mamá le había cosido para la última fiesta de Halloween, que era bastante elegante (porque aunque era de Frankenstein, con no ponerle los clavos en la cabeza ni dibujarle la cicatriz en la frente, daba el pego) y le incineramos. Era un jueves por la mañana a las once y media de la mañana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las gallinas del pueblo estuvieron cacareando esa mañana, creo yo que en su honor. Por despejar el bulo que amenazaba la supervivencia de su especie. Y por eso esparcimos las cenizas en la granja de Tío Doroteo, en el gallinero, para respetar ese especial vínculo tardío creado entre el tío y las gallinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo iba bien, y estaba controlado, hasta que a la hora de cenar se escuchó ruido en la cerradura de casa y luego la puerta cerrarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo debí imaginar cuando se escuchó fuera de casa todo tipo de cacareos, pero no supe qué ocurría (¿estaban de vuelta papá y mamá?) hasta que fue el mismísimo tío Siro el que apareció delante de nosotros, apoyado en su bastón, sonriente. “Al final ha sido una excelente idea que me llevarais a la frontera, el agua de ese maldito país tiene mucho hierro, me encuentro mucho mejor. Creo que me moriré en otro momento, quizás para después de la vendimia.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tía Águeda se santiguó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eduardo murmuró algo así como “¿Quién tiene razón ahora?” y se metió un pedazo de chocolate con almendras y envoltorio en la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y yo… yo aún no sé qué decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y no es que me importe poner en la mesa un plato de sopa caliente para el antes difunto y ahora resucitado tío Siro; o me moleste ver pasear a la gallina por el pasillo de casa, sobre todo ahora que le han salido plumones nuevos y, como nos conoce, está más cariñosa. Qué va. El problema es que no me quito de la cabeza una duda: si el tío Sirito no se ha muerto ¿a quién incineramos el otro día?&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-5486438628570502372?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/5486438628570502372/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=5486438628570502372&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5486438628570502372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5486438628570502372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/01/mi-primer-muerto.html' title='Mi primer muerto'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S14NYwaR0WI/AAAAAAAAAOs/shLyQuDTl7I/s72-c/gallina-blanca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-3030762196940414493</id><published>2010-10-30T18:28:00.002+02:00</published><updated>2010-10-30T18:34:20.559+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inexplicables'/><title type='text'>Por casualidad</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TMxHsqIIQ0I/AAAAAAAAASM/GBbSslTTC8k/s1600/trompetilla.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 225px; height: 165px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TMxHsqIIQ0I/AAAAAAAAASM/GBbSslTTC8k/s320/trompetilla.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533876874679698242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que vendo un par de audífonos me vienen a la cabeza los pelos verdes del moho de la penicilina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pasa incluso cuando vendo un solo audífono. Un desparejado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no es porque los tenga en mal estado (los audífonos, se entiende); sino por la casualidad. La misma que le pasó a Fleming con la penicilina, o bueno, así en plan más informal,  a Spiderman con la araña. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría decir que me ocurrió mientras leía a Chejov y escuchaba un CD de Chet Baker. Podría decirlo para parecer sensata, o trascendental. Para que me creyerais. Pero no. Me ocurrió mientras Shakira cantaba el Waka Waka y yo, siguiendo el ritmo futbolero con los hombros, hojeaba el Súper-Pop. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que también podía decir que me estaba tomando una infusión de rooibos africano, pero en realidad me estaba pimplando un carajillo en vaso grande y, entre el notición del Súper–Pop (y los cuernos intervampíricos), el “¡Esto es África!” y el tocadito de coñac, se me fue el asunto de las manos,  y en una pirueta de danza que se llama “ameba” (y lo sé porque, también, he de confesar que veo “Fama a bailar”) empapé de carajillo los audífonos que venían a recoger por la tarde, la CPU del ordenador, el flexo con la pegatina de la buena suerte de Bob Esponja, el Súper-Pop, la alfombra amarilla y la cortina.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un desastre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menos mal que resultó ser un desastre con solución (esto lo he aprendido de otros reconocidos vertidos, vamos, igual que pasó con el Prestige, y pasará con los vertidos de Hungría): detergente para la alfombra y palitos de algodón para la CPU y los audífonos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego el susto: porque me coloqué los audífonos para probar si funcionaban y nones. Que con aquello no se oía ni a un Airbus 350 aterrizando en la tienda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Buf! Y los recogían en una hora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, por si se había desconfigurado el software de los aparatos, los conecté al ordenador para probarlos, y ¡hala!, los pelos de la penicilina. Menudo chispazo me dio el ordenador al encenderlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan fuerte fue la descarga que me cargué el diferencial de la tienda, y me quedé sin luz. Y luego, encima,  vinieron a recoger los audífonos media hora antes, y como no sabía qué decir, y estaba agobiada, no sé, no supe reaccionar, y opté por la solución más sencilla: sonreí, empaqueté los audífonos, y cobré la factura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dije ni mú del vertido líquido alcohólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pienses que soy mala persona. Les repetí, hasta en tres ocasiones, que los audífonos tenían una garantía de dos años. Que ante cualquier problemita, volvieran. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se fueron, contentos.  Y yo me quedé, con el olor a coñac y la pegatina de Bob Esponja que se me había pegado en el codo de la manga derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo que sigue lo tengo que resumir, porque explicarlo sería tan tedioso como que Fleming nos razonara de una forma científica el asunto de la Penicilina. ¿No la venden en pastillas?, pues no hace falta que nos faciliten la fórmula química ¿no? Pues lo mismo (pero un poco más mundano, lo reconozco), en mi página de Facebook empezaron a entrarme mensajes con los pensamientos del caballero que me había comprado los audífonos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¿Qué cómo lo sé? Pues, desde que leí el primer mensaje, que recuerdo en su literalidad: “¡Uy! Qué raro, estos audífonos huelen a carajillo de Soberano”; hasta que lo descubrí, un día que recibí un mensaje que decía “No pasa de hoy que me ajusten el derecho” y al rato me apareció en la tienda el abuelito sonriente con el audífono de la oreja derecha sin pila; me costó bastantes días comprender qué ocurría. Días y días de ver cómo se colapsaba mi buzón de Facebook, una y otra vez (porque hay que ver el espacio que llena lo que pensamos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero al final lo entendí. Ya ves, estoy muy versada en cómics Marvel y me manejo bien con el transfondo científico que llevan inherente: la descarga eléctrica había interrelacionado los audífonos con mi ordenador, y eran como dos partes de una misma cosa. El audífono recogía lo que su portador pensaba, y lo “almacenaba” en mi ordenador. Para ser exactos en mi correo de Facebook.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Para cagarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no sólo me ocurrió con ese primer audífono, el del Waka Waka; cada vez que intentaba configurar un aparato con el programa del ordenador, hale, conexión establecida con mi correo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que imagínate el lío. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo que vendo un promedio de cinco pares de audífonos a la semana, me tuve que abrir sub-carpetas de correo separadas para cada uno de los compradores (por tenerlo todo un poco organizado me acostumbré a hacerles una foto a los clientes con la web-cam, con la excusa de un supuesto archivo de la clínica, y así les ponía cara a sus carpetas), ¡ah! y también tuve que pagar una ampliación de la capacidad de memoria del disco duro de mi ordenador. Pero salvo por el  lío del correo y el desembolso económico que me supuso la ampliación de memoria, a partir de ese momento, todo resultó súper fácil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coser y cantar ("tralará").&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Yo que tengo una tendencia natural a ser una “bien-quedada”, reconozco que saber lo que piensa la gente ayuda mucho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego que hay pensamientos que es mejor no conocer. Sobre todo los que se producen de diez de la noche a una de la mañana; pero también reconozco que hay momentos que te compensan. Por ejemplo, resulta precioso leer los pensamientos de la gente mientras se come una tarta tibia de manzana con canela o mientras coge un bebé recién nacido en brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, les cogí cariño a mis cliente-pensantes, e intenté hacerles la vida un poco más fácil. ¿No sirve la penicilina para curar a los enfermos? ¿No sirve Spiderman para ayudar a los ciudadanos? Pues eso, ¿No debía servir mi casualidad para un fin superior?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Cuando por sus pensamientos veía que se sentían solos, les enviaba citaciones para supuestas revisiones de sus audífonos y pasaba con ellos un ratito, charlando y tomando cafés. Cuando pensaba que estaban aburridos, les enviaba invitaciones para el Circo (no sabes lo sencillo que resulta conseguir invitaciones, para lo que sea, a través de Internet). Cuando estaban tristes, les mandaba por correo un aviso de que habían ganado un concurso sorpresa en el vecindario y les había tocado, yo qué sé, una colchoneta hinchable de camping, o una trompeta para animar en el fútbol… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, mi ordenador parecía el de una organización para-gubernamental de contrainteligencia y yo estaba agotada, de leer pensamientos, interpretarlos, e intentar atender a mis conectados. Algunos eran agradables, ya te digo; pero otros me costaba muchísimo entenderlos. Los había que pensaban en colores, según su estado de ánimo; los que a veces pensaban con escalas musicales; incluso tuve un caso que, cada dos por tres, entre sus pensamientos repetía sin ton ni son la serie de letras asdfg ñlkjh. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agotador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensaba tanto en ellos, que como dice la canción, me olvidé de mi. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no me iba a dormir a casa, no me hacía el tinte (por lo que casi parecía la bruja averías), mi novio (al que una noche, mientras dormía, le puse unos audífonos, para cotillear; no os podéis imaginar lo que leí que pensaba de Bob Esponja y los vampiros) me dejó, convencido de que le estaba siendo infiel… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en estas,  llegó la Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos eran muy felices, o estaban muy tristes. Aquello, que se me estaba yendo de las manos, a ojos vista, me iba a suponer mucho trabajo de coordinación social. Y de nuevo, me sentí desbordada; como el primer día, con la crisis del carajillo. Así que pensé: ¡qué diablos! Esto hay que solucionarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por reproducir la situación misteriosa del día en que todo empezó, busqué el Soberano para hacerme un carajillo, pero estaba vacía la botella, así que, por su similitud, cogí una botella de Agua del Carmen, le pegué un trago (directamente de la cabeza de la figurita con forma de virgen blanca) y me preparé un tocadito de café con Agua del Carmen, me puse en el I-Pod a Lady Gagá, y después de un par de piruetas, como quien no quiere el asunto, tiré todo el brebaje sobre la CPU del ordenador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé si es que las cosas, cuando no son naturales, que están preparadas, pierden efecto; o es que simplemente me tenía que pasar, igual que a Newton con la manzana, pero el caso es que, cuando yo pensaba que lo tenía todo resuelto, porque ya hacía un par de día que no recibía correos en mi Facebook, llegó uno de mis clientes a la tienda y me invitó a comer con su familia el día de Año Nuevo. Lo cierto es que se lo agradecí un montón, porque estaba sola y un poco abatida, de verdad.  Al rato llegó otro, con una botella de Gran Duque de Alba, y me la regaló. También lo agradecí muchísimo, prefiero el coñac de toda la vida al Agua del Carmen. Y cuando ya creía que era realmente afortunada, menuda racha de buena suerte tenía, y que mi vida volvía a su cauce natural, entró mi ex novio con un ramito de lirios amarillos y una pegatina nueva de Bob Esponja submarinista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Por qué me traes esto?”, le pregunté con cierto despecho.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces cayó la manzana, apareció el pelo verde del moho, y la arañita radioactiva: “Me pareció que lo necesitabas, por lo que entendí del correo que me mandaste a Facebook esta mañana. No me costó mucho saber que era tuyo, sólo tú puedes pensar en una pegatina de la esponja esa con hepatitis y patas, haciendo submarinismo”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-3030762196940414493?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/3030762196940414493/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=3030762196940414493&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/3030762196940414493'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/3030762196940414493'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/10/por-casualidad.html' title='Por casualidad'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TMxHsqIIQ0I/AAAAAAAAASM/GBbSslTTC8k/s72-c/trompetilla.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-5887753192463775826</id><published>2010-10-03T12:20:00.009+02:00</published><updated>2010-10-03T17:38:20.982+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inexplicables'/><title type='text'>Quitamanchas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TKhY-Ju7nnI/AAAAAAAAARs/v_oyV9cRB6c/s1600/ba%C3%B1era.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 257px; height: 196px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TKhY-Ju7nnI/AAAAAAAAARs/v_oyV9cRB6c/s320/ba%C3%B1era.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5523762767757811314" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es mi primera compra tras la vuelta de las vacaciones. Resulta aburrido y previsible: el supermercado sigue en su sitio (vaya, ningún tornado se lo ha llevado a otro barrio); por el olor que percibo al entrar, confirmo que Irene continúa limpiando la cinta de su caja registradora con el producto aceitoso, ese de cera de abejas, que luego pringa las manos, las bolsas y los maleteros de los coches; y los paquetes de seis melocotones, enfermos de ictericia o de lepra, siguen de oferta. Dos por uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo igual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suspiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy no me he molestado en hacer una lista. Es obvio: después de veintinueve días fuera de casa, me falta de todo. Por faltarme, me falta hasta el ánimo para escuchar, en menos de treinta minutos, “tropecientas” mil veces (me disculpo por usar este precioso número mágico en relación a lo que vomita la megafonía de un supermercado, pero lo siento, no se me ocurre otro número con más tragaderas), a la cajera siniestra, con voz de madrastra de la sirenita, informarnos de que tienen la trucha fresca de oferta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si te llevas dos truchas, pagas una. Y las dos sin tripas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como el holocausto caníbal: con unas tijeras extra grandes de acero inoxidable les abren la panza, les arrancan las tripas, y las meten en un cucurucho de papel apto para el consumo alimentario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me puedo resistir a los pucheritos que parecen hacerme las chicas de la sección de frutas y pescadería (las pobres, vestidas con sus uniformes verdes y naranjas; no me extraña su pena) y, al final, cojo dos paquetes de melocotones podridos y seis truchas zombies. Zombies, o que a medianoche se convertirán en zombies (el caso es que no lo tengo claro, y mientras les arrancan sus vísceras con guantes naranjas de fregar, intento recordar cuándo un infectado sin tripas se convierte en uno más de ellos. Lo hago para distraerme. ¿Les pasa como a los vampiros que si no clavan una estaca en su atacante durante la primera noche, al día siguiente se convierten? ¿Será la dependienta de la pescadería una zombie que ha infectado mis truchas? Eso pienso mientras me fijo en el ojo blanco de una de ellas y, por si las moscas, decido hacerlas al horno en el día). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las meto en el carro e intento olvidarlas. Soy un poco veleta y me dejo llevar por la rutina de los pasillos de conservas que me reglan una biodiversidad pacífica y ordenada: las tortitas mexicanas de maíz, codo con codo con la salsa barbacoa “made in USA”. Las latas de pimientos asados a la piedra, del País Vasco, pegaditas a las de callos. Botellas de champán francés junto al cava catalán…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compro, compro, compro y compro; y es en la sección de detergentes, cuando con el carro, que ya pesa unos veinte kilos y que además se empeña en escorarse a la izquierda, freno en seco (y quizás eso sea una exageración, porque mi capacidad de frenada en seco con semejante armatoste, es la misma que la de un buque mercante en pleno océano) pero bueno, más que menos, freno, y me quedo parada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy delante de unas minúsculas botellitas verdes, quitamanchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El eslogan que llevan impreso dice: “El mago quitamanchas”. Lo repito en voz alta, para creérmelo: “El mago quitamanchas”. Eso leo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso pone el nombre del mago, con letras doradas con relieve. Chico listo. Eso siempre da confianza. Porque vamos a ver, no es lo mismo que te opere de los juanetes un doctor, que el doctor Estévez. Ni que tus hijos vayan a una escuela de fútbol, que que vayan a la escuela de futbol de Cañete. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo leo de nuevo, esta vez, con las gafas que me pusieron de castigo por cumplir los cuarenta. (vista cansada, vista cansada, “ñiñiñi, ñiñiñi”… ¿Alguien puede creer que lo único que tengo cansado y necesita una prótesis para funcionar, a los cuarenta,  son los ojos?) En fin, como decía, me las pongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un apellido, no un nombre; estoy casi segura. Los nombres no suelen ser tan largos como este que soy incapaz de pronunciar, aunque, la verdad, es que en menos de dos segundos me vienen a la cabeza un par de nombre largos : Gumersinda y “Maríadelasmerceditas”.  Dudo , ya ves, como si tuviera importancia que el Mago quitamanchas se identificara por su nombre o su apellido, pero así soy, me complico con cosas tontas, y mi intuición (esa intuición que creía averiada desde que te fuiste de casa sin que yo me hubiera dado cuenta de lo deteriorada que estaba nuestra relación, como muy bien tú me hiciste ver; o sin que me diera cuenta de las tetas talla 120 que se había puesto tu compañera de despacho, como muy bien me hizo ver mi madre), bueno, pues mi intuición, que después de mucha infusión con rabo de gato parece espabilar, me dice que es un apellido; uno de esos apellidos imposibles  que, para escribirlos bien, siempre tengo que consultar en Google. Tipo Schwarzenegger, Giscar D’Estaing o Tchaikovsky. Ya sabes, de esos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fío del señor del apellido complicado, y de su magia. Las botellitas verdes me parecen contener el elixir de la sanación.  Ya no pienso en las truchas zombies, de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay decenas de modelos y cada uno sirve para un tipo de manchas en concreto. Manchas de óxido y de carmín; de chicle y desodorante; de bolígrafo y grasa de motocicleta. Siempre para dos tipos de manchas diferentes. Siempre son binomios extraños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elijo con mano temblorosa, por la emoción (claro está), el botellín que está indicado para limpiar manchas de excremento y de fresas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leo detenidamente la etiqueta posterior informativa y no veo que concrete para qué tipo de excrementos está indicado. Deduzco que quitará las manchas de mierda humana y de elefante. Incluso de ardilla. Si no fuera así, sería publicidad engañosa ¿no? y, al señor del apellido con exceso de consonantes, le podrían buscar las cosquillas los de consumo, o incluso mi vecina del quinto si lo llegara a comprar… Y menudo carácter tiene, igual le podría atizar un gancho de derecha, como al que vino a pintar el patio de luces de la finca y no pudo quitar las manchas de humedad…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Interesante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con lo que limpias la caca, limpias el lamparón que te haces comiendo la copa de fresas con nata, el domingo, después de la paella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, sí, interesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El precio es exagerado para los diez mililitros que tiene cada botellita y, aun así, meto en el carro todas las que hay en el estante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dieciocho en total. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A tres euros con ochenta y nueve céntimos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Setenta euros con dos céntimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hago cálculos, que seguramente serán erróneos porque con las divisiones de cinco dígitos siempre me lío, pero los hago: con las dieciocho botellas, a razón de dos gotas diarias, tengo hasta las vacaciones del año que viene. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me convenzo.Lo considero una ganga, y me alejo silbando al compás de la bachata dulce de Enrique Iglesias que han puesto en la megafonía para darle ritmo al eviscerado de truchas. Tripas fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta inevitable y, cuando me acerco a las cajas a pagar, me toca la de Irene (claro, todo el mundo la evita). Aunque no me dice nada, veo en sus ojos (que ahora sí que me recuerdan los de mis truchas, pero con olor a cera de abeja) la sospecha de mi locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Se te ha manchado algún mantel de fresa? Ya le debes de tener aprecio, porque va a costarte más el quitamanchas que el mantel… –, me dice con cara de abeja madre suspicaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– No es para un mantel –, le contesto mientras meto todas las botellas en la misma bolsa, a la que le hago un doble nudo y a continuación, aguantando su mirada y tal como diría mi abuela, hago “mutis por el foro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pago. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no me entretengo más; ni protesto por el aceite con olor a cera de abeja que pringa todas mis bolsas; ni me molesta que me hayan marcado otra vez el lateral del coche al darme un portazo con otro coche en el aparcamiento; ni discuto con el que se ha saltado el ceda al paso y además me insulta; ni me importa que las bolsa de las truchas parezca tener movimiento… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo pienso en llegar lo antes posible a casa, llenar la bañera, y echar dos gotitas de mi maravilloso quitamanchas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igual que Cleopatra se bañaba en leche de burra para estar bella; o la modelo australiana, esa rubia que abre los desfiles de Dior, se unta de vaselina toda la cara para estar radiante; yo quiero probar a ver, si quitándome toda las manchas de mierda (perdón por ser poco fina, digamos: ¿heces? ¿mejor así?) que llevo encima, me encuentro mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También he sopesado la posibilidad de echar las dos gotitas en el café de la mañana, antes de irme a trabajar, pero me da miedo la composición química y, estarás conmigo en que, con los tiempos de crisis que corren, no me puedo arriesgar a que me hagan un análisis sorpresa de dopaje en el trabajo, y de positivo (¿qué puede haber más peligroso en el trabajo que una persona dopada contra los excrementos?  Eso debe ser como tener una mapache rabioso en la oficina…) Vaya, como para que me despidan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Las manchas de fresa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso sí que es un secreto: el helado de fresas es mi favorito y, por fin, podré comerlo a lametazos, mientras veo películas de amor, sin miedo a babear de felicidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-5887753192463775826?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/5887753192463775826/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=5887753192463775826&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5887753192463775826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5887753192463775826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/10/quitamanchas.html' title='Quitamanchas'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TKhY-Ju7nnI/AAAAAAAAARs/v_oyV9cRB6c/s72-c/ba%C3%B1era.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-1710106672677070148</id><published>2010-07-25T12:18:00.015+02:00</published><updated>2010-09-09T19:37:21.255+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>La piedra.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TEwXjZhalOI/AAAAAAAAARU/-FVdyLe0Bpk/s1600/Piedra+05.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 251px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TEwXjZhalOI/AAAAAAAAARU/-FVdyLe0Bpk/s320/Piedra+05.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497795142026433762" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaia, con i, es una mujer camión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus vecinos y amigos la conocen por su potencia y por su capacidad de carga. Tal como sostendría el anuncio de cualquier marca de esa clase de vehículos: es fuerte, segura y fiable. Yo diría que es más bien un camión tipo Volvo: en ella prima la seguridad sobre todas sus demás prestaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene un buen trabajo (de los de sólo mediodía, pero sueldo completo), en el negociado de cultura del Ayuntamiento, y se dedica, con devoción mariana, a restaurar retablos de vírgenes. Culos, mofletes, antebrazos, labios, lorzas, abdómenes… estropeados por el tiempo. “¡Qué pena!”, suspira, mientras tensa sobre un retablo un glúteo cuarteado . &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No se muerde las uñas desde que leyó en el colegio, las reflexiones al respecto de D. Quijote a Sancho Panza; ni mucho menos fuma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre que alguien le pregunta su nombre, toma la precaución de aclarar su ortografía: “Amaia, con i latina. Griega no. Latina, por favor”. Está convencida de que así evita un sinfín de futuros problemas “de índole administrativa”. Así los llama, y sonríe, y deja a la vista sus braquets hipoalergénicos.. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, desde luego, tiene contratados seguros para cubrir cualquier tipo de contingencia  que su concienzuda imaginación para lo catastrófico puede prever: dos seguros de vida (uno de los cuales cubre el riesgo de muerte consecuencia de desprendimientos fortuitos de meteoritos al entrar en la órbita terrestre); cinco seguros de accidentes, a los que ella, con ternura, llama “mis búhos”, por el acrónimo que formaban las iniciales de los riesgos que cubren: de buceo, ultraligero, hípica, frente a escapes de ozono, y saltos de trampolín. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la joya de la corona: uno especial por defunción. Para pagar su ataúd de madera de peral blanco y dos coronas, una de rosas rojas y otra de violetas africanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaia, con i, ha alcanzado tal grado de perfección en el control de su vida que ha conseguido determinar qué hora exacta es la adecuada (desde un punto de vista que respete sus biorritmos) para levantarse por las mañanas. Eso, además, le permite programar la alarma de su móvil para que todos los días de la semana, incluidos los sábados y domingos, le despierte a esa misma hora (las siete y cuatro minutos), Beethoven con su “Para Elisa” . &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos detalles de simplificación le hacen feliz, como cuando en los cuentos de hadas comen perdices. Saber el color y el olor de las flores de su entierro; el no tener que cambiar la alarma del móvil, ni tener que pensar si es fin de semana o no; no preocuparse por si un pirómano quema su coche o una jauría de ardillas rabiosas ataca su casa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así es Amaia con i, todo seguridad, hasta que un día encuentra una piedra y todo cambia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una piedra. Ya ves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el sentido literal: una piedra. Del tamaño del puño de un niño de unos tres años. Con forma de lengua de perro, creo que de Setter inglés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está desgastada, como las piedras de la playa y alguien se ha entretenido pintarrajeando con lápices de colores su parte superior e inferior. El canto, romo,  continúa siendo blanco. Casi todas las rayas son verdes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaia, con i,  detesta las piedras. Desde niña tiene una pesadilla recurrente, en la que pisa una piedra curvada con los pies descalzos.  En el sueño siempre está en la playa y lleva los pies llenos de arena.  Cric, cric. El tacto de la arena, la piedra y su piel resulta insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la piedra blanca, suave y emborronada de lápices de colores parece, a simple vista, diferente. Y también se lo parece cuando la toca, con suavidad y ojos cerrados, con la yema de sus dedos índices y anular. Y le parece extremadamente liviana cuando la mete en su bolso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y desde entonces, Amaia está de excelente humor, y sus ojos, a pesar de ser castaños, le brillan de una forma especial (como el ámbar de los pendientes que se pone), y las vírgenes que restaura estos días parecen ruborizarse ante ella, y silba “Singing in the rain” aunque es agosto.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo por la piedra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaia, con i, siente que la piedra le ha dado los gramos extra que necesitaba para tener bien pegados los pies al suelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Últimamente andaba un poco estancada, quizás distraída: no contrataba seguros para cubrir nuevos riesgos, no se tomaba las pulsaciones al volver a casa después del trabajo, no buscaba óxidos en sus cañerías que pudieran contaminar el agua… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que tiene la piedra no tiene la pesadilla de los pies llenos de arena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que tiene la piedra parece entender los caminos de la vida siguiendo las rayas verdes de cera infantil. Es como leer las líneas de las palmas de las manos pero en una piedra. “¿Viviré muchos años?” y Amaia con i escoge al azar el extremo de una de las rayas verdes y la sigue con la mirada, o con la punta del dedo, y cuanto más dura el camino, sin encontrar el final, más vivirá. Y sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora de nuevo todo ha vuelto a su cauce: pone la piedra blanca a calentar al sol y, al rato, se la lleva a la mejilla,  y así se relaja, y piensa en sus cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es fuente de su inspiración. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que Amaia, con i, se aficiona a recoger todas las piedras que se va encontrando. Y, aunque en ninguna encuentra tanta dulzura y tibieza como en la primera, todas acababan en su bolso. Por si acaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una piedra roja que se encuentra en el bosque y que parece procurarle buena suerte (ese día  Amaia, con i, recibe una partida extra de vírgenes marchitas que rejuvenecer, y ella se entusiasma); una piedra vulgar, de las de cantera, que piensa le da fortaleza (desde que la lleva ya no llora en las discusiones con su madre); una piedra negra para dormir por las noches; una rosa para que las flores del jardín no se marchiten…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ocurre que cuando su bolso ya pesa aproximadamente unos siete kilos, se ponen de moda los gatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¿Estás solo? Cómprate un gato” Eso dicen en la tele, y muestran decenas de caras felices abrazando gatos de muchos colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y los amigos, que están preocupados por la manía que le ha entrado a Amaia, con i,  por recoger piedras, y cargar con ellas a todas partes, le compran un gato. Le ponen con rotulador permanente el nombre de “Pancho” en una correa de hilo, con los colores de la bandera jamaicana  y se lo regalan para su cumpleaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaia, con i, abre la caja que encierra el gato y abre aún más los ojos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos ojos verdes la miran. Ella retrocede como si hubiera tocado la piel húmeda de un sapo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un gato es fuente de microbios, y genera una brecha de incertidumbre en su adorada monotonía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con fuerza, sostiene la piedra blanca dentro de su puño (ojalá pudiera consultar en sus rayas de sabiduría cuánto tiempo tendrá al gato), sonríe a sus amigos, sin poder explicarse en qué estaban pensando,  y decide asegurar al animal y a los daños que pudiera causar a terceros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La chica de la correduría de seguros le atiende por teléfono, sin necesidad de desplazarse. “Amaia con i, ¿verdad?” pregunta sin esperar respuesta,  y le dice que lo que necesita se llama seguro de responsabilidad civil. Amaia asiente al otro lado del teléfono, y mete al gato en su bolso, con los siete kilos de piedras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo va a dejar solo en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es peligroso. Y además le da pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gato es feliz en el bolso. Tanta piedra que hay dentro, le recuerda el arenero de la tienda donde vivía hasta que esa gente rara le metió en la caja, y puede hacer pis, o lo que requiera su organismo, en él. Sin necesidad de tener que acordarse de ir a ningún sitio especial que funcione como retrete gatuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A Amaia, con i, esa costumbre de Pancho le irrita, y todas las tardes se pasa horas enjuagando sus piedras que huelen a meado de gato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pancho no se deja duchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lavar todas las piedras de noche, y frotarlas con un cepillito de dientes, es cansado si se hace a diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se ve que, de tanto abrir y cerrar el grifo para enjuagar sus piedras sin malgastar agua, el grifo se estropea. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche suena un “clinc”, pausa, “clinc”, pausa, de una gota de agua que cae. Y lo que parece tan fácil de arreglar se vuelve una locura porque de día el grifo está mudo, y sólo de noche se oye “clinc”, pausa, un, dos, “clinc”, pausa, un dos, “clinc”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaia con i, prueba a concentrarse y busca la solución apoyada en su piedra blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busca la fuga, metiéndose en el bolsillo todas las piedras azules, como el agua del océano, que ha encontrado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenta acabar con el ruido colgándole al gato una piedra transparente, como una gota de agua de manantial, de su collar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que Amaia con i nos llama. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy fontanero, de compañía de seguros. La empresa para la que trabajo se especializa en seguros absurdos: como asegurar la casa frente a invasiones de mariposas asiáticas, o emanaciones de canela en flor. De normal tengo poco trabajo, así que cuando me llama “Amaia, con i latina”, eso me dice, le digo que tardo diez minutos en llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llego y me la encuentro con un bolso colgando del hombro izquierdo del que sale la cabeza de un gato pelirrojo. El bolso parece muy pesado, me parece a punto de desfondarse. El gato me recuerda a Garfield. Hay piedras por todas partes. De hecho, en vez de ofrecerme un café o un vaso de agua me ofrece una piedra. Verde. Dice que hace juego con mi uniforme. Yo la cojo y me la guardo en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso que está loca. También pienso que es normal encontrarme con clientes locos, quién va a contratar seguros como los de mi empresa… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, al rato,  también me vuelvo loco buscando la gota. Mi trabajo es así: a veces, arreglar una tontería te lleva una semana. Un compañero mío, una vez, se paso diez meses buscando una carpa naranja por las cañerías de un castillo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella parece cansada, se cambia el bolso de hombro cada dos por tres. Mientras busco la fuga le llaman al móvil siete veces. Por lo que oigo es una de esas personas a las que todo el mundo le pide cosas. Ella no dice no. Yo, al menos, no lo he oído. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo pensar en ese momento que no tiene el don de la asertividad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No soy cotilla, pero es que estando los dos solos, yo buscando una gota de agua tumbado bajo una pila y ella mirándome, a treinta centímetros, es inevitable oír las conversaciones. El viernes le preparará una tarta de queso a su suegra. De jengibre ecológico. El domingo ayudará a una tal Dorita a pintar el salón de su casa de color pistacho. El lunes hará turno doble para sustituir a su compañera de la tarde que tiene dentista. No entiendo bien algo de un culo agrietado de virgen, no sé.  El martes cuidará por la noche a su sobrino mientras su hermana va al cine…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como el asunto va para largo, y ella ahora me da un poco de pena, le sugiero que pida comida china y así cenamos. Le prometo que le arreglo la fuga antes de irme. Que no volverá a pasar una mala noche por el clinc, clinc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedimos el chino: arroz al curry, dos rollitos, ternera con champiñones, langostinos fritos con sésamo. Nos reglan un bote de lichis y dos pastelitos de la fortuna. Y una lata de cerveza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cerveza para mí, la fortuna para ella. Eso le digo y ella me mira como si lo creyera. "Es broma", le digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaia, con i, antes de empezar a cenar, abre su pastelito de la fortuna y desdobla el papelito de dentro. Lee en voz alta: “Suelta lastre y volarás”. Me mira y se mete el pastelito en la boca. Aún me parece cansada. Deja caer el bolso, que hace ruido como de muerto desplomándose escaleras abajo, el gato sale de estampida, y ella, de repente, parece flotar. Perdón, no lo parece: flota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento se me ocurre atarla con el cordel de una cortina, no se vaya a volar como los globos de feria rellenos de helio… pero parece tan feliz a cinco dedos del suelo que la dejo ir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De hecho, le abro la puerta principal y la veo alejarse, ligera, feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena su móvil. Descuelgo. Digo que soy el fontanero. Es Pepa, que ni se da cuenta de que Amaia, con i, no ha descolgado el teléfono. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiere que Amaia le arregle el bajo de un pantalón que se ha comprado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientra Pepa parlotea sobre lo injusto del tallaje de los pantalones en el mercado español, veo que Amaia, con i, revolotea dando palmas, por el jardín del vecino. Miro el teléfono, y sin molestarme, tan siquiera, en imitar voz de chica, le digo a la tal Pepa: “No”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuelgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo en el informe del atestado de la compañía, "solucionado", y me marcho de la casa silbando un pasodoble. Siento que hoy ha sido un buen día. Y es que como decía antes, a veces, un problema diminuto requiere mucho tiempo para su solución; pero del mismo modo, en ocasiones, un gran problema se resuelve con un sencillo gesto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-1710106672677070148?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/1710106672677070148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=1710106672677070148&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1710106672677070148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1710106672677070148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/07/la-piedra.html' title='La piedra.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TEwXjZhalOI/AAAAAAAAARU/-FVdyLe0Bpk/s72-c/Piedra+05.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-2055072932677252869</id><published>2010-06-13T09:31:00.006+02:00</published><updated>2010-07-25T12:53:51.781+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Canicas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TBSJ8IMlWdI/AAAAAAAAAP0/swSNPr7fWno/s1600/marble.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 241px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TBSJ8IMlWdI/AAAAAAAAAP0/swSNPr7fWno/s320/marble.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5482158312502155730" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer de los calcetines a rayas tipo Pipi Langstrumpf y chubasquero rosa con olor a fresa ácida se subió al teleférico. Sus pisadas sobre la placa metálica del suelo resonaban como en una película de miedo. Llovía y en consecuencia estaba sola: todas las cabinas tenían goteras y la gente sensata prefería, en esa clase de días, coger el autobús que, desde luego, resultaba una alternativa mucho más seca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vista desde lejos tenía un aspecto raro, entre triste y vagabundo, y más bien parecía Wally sin otros personajes con los que mezclarse; y precisamente eso es lo que le pasa a Wally cuando está solo: que sólo se ve a Wally.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Además, para mayor rareza, llevaba entre las manos un tarro de cristal transparente, con capacidad aproximada para dos litros de helado de chocolate,  pero lleno de canicas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo tenía tan pegado al cuerpo que las canicas vibraban al compás de sus pulmones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el teleférico la hacía volar a trescientos metros sobre el asfalto, como una bruja sin escoba,  apoyó la mejilla sobre el cristal y cerró los ojos para no marearse .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Para los que piensan que no se puede adivinar el futuro: treinta años antes, en la ceremonia de entrega del premio extraordinario de uno de sus cursos de posgrado, su padre ya previó que eso, exactamente eso, le iba a pasar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre tuvo una triple revelación: supo que su hija sería la primera en cuatro generaciones en no dedicarse al negocio familiar de las canicas; supo que había hecho bien en seguir el consejo de su suegra y ponerle a la niña el nombre de Violeta, “un nombre dulce para una mujer fuerte”; y supo que su hija, a pesar de ser muy lista —que lo era—, a pesar de su master en dirección y administración de empresas, a pesar de su posgrado en rescate de activos en crisis, y a pesar de su doctorado en optimización del desgaste del capital humano en toma de decisiones estratégicas, supo que, ella, también se equivocaría, como todo el mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero, como él era solo un soplador de vidrio y, en comparación con su hija, no es que hubiera estudiado mucho, nunca le dijo nada y la dejó hacer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Violeta, en efecto, no se dedicó al negocio familiar de las canicas, que no era más que una pequeña planta industrial con horno para vidrio, que a pesar de haber nacido a las afueras de la ciudad, ésta, dando muestras de un extraordinario apetito urbanístico, había acabado engullendo; y donde cinco operarios y su padre, protegidos con mandiles de cuero de vaca, fabricaban canicas artesanales, bajo estricto pedido, por el sistema de soplado y pulido manual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya su tatarabuelo patentó el entonces novedoso sistema de fabricación del que aún eran propietarios en exclusiva, y que les permitía insertar en el corazón de la canica una micro-cápsula transparente, resistente al calor, que se sellaba al ser cubierta por el vidrio fundido, y que permitía colocar en el interior de la bola, en lugar de los vulgares filamentos ondulantes de colores, aquello que el jugador quisiera para el corazón de su canica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el mismo sistema que caramelos Kojac utilizaría años después con sus chupa-chups: un corazón de chicle cubierto de caramelo. Pero en canicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que les fuera mal el negocio, todos los jugadores de canicas del campeonato mundial les hacían sus pedidos personalizados (la gente rara pide cosas raras; es lo único normal que hacen); pero Violeta, con las noches en vela que había pasado estudiando y los dientes amarillos que se le habían quedado de beber litros de café, pensó que merecía algo mejor que quemarse las manos a diario y dilatarse los poros de la cara por soplar en un tubo de metal como Pepepótamo. Y aunque notaba cierta desilusión en su familia, sobre todo en su padre, apuntó alto. Pronto la contrataron en una consultora con nombre de queso holandés. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es difícil trabajar ochenta horas a la semana, eso en principio sólo pasa en los países anglosajones y, a veces, sólo en sus películas, en las que todo el mundo está muy estresado y  va corriendo de un lado para otro, como hacían los hermanos Marx en sus películas, aunque aquí sin ninguna gracia. Pero Violeta fue a parar a la única consultora estadounidense (ojalá hubieran sido holandeses, vaya con el nombre) que sí, —no se puede negar—, entregaba a todos sus asociados un Jaguar XF, una tarjeta American Express Gold, y un pase VIP para el Real Madrid (de fútbol, se entiende, puesto que se requiere para el glamour); pero exigía de ellos al menos setenta y cinco horas de trabajo a la semana. Y con esa cifra, los otros números no cuadran, y hay que aprender a  renunciar primero a los sábados, y luego a los domingos, y a los puentes, y a las vacaciones y así,  al final, a todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, hay que decir una cosa en descargo de Violeta: la idea de las canicas rellenas se la dio su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Eso es seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando su hermana pequeña Candela se casó, Violeta estaba tramitando un ERE complicado en Santiago de Compostela, con el acuerdo con los sindicatos a punto de caramelo, y no pudo acudir a la ceremonia (ni al banquete, claro). Su padre, al día siguiente, le mandó por mensajero, como un mimito para que no estuviera triste, el regalo que habían hecho a todos los invitados: una canica extra-grande, de las de 24 gramos, perfectamente pulida, transparente, con una micro-foto de los novios en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa, luego, sería la primera canica que Violeta guardó en el tarro de helado que se zampó ella sola, a cucharadas soperas, esa noche en el hotel de Santiago de Compostela, mientras lloraba mirando las caras sonrientes de su hermana y su cuñado en el interior de la canica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese día, y con la colaboración de su padre, que le enviaba dos veces al mes micro-cápsulas para que ella las rellenara con lo que quisiera, y que luego él le devolvía insertadas en una canica, empezó a atesorar canicas rellenas de vida no vivida. &lt;br /&gt;Y así fue dejando en su tarro de cristal canicas rellenas de las cosas más variopintas: una canica rellena de turrón blando de Jijona (por cuando dejó de ir a la cena de Nochebuena); otra canica rellena de huevos de insectos (por cuando su hermano Andrés defendió su tesina, en la que demostraba que todos los seres humanos acaban ingiriendo a lo largo de su vida unos cincuenta mil huevos de insectos depositados en alimentos y utensilios de cocina varios); otra canica con un mechoncito de pelo de la abuela Jacinta (tampoco pudo ir a su entierro); una canica rellena de arroz con azafrán en hilo (por cuando dejó de ir a comer los domingos, la paella), otra  rellena de  una astilla de marfil blanco (mamá dio el recital de piano en el Palau ¡entre semana! , imposible ir….), una extra grande rellena de arena de Formentera (por cuando a papá y mamá se les ocurrió celebrar las bodas de plata en la isla hippie); otra rellena de babas (por cuando a papá le mordió el hámster del vecino y pensaron que tenía la rabia)…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas canicas representaban bombas de oxigeno para la moral de Violeta que se conformaba con ver dentro de la bola de cristal un dientecito de leche, en vez de ver la boca mellada de su sobrina. Siempre pensó que en el futuro ya tendría tiempo de descansar, ya se resarciría. ¿No dicen que hay más días que longanizas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando Violeta tenía su tarro casi lleno, ocurrió algo inesperado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Todos asistimos a hechos que suponen un antes y un después en nuestra vida; un hito o quizás una sima. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Violeta cruzó esa línea un día a las seis de la mañana en la ducha, antes de ir a trabajar: su primera cana púbica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como si aquel vello blanco, inesperado e incomprensible, la devolviera al planeta Tierra después de treinta años vertiginosos y, por contra, de hibernación, se miró al espejo y encontró a una desconocida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podía haberla arrancado, o tintado (como hacía con las canas de su cabeza), incluso podía haberla metido en una micro-cápsula para hacer una canica, pero aquel pequeño y rizado pelo blanco le gritaba una verdad incontestable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llovía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hacía frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se puso unos leotardos que debió de haber comprado treinta años atrás, y el chubasquero que le mandó Candela, por su cumpleaños, no recordaba cuándo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lanzó la Blackberry al retrete, por si llamaban de la oficina, y además tiró de la cadena para certificar su defunción.  Como necesitaba estar sola, cogió el teleférico que está vacío los días de lluvia (por las goteras) y se dejó subir con los ojos cerrados para no marearse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En la parada de cortesía turística que hacía el teleférico, en el punto más alto, Violeta abrió los ojos y sacó una canica del tarro que llevaba pegado al cuerpo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La miró, en el interior había una especie de líquido marrón. Lo identificó sin problema, como hace mamá cerda que distingue a cada uno de sus doce puerquitos a golpe de hocico, aunque todos sean iguales. Era la canica rellena de bombón inglés, “After Eight”, que le mandó papá cuando ella no pudo ir al estreno de “Aspects of Love”, en Londres. Lo recordó. Es decir, recordó que no lo podía recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro del teleférico llovía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se metió la canica en la boca y empezó a chuparla como un caramelo. A un lado de la boca. Luego al otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Desde luego aquello no sabía a After Eight. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue, en ese momento, cuando supo, a pesar de lo lista que era, cuánto se había equivocado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-2055072932677252869?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/2055072932677252869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=2055072932677252869&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2055072932677252869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2055072932677252869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/06/canicas.html' title='Canicas'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/TBSJ8IMlWdI/AAAAAAAAAP0/swSNPr7fWno/s72-c/marble.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-5370785435186824783</id><published>2010-05-13T19:23:00.013+02:00</published><updated>2010-05-13T21:31:15.885+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Risas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S-w2xvpj0lI/AAAAAAAAAPc/xIQdPuXYW0A/s1600/Escena_de_la_pel_cula_documental_En_el_mundo_a_cada_rato.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 235px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S-w2xvpj0lI/AAAAAAAAAPc/xIQdPuXYW0A/s320/Escena_de_la_pel_cula_documental_En_el_mundo_a_cada_rato.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5470807875580580434" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los humanos vivimos en la inopia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto pensar y calentarnos la cabeza; y la crisis, ¡ay, la crisis!, que está en todas partes, hasta en el bocadillo de pan aceite y sal; y sus soluciones; y la  I+D; y ya puestos,  la revolución cultural; y los Rollings, que digo yo que alguna culpa tendrán;  la Champions League y los mundiales; los escándalos y cotilleos; la bolsa y el IBEX, arriba y abajo, como el Dragon Khan; y los gritos, la gente gritando en la calle, en la tele, en el médico, en la gasolinera, en el súper… Siempre tenemos tanto lío que, cuando ocurre algo importante, y me refiero a algo gordo de verdad, no nos damos ni cuenta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tiene que venir, pasado el tiempo, alguien al que,  por cierto, lo primero que le decimos es que es un tarado, para preguntarnos algo así como “¿Cuándo fue la última vez que llovió?” y, a partir de ahí: el caos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos costó ciento setenta y tres días de inopia, y una manifestación de agricultores de Calanda que veían como sus melocotoneros se secaban después de años de estoica sequía,  el darnos cuenta de que no recordábamos cuándo fue el último día en que había llovido. Ni tan siquiera mucho; algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tanto nos costó que, si no llegamos a tirar de Internet, casi ni lo averiguamos. Fue el doce de febrero. Ese fue el último día que el cielo nos echó agua por encima, supongo que con la intención de que nos crecieran las neuronas; pero ni por esas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total que, ciento setenta y tres días después, todo el mundo se puso a hacer memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se convirtió en un lugar común, ¿dónde estuviste el doce de febrero? o ¿dónde estuviste el último día que llovió? Todo el mundo intentaba recordar lo que había o no había hecho ese día, igual que antes nos había ocurrido con el ¿qué hacías el 11 de septiembre? o ¿dónde estabas el 23 de febrero? Igual, sólo que ahora nadie sabía lo que había estado haciendo ese día en que llovió por última vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, después de mucho murmurar e intentar atar cabos, cuando el agua embotellada empezó a escasear y la planta embotelladora de Coca-Cola se quedaba sin materia prima para su concentrado de cola; nuestras cabecitas, ante el peligro, se pusieron a funcionar, y alguien dijo con tono de pregunta: “Ese día fue el que se inauguró el telescopio de la ermita ¿nooooo?” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hala, dos más dos, cuatro: el del telescopio, culpable de que ya no llueva. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manolo, el del telescopio. Ver para creer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Yo que a Manolo le tengo afecto, ahora, me arrepiento de haberle puesto el mote del astrónomo torero, porque a la gente le gusta culpabilizar y esstigmatizar a los diferentes y, en realidad, estoy seguro de que no ha tenido nada que ver con el cierre del grifo celestial, pero ve tú y convence a las hordas de ciudadanos que le señalan con su dedo índice, el acusador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Si es un buenazo! Cuando se jubiló, hace tres años,  y se volvió al pueblo después de haber estado trabajando en Houston, para la NASA; se empeñó en construir un telescopio tan grande que le permitiera, y aquí voy a reproducir de forma textual sus palabras, porque son muy románticas, “contemplar el origen de la humanidad antes de ver extinguida la propia existencia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un romántico así, hace llorar al cielo, no lo seca. Estoy seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él siempre ha sostenido ( aunque yo creo que esta teoría suya se debe más al desgaste mental propio de la edad y al haber tenido que usar mucho el cerebro en etapas anteriores, que a evidencias objetivas) que la NASA no ha querido nunca construir el telescopio que permitiera ver “tan lejos” que se viera el origen del hombre, por no dejar de percibir fondos del Vaticano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es algo complicado ( las dos cosas: lo de ver lejos y contemplar el origen del hombre; y también la vinculación Vaticano-NASA), y yo mismo, a fecha de hoy, no lo entiendo apenas; pero él, que lo ha tenido siempre súper claro, no descansó hasta ver construido su telescopio, ahí, en lo alto del monte, junto a la ermita de San Roque.  Y ya es casualidad que el día que se inauguró el chiringuito astronómico del pueblo  fuera el doce de febrero… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mierda de las casualidades. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo a Manolo, mi astrónomo torero, lo conocí porque fui a pedirle consejo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía, por el runrún de la gente, que había trabajado en la NASA, por lo que me pareció la persona ideal para que me ayudara en un proyecto que tenía a medio cocinar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, parecía asequible a la gente normal (si es que yo puedo ser considerado como tal), porque el hecho de que siempre llevara puesta, incluso para ir a los entierros, una montera de torero, le hacía bajar del Olimpo de los dioses-científicos y aproximarse al estadio de locura más extendido por este infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo llevaba un tiempo recogiendo llantas de coches, creo que son más bien tapa-cubos, pero no estoy seguro de cómo llamarlos, de esos que se les salen de las ruedas yendo en marcha por la autopista o carretera y que se quedan tiradas en las cunetas. Los recogía para construir una nave espacial. Mi primera nave espacial. Pensé que él me podría ayudar,  así fue. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras sonreírme (fíjate tú que ahora me acuerdo requetebién de esa sonrisa) con cara de ancianito venerable y beberse el clarete al que le invité en nuestra cita, me indicó, de forma detallada y con unos dibujos que garabateó sin dificultad en unas servilletas del bar, la forma aerodinámica y el “nosequé” (que también acababa en “ámica” o “abática), que debería tener mi nave espacial construida con tan peculiares “ladrillos”, los tapa-cubos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Siguiendo sus garabatos y añadiendo un poco de pintura plateada con acabado granallado, y unos rabos de alcachofa seca,  lo construí  y, además, gané el primer premio a la creación artística con elementos reciclados; y fui aclamado, internacionalmente, como un extraordinario artista revelación; y me fui con gran éxito a la capital; y patatín y patatán, porque nunca me cansaría de hablar bien de mi mismo, aunque ahora no proceda, lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Nunca aspiré a que la nave espacial volara, no sé si ya lo había dicho, pero creo que es importante dejarlo claro; sobre todo para que se crea en mi discurso y no se me tache de enajenado mental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema es que, cuando me enteré, por la tele,  de que querían procesar a Manolo por un presunto delito contra el medio ambiente, me pareció oportuno volver al pueblo y darle, aunque fuera, mi apoyo moral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué el día anterior al inicio del juicio, y fui a visitarle a su telescopio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya me extrañó encontrarlo sentado en una tumbona, bajo el sombrajo de una buganvilla antigua y no trajinando con las lentes del telescopio. Más me sorprendió,  encontrarle con unas gafas tipo Mortadelo puestas, y , desde luego, con la montera bien colocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Has perdido vista?—, fue lo primero que le pregunté, torpe de mí, sin un hola, ¿cómo estás?, o un apretón de manos, previo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No, qué va! —, me contestó, también él, como si no hubiera pasado meses desde la última vez que nos vimos. —He ganado vista, y mucha. Mira—, y al decírmelo me tendió las gafas que llevaba puestas, obviamente, para que me las colocara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué ves? —, me preguntó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Moscas—, le contesté con sinceridad, quitándome de inmediato semejante armatoste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me explicó, esta vez muy serio pero, como siempre, con gráficos y números, que, a raíz de la desaparición de las lluvias, había tenido una idea. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le había ocurrido que, igual que con las lentes de su telescopio intentaba ver tan lejos como para contemplar nuestro origen, quizás también, invirtiendo las lentes, estas funcionaran al revés y se pudiera ver lejos, pero hacia el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Más que nada por ver si iba a llover pronto o no y se ahorraba el disgusto del juicio; de ahí las gafotas de tres kilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y en el futuro hay moscas? —, pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, por lo que se ve, a montones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pero están ahí porque va a llover? ¿Son moscas, de esas bobas, porque va a haber tormenta?—, le pregunté con un punto de emoción en la voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ni idea —, me contestó quitándose él también las gafas. — Lo que está claro del futuro es que habrá muchas moscas, seguro. Y otra cosa, ¿sabes que es lo que más me ha extrañado del futuro?, ver a la gente tan seria. Y el caso es que yo no lo recuerdo, pero ¿cuándo fue la última vez que viste reír a alguien? Pero de verdad, a carcajadas. Como para mearse.  ¿Cuándo fue la última vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo dicho,  viene alguien al que llamas tonto, te hace una pregunta difícil y, a partir de ahí: el caos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-5370785435186824783?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/5370785435186824783/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=5370785435186824783&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5370785435186824783'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5370785435186824783'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/05/risas.html' title='Risas'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S-w2xvpj0lI/AAAAAAAAAPc/xIQdPuXYW0A/s72-c/Escena_de_la_pel_cula_documental_En_el_mundo_a_cada_rato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-5864365027411386752</id><published>2010-04-16T21:28:00.006+02:00</published><updated>2010-04-17T17:32:28.402+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Tequila</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S8i6qWnZczI/AAAAAAAAAPM/rSO91BiIcPw/s1600/Message_In_A_Bottle_by_demyx_muffin.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S8i6qWnZczI/AAAAAAAAAPM/rSO91BiIcPw/s320/Message_In_A_Bottle_by_demyx_muffin.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460819784974824242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que las grandes batallas muchas veces empiezan por un diminuto detalle. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi abuela, por ejemplo, contaba que la guerra de Cuba empezó porque “no-se-quién” se encontró una mañana un botón de nácar en el café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás el odio entre Capuletos y Montescos se debiera a una mancha de fresa en una camisa de lino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede ser que las vecinas del sexto se tiraran de los pelos porque el repartidor de butano estornudó en el segundo piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo puede ser y yo, por mi experiencia, creo que es verdad. Yo misma mantengo una dura batalla, desde hace nueve años. Nueve años, un mes y siete días.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También empezó por casualidad, por una tontería, cuando me tomé, con un amigo de Sevilla, un golpeadito de tequila, antes de una primera cita. Esa noche ya no pude parar de beber tequila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recordaré su nombre (menudo topicazo, lo sé) pero lo que sí recuerdo, a la perfección, es el sabor del tequila, mezclado con la tónica y el limón, dentro de mi boca.  La sal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el polvo que echamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Increíble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente (más que inspirada, iluminada), inicié mi personal registro de mis mejores polvos y, aunque a ese le otorgué, en un pronto, el número uno de la tabla, hoy en día, ha quedado desplazado y ostenta un meritorio puesto noventa y dos en el ranking que mantengo, más o menos, actualizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, no me quiero desviar del problema.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Mi guerra no  va de sexo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Va de alcohol y sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, no me puedo acostar con nadie si no bebo antes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ojo, que no es un problema de repulsión sexual, tal como intentó “colocarme” el último terapeuta al que acudí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Qué puede saber un tipo con suéter de cuello redondo amarillo pollito?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se empecinó con que el alcohol me servía de anestésico para la aversión física que me producía el sexo. Eso,  a noventa euros la hora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gilipollas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, trescientos sesenta euros después, decidí no volver a la sesión que tenía concertada para el jueves siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí lo que me pasa no es eso, y mira que intenté explicárselo. Y oye: que nones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no bebo para no sentir (repulsión), bebo porque dentro de mi rito sexual el alcohol es tan importante como para el común de los mortales es segregar feromonas o testosterona.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo veo a un tío que me gusta y, automáticamente, me viene un sabor de bebida (espirituosa, se entiende) a la boca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede ser ginebra, licor de coco, o pacharán, Martini, caipiriña, o sake. Puede ser cualquiera. Cada uno me da ganas de beber algo diferente y no adivino a conocer el motivo. No es que los morenos requieran mayor alcohol que los rubios, o los de ojos verdes bebidas amargas. ¡Qué va!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como digo, no sé cual es la conexión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la imagen del hombre concreto la que genera en mí lo que yo he dado en llamar mis “feromonas alcohólicas” , y me provoca una necesidad física de trasegar la bebida concreta que mi cuerpo asocia a ese hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquel día, todo ha sido muy complicado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, yo no estaba familiarizada con las diferentes bebidas alcohólicas que se comercializan, y me costaba un montón dar con la bebida correcta para la cita. Si no la encontraba la cita era un fiasco, pero si la conseguía identificar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba tan desesperada por acertar que acabé yendo a una gran superficie y me gasté la beca de posgrado que me había reconocido el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, ¡la de todo un mes!, en comprar una botella de cada variedad que hubiera en los expositores. Metros y metros de expositores. Dos carros llenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, cuando tenía una cita, si el trago que necesitaba echar era de una bebida que no sabía reconocer, bebía en un dedal (¡Jesús!, en uno de verdad, de costura, que me regaló mi abuela para hacer punto de cruz) un poco de cada botella, hasta dar con el sabor adecuado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Un montón de veces llegué borracha como una cuba porque el sabor se me resistió más allá de la novena prueba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, cuando adquirí destreza a la hora de identificar la bebida que necesitaba, tampoco la cosa fue fácil. Muchas veces me encontré en situaciones absurdas en las que quedaba para tomar algo con mi ligue, antes de ir a bailar, y tenía que beber, por ejemplo, Cointreau, durante toda la cena, en una asador de carne de buey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si yo hubiera sido el tío, ante una loca como yo, creo que habría salido huyendo, por piernas; pero una cosa que me ha demostrado el día a día es que los tíos en muy pocas ocasiones dejan plantada a una tía salida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, el caso es que llevaba luchando contra este problema bastante tiempo y me sentía vencida porque pensaba que lo había probado todo con tal de no beber para tener una relación: llegué a ponerme perejil dentro de la nariz; tomé relajantes musculares; llevé una estampita  plastificada de la Madre de los Desamparados en la cartera; fui al terapeuta cursi del suéter amarillo pollito… cuando decidí cambiar de compañía de telefonía móvil en el trabajo y concerté visita con un comercial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Que qué tiene que ver? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchísimo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más verle entrar en mi despacho, un sorprendente (dejadme que me explaye aquí), un hermoso, fresco e inesperado sabor a agua me inundó la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después de años de melopea emocional tuve tal sensación de paz, que pensé que era el hombre de mi vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedé con él en varias ocasiones, con la excusa de no saber qué tarifa telefónica elegir.  Un día, acabamos cenando en un Mc Donalds que hay al lado del trabajo. Él se pidió una cerveza y un Mc Pollo. Yo una ensalada Cesar y ¡una botellita de agua! Aquella noche, fui tan feliz que, no sólo contraté la tarifa telefónica que me recomendó: “Sé feliz y no pagues ni a la de mil” (así la llamó); sino que también me fui a la cama con él, por primera vez. Sin beber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello era gloria. Mi chico era un tío bueno que sólo me daba sed de agua y un estado de felicidad absoluta. Y además era un sabio: la tarifa que me había recomendado consiguió rebajarme la factura del móvil casi un 98%, pues ahora solo pagaba teléfono cuando me enfadaba o disgustaba (vamos, cuando hablaba con mi madre) ya que por mi tarifa, la compañía de teléfonos grababa siempre mis conversaciones y, si el trasfondo de la conversación era feliz, me salía gratis. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En más de una ocasión me imaginé al empleado de la compañía telefónica escuchando nuestras charlas de amor, sonriente, apretando sin dudarlo el botón rojo de “conversación feliz”. Gratis total.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada es eterno y, al cabo de seis meses y trece días, yo creo que por un problema de celos de su jefa, lo trasladaron a Bucarest, y el asunto se empezó a enfriar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, claro, como todo el contacto que teníamos era telefónico y, cada vez nos peleábamos más, la factura del teléfono me empezó a subir como le sube el colesterol a papá en Navidad. A lo bestia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conversaciones felices teníamos pocas, la verdad (y el empleado de la compañía debía apretar con mucha frecuencia el botón verde de “conversación infeliz”. A pagar)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que me llegó una factura de mil tres euros con cincuenta y seis céntimos puse, muy a mi pesar, punto final a esta relación y decidí cambiar de tarifa telefónica, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deprimida como estaba, al tercer día (fíjate si soy boba que pensé que los milagros pasaban al tercer día), me visitó un comercial de otra compañía que me recomendó la tarifa “A”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras me explicaba las ventajas indudables que presentaba esta promoción por la que, de nuevo, la compañía de telefonía móvil grabaría mis conversaciones y al final de cada una de ellas, me mandaría, con coste compartido, un SMS en el que me informaría del coste de cada llamada (las consonantes de mis palabras no pagarían nada, las vocales todas pagarían tres céntimos, excepto las “aes” que pudiera decir que me producirían una bonificación en la facturación de siete céntimos por cada grupo de cuatro, y los picos a un céntimo); yo que no entendía ni papa, le miraba y saboreaba ese inconfundible sabor, a nada, que tiene el agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Además él parecía tan simpático… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, que acabé contratando la tarifa “A” y de paso, saliendo con mi nuevo comercial durante una temporada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a pensar que el antídoto de mi problema alcohólico-sexual era la telefónica móvil en todas sus variedades: sus comerciales, las tarifas telefónicas, facturas detalladas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la cosa nos fue regular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La factura de teléfono, ininteligible para mi secretaria, siempre resultaba muy elevada y el chico me funcionaba, pero no lo suficientemente bien como para que olvidara el coste en facturas de móvil que tenía que soportar mensualmente y que me descontaban de nómina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí cortar por lo sano. El detonante: un SMS informándome del  coste de mi última conversación, de dos minutos y siete segundos, en que se ve que sólo utilicé vocales y ninguna de ellas era una “A”: veintisiete euros de vellón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le llamé, le insulté y, con catorce euros más, zanjé la relación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba a punto de tirar mi móvil por el retrete y volver a la bebida, cuando por mediación de mi secretaria, Rosita, vino a visitarme un comercial de otra compañía de telefonía móvil, que me ofrecía , con una tarifa tradicional, de esas de quince céntimos el establecimientos de llamada y trece céntimos el minuto, el servicio Blackberry  “Bodega”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo (que no me ponía en absoluto, ni me inspiraba ningún sabor), a la vez que me ayudaba a descartar mi fugaz idea del antídoto-telefónico, me explicó el producto que ofrecía su compañía y, la verdad, me pareció muy acertado para personas como yo. Por cada cien euros de consumo en factura de móvil, se comprometían a enviarme una botella, de la bebida que yo eligiera de entre una extensa carta, con más de trescientas marcas de bebida internacional, que tenían colgada en su Web, y además, con un compromiso de entrega en menos de 24 horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde, meditando en la oficina sobre la nueva oferta de tarifa telefónica, fue cuando pensé que las grandes batallas en muchas ocasiones empiezan por un diminuto detalle. Mira tú por dónde: por un chupito de tequila y un polvo sin nombre… Fue entonces cuando entendí que, a veces, los guerreros sólo encontramos la paz si nos dejan vivir nuestras batallas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue como, voluntariamente, decidí volver a mi vida anterior: polvos con alcohol en vena y a la factura tradicional de móvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y por supuesto, a mi terapeuta con suéter de cuello redondo amarillo pollito. Sólo que ahora, cuando tengo visita con él, siempre llevo los noventa euros que me cobra por sesión y una botella de Chardonnay, bien frío.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-5864365027411386752?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/5864365027411386752/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=5864365027411386752&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5864365027411386752'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5864365027411386752'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/04/tequila.html' title='Tequila'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S8i6qWnZczI/AAAAAAAAAPM/rSO91BiIcPw/s72-c/Message_In_A_Bottle_by_demyx_muffin.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-2176914001804260711</id><published>2010-03-09T21:49:00.007+01:00</published><updated>2010-03-10T14:20:59.872+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Sequía.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S5a0bJ92azI/AAAAAAAAAO8/Fxdpjq2ijLQ/s1600-h/ilustracion%2Blluvia%2Bparaguas%2Bagua%2Bmujer%2Bhombre%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 302px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S5a0bJ92azI/AAAAAAAAAO8/Fxdpjq2ijLQ/s320/ilustracion%2Blluvia%2Bparaguas%2Bagua%2Bmujer%2Bhombre%5B1%5D.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446739177975999282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre dice que nací seca, como una piedra común, de esas a las que se les da un  puntapié en el camino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dice porque no sé llorar, pero sobre todo lo dice porque está enfadada, no conmigo, —en realidad yo no lo he hecho nada—; está enfadada con el destino que le ha negado una hija perfecta, con todas sus piezas correctamente colocadas y en funcionamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que es eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni el día que nací, en el paritorio, pude llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella dice que la culpa la tuvo un flautista callejero que el día del parto, al entrar nosotras en el hospital (entiéndase, yo aún dentro de ella), estaba tocando “como un borracho poseído por Satanás” (eso repite ella) y dio una nota tan alta, — “un Sol” dice, ella que no tiene ni idea de solfeo—,  que resquebrajó el cristal de la puerta del hospital. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que, en su intento de encontrar una razón para lo inexplicable, asocia el Sol que sonó con la fuerza invisible del universo que me secó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé si eso es posible; que una nota, por muy alta que sea, influya en un “nasciturus” — así llaman los médicos a los bebés que no han nacido, creo que para hacerse interesantes—. Pero, por lo que sea, no sé llorar, es cierto,  y la matrona fue la primera, de una larga lista que he ido completando con el paso de los años, que tuvo que conformarse con ese ruidito absurdo que me nace en la garganta cuando debo llorar y no me sale. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un sonido similar al que hacen los pavos por el corral, entre estúpido y sincero (aunque, con los tiempos que corren, viene a ser lo mismo). Así sueno cuando lloro: como un pavo de los de Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y que no parezca una tontería del tipo: “pobrecita, mírala, que no puede llorar", "qué importante se siente" ,"ninini nininí…”, porque la cuestión no es baladí. Lo juro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes o después la gente espera de ti que llores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El problema surge en los lugares más insospechados: en una película bien triste, o en un entierro, en un partido de fútbol, o en un accidente de coche, cuando te caes en el patio del colegio o te pegan un tortazo. En cualquier momento surge la diferencia, y la gente reacciona con dureza, como si fuera una bruja de Salem. “Un monstruo sin sentimientos”, eso me dicen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, personalmente, creo que mi problema de sequedad se debe a una enfermedad degenerativa por descubrir.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me explicaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por descubrir, porque los médicos le han jurado a mi madre, cientos de millones de veces (y no exagero), —madre que durante mi infancia me arrastró por todos los médicos de pago que le recomendaron vecinas y amigas, como el que arrastra una cabra azul con dos cabezas—, que tengo los conductos lacrimales perfectamente despejados y que, si no lloro, es porque no quiero, o porque no me sale. Ni de pena ni de risa, aunque en compensación ella ha llorado por mí, todo lo que yo no he podido, y un poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y degenerativa. Porque creo que el nivel de sequedad de mi cuerpo, conforme pasan los años, va en aumento, y eso que me hincho a ponerme crema hidratante de urea natural (pis de ballena, imagina qué asco) y beber litros y litros de te verde, helado en verano y caliente en invierno. Pero oye, que cada vez estoy más reseca. Y no es sólo una sensación, qué va; lo noto porque antes, aunque no lloraba por fuera, muchas veces las cosas me dolían y lloraba por dentro. Era entonces cuando más parecía un pavo —y cuando peor me trataba la gente, pensando que encima me estaba cachondeando de la desgracia ajena—. Pero llevo ya más de dos años que no lloro tampoco por dentro.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que he heredado de mi madre una tendencia clara a la planificación de la desgracia, he supuesto que, en este proceso de desertización interior que me arrolla, lo próximo que perderé será la saliva. Por eso siempre chupo algo, un caramelo, un Chupa-Chup, cualquier cosa que mantenga caudalosa mi saliva. Es como el que ejercita su cerebro, yo ejercito mis jugos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué cuento todo esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien. El caso es que ya he cumplido los veinticuatro y, después de tantos años con el tema de los no-lloros, mi madre y yo andábamos un poco estancadas con la situación, como resignadas, hasta que, por casualidad (o quizás porque algún flautista cercano tocó un Do bien bajo) oímos anunciar el curso de verano para personas especiales en la Universidad Menéndez Pelayo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Que quede claro que yo no habría acudido ni loca. Ni loca. Todo lo que me suena a gueto o estigma me asusta (sobre todo porque me siento fácil de señalar) pero, por darle un capricho a ella que no va ni a la peluquería a hacerse unas mechas y hacerla un poco feliz, accedí: me inscribí en las dichosas jornadas para “personas especiales”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si ya parece prometedor el nombre, deberíais ver el producto con el que tratan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi grupo, y hay siete (uno para cada día de la semana), somos cinco miembros: Una tía, de unos treinta y pocos, que desde que se tatuó los ojos llora de color azul; dos que dicen oír lo que piensan los demás; otro que, según lo que lee, se le ponen los ojos de un color u otro; Mauro y yo, la seca. Así me llaman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mauro merece una mención especial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice que se puede convertir en humo y luego “reconstruirse” (así lo llama él) a su apariencia humana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me río de él, pero no consigo sonsacarle cuándo ocurre eso de la transformación en elemento gaseoso, ni mucho menos cómo se solidifica luego.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, a diario, doy gracias por ser la menos rara de todos mis compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta “cuasi” terapia nos ha hecho mucho bien a mi madre y a mí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella ha dejado de llorar, incluso ríe cuando le cuento lo raros que son mis compañeros —ya se sabe que en el mundo de los ciegos el tuerto es el rey—. Y así,  mientras desayunamos café con leche y tortitas de maíz, le cuento que si uno de los telépatas me oye pensar algo comprometido, algo como: “Jo, qué bueno que está Mauro”, lo dice en voz alta enseguida, y yo me rió a carcajadas, para disimular, cómo si lo hubiera pensado adrede para que lo dijera. Que si la tatuada es una llorona y cada vez que cuenta algo de su ex novio se pone a hipar y lloriquear —qué envidia—, y  hace un charco azul a sus pies. “Pis de sirena” dice Mauro, tocando el charco, que parece pintado con acuarela azul celeste, con la punta de su zapato. Que si leemos un poema de amor de Pablo Neruda al otro se le ponen los ojos rosas como el culo de un cerdo… Total, tonterías que a mi madre le han devuelto la vida; y a mí me han traído a Mauro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque yo, no es que haya sido una santa beata hasta ahora, pero lo de Mauro es especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A él le encanta chupar en mi boca los caramelos que yo succiono constantemente. Y se ríe de mí, de cuando le digo que me seco como las lagunas de Ruidera, que me quedaré sin saliva, sin pis; y de que no tengo lágrimas. Y se ríe hasta que le pido que se convierta en humo, entonces se pone serio y se calla. Mauro serio es un rollo, y hago como que me enfado. Y por hacerme reír, aprovechando que parpadeo, se convierte en humo, porque yo no lo veo, pero lo huelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ¿sabes qué? Ese humo me ha hecho llorar. Qué más da si es por dentro o por fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque soy feliz; o porque me irrita los ojos. Porque anega mi cuerpo al respirarlo y me asfixia; o porque ha conseguido que mi madre baile el Bimbó en la verbena del barrio. No sé. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ve que las personas especiales, al final,  no lo somos tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O, tan poco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-2176914001804260711?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/2176914001804260711/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=2176914001804260711&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2176914001804260711'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2176914001804260711'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2010/03/sequia.html' title='Sequía.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/S5a0bJ92azI/AAAAAAAAAO8/Fxdpjq2ijLQ/s72-c/ilustracion%2Blluvia%2Bparaguas%2Bagua%2Bmujer%2Bhombre%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-1168355209146372495</id><published>2009-11-13T20:36:00.009+01:00</published><updated>2011-03-13T18:55:36.698+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Con sabor a canela.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sv54754wBCI/AAAAAAAAAN8/nzvMdHSdIl4/s1600-h/piruletas.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 226px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sv54754wBCI/AAAAAAAAAN8/nzvMdHSdIl4/s320/piruletas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403889573437637666" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pusieron el nombre de Candela porque el día en que mi madre supo que estaba embarazada todos los caramelos de la tienda de los abuelos le supieron a canela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probó con una piruleta de fresa y con un Pictolín para la tos; luego con una nube, una tira de regaliz roja e incluso con polvos pica-pica, pero siempre obtuvo el mismo sabor: el de la canela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue así como mamá, de forma temprana, supo que algo importante le iba a pasar, porque en la tienda de mis abuelos cuando los caramelos están un día entero sabiendo raro, a algo que no toca, siempre, siempre, acaba pasando algo extraordinario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia del sabor a canela me la han contado mil veces y la conoce todo el pueblo, pero yo, puestos a hablar de señales y premoniciones, prefiero otra historia bien distinta: meses más tarde, exactamente a los doce días de mi nacimiento, el abuelo me intentaba consolar de mis primeros cólicos de lactante, acunándome en sus brazos al ritmo de las canciones de Teresa León y su gusanito medidor, cuando con el vaivén se tropezó con uno de los botes de cinco litros de pintura que se estaban usado para pintar mi futura habitación de bebé con sabor a canela. No nos caímos, no, pero él, que iba en pantalón corto, metió la pierna hasta la rodilla y así, bicolor, tuvo que pasar el resto del verano. Desde entonces, he pensado muchas veces que como signo, es mucho más poderoso éste, y mejor habrían hecho en llamarme “Mete-patas” en lugar de Candela. Quién tiene la razón, el tiempo lo dirá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora es cuando he de contar qué pasa en la tienda de mis abuelos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En principio, vendemos caramelos, dulces y chucherías. Chuches, como dicen los peques. Algunos son industriales (no daríamos abasto para producir nosotros mismos todo lo que vendemos) pero son nuestros caramelos artesanos los que nos han hecho famosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mi abuelo enseñó a mi madre a hacer caramelos, y ella a mí. Y de unos a otros, casi como una escuchita en la oreja, nos pasamos los secretos del arte de combinar el azúcar de caña con nuestro ingrediente estrella: los sueños de nuestros clientes; para fabricar los mejores caramelos que nadie haya probado jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No exagero, si alguien tiene alguna duda le reto a que me de un sueño y a cambio yo le daré un caramelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y luego hablamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La receta es inmejorable y, en esto, habría que ser muy estricto (y ya veís que digo habría): por cada cinco partes de azúcar de caña, una parte de azúcar glasé molido durante dos minutos y medio al compás de un fado portugués, un poquito de moscatel para trabar el azúcar y una chispa de un sueño, que necesariamente ha de traer el cliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo único que yo he podido mejorar de nuestro producto es el envasado. He conseguido crear unos preciosos envoltorios de colores para nuestros caramelos, hechos a base de una fina y crujiente capa de gelatina, que coloreo con zumo de fruta, a juego con el  color que adopta el caramelo al fundir con el sueño. Creo que así se conserva mejor el sabor del caramelo y llega más fresco a la boca del cliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con lo complejo que resulta hacer la mezcla, es fácil imaginar que sólo fabricamos caramelos bajo pedido, y que jamás respondemos del sabor que puedan tener, cada cual que se resigne al sabor de su sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coincidió, cuando yo empecé a trabajar en la tienda, con la época en que el abuelo empezó a hacer cosas raras. Ojalá los caramelos hubieran sabido a algo  y nos hubieran advertido, pero fue una época confusa para mí de la que conservo sólo dos recuerdos nítidos. Recuerdo al abuelo hablar sin parar de las flores de la jacaranda y, por supuesto, es difícil olvidar, recuerdo el día que descubrí que los caramelos, a mí, ya no me sabían a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vayamos por pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abuelo, todas las noches, se levantaba de la cama en silencio, bajaba a la tienda, salía al jardín y, sin mediar palabra y en pijama, se liaba a dar patadas al poste de la luz que tenemos justo delante de la tienda. Parecía realmente furioso y al oír sus gritos: “Maldita jacaranda, maldita seas”, me levantaba y, con paciencia, lograba llevarlo de nuevo a la cama, donde lloraba desconsolado porque no encontraba un huevo de basilisco que juraba haber perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo cierto es que, por aquel entonces, yo andaba liada con mis propios problemas (no acababa de coger el punto de solidez necesaria en la mezcla del caramelo), y no le presté mucha atención al abuelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el día, mientras él se reponía de sus correrías de la noche anterior, dormitando en una mecedora al sol, yo me esforzaba por aprender el oficio de los caramelos de sueños; y por la noche, cuando debía descansar, el abuelo me despertaba de nuevo, moliendo a palos el poste de la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para colmo de males, fue entonces cuando por azar, al chuparme un dedo con restos de caramelo (ya sé que uno no se debe chupar los dedos mientras cocina, ya lo sé, pero a veces los colores brillantes del caramelo hacen imposible resistirse), el caso es que así descubrí que los caramelos no me sabían a nada. Ni a rosa, ni a canela, ni a vino, ni a alcachofa. A nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá, muy práctica ella, no quiso dar mucha importancia a ninguna de las dos cosas. Al abuelo le quitó la tele y los libros, en particular le prohibió seguir leyendo el libro de García Márquez que le había prestado Maruja, la de la charcutería. A mí me llevó al médico, quien me diagnosticó una enfermedad con nombre de acelga, “ageusia”, que dijo me impedía percibir el sabor de los caramelos, por alguna razón que él desconocía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos a casa por la tarde, mamá cogió un caramelo del bote de la entrada y le supo a tierra. Mala cosa. Ya no quiso coger más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Veís como tenía razón yo cuando he dicho que me tenían que haber llamado “Mete-patas”? ¿Se puede ser más calamitosa que yo, que me dedico a hacer caramelos sin poder disfrutar de su sabor? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que decir que, tanto el abuelo como yo, a partir de aquel día, comenzamos a caer en picado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él noche tras noche, pegándole al poste, ordenándole dar flores: “A ver maldita jacaranda, ¿dónde están tus flores?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, día tras día, haciendo caramelos especiales para los demás, sin poder saborear nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él se fue apagando, y yo me hice mala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, esto también necesita una explicación detallada, porque no es que me hicera mala tipo el ama de llaves de Rebeca, qué va, yo sería más bien un tipo Pipi Calzaslargas, (que es cierto que a veces merece una buena azotaina al culo), pero eran sólo pequeñas travesuras, que me ayudaban a ser un poco feliz, entre tanto caramelo soso hasta decir basta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que me acostumbré, por puro placer de jugar, a “adulterar” un poquito, muy, muy, muy poquito, la pureza de los caramelos de sueños. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los clientes seguían trayéndome sus sueños para que les hiciera sus caramelos, pero empecé a añadirles “algo” extra, para que fuera todo un poco más divertido, para que fuera todo un poco más justo : ¿Por qué ellos podían saborear sus deseos en mis caramelos y yo no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, cuando Piluca, la auxiliar del dentista, me trajo a la tienda su sueño en una cajita verde pistacho con flores amarillas estarcidas, y me pidió que le hiciera una docena de bastones de caramelo para una cita especial, se me ocurrió, al verla tan triste y apocada, añadir a la mezcla unas gotas de Coca-Cola, (¿no dicen que es la chispa de la vida?) pués eso,  para darle la chispa que necesitaba con urgencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los caramelos que Ramón, el conserje del colegio, quería regalarle a su novia, le añadí un poco de oregano fresco, para que sus besos resultaran más sabrosos.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las piruletas que Marina quería regalar en el cuarenta cumpleaños de su marido, Renato, le añadí tres gotas de champán, para que fuera una auténtica celebración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y así, poco a poco y a diario, me acostumbré a mangonear en la vida de los demás. Por eso digo que soy mala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos días entró en mi tienda un chico al que no había visto antes y, a pesar de que creo haber vendido caramelos a todo el pueblo, el hecho de no conocerle no me extrañó. Y es que, os diré, que es cierto eso que leo en las novelas de títulos dorados y románticos que mamá esconde detrás de la tabla de la plancha y que yo me leo, de cabo a rabo, a escondidas los domingos: a veces dos personas se sienten atraidas ¡en un zas!, como si se reconocieran de una forma subconsciente, con una sola mirada. Y aunque suene a historia rosa de Corín Tellado, sé que ese sentimiento fue mutuo, incluso antes de oír su voz, antes de que me pidiera una porción de mi pastel favorito: el de cerezas tibias con crema dulce. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Eres nuevo en el pueblo?—le pregunté con voz bajita, avergonzada, mientras le servía la porción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, me acabo de mudar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Conoces nuestra especialidad? Si me das un sueño te puedo hacer una docena de caramelos con él. ¿Te apetece probar a ver a qué saben tus sueños?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún con un rabito de cereza asomándole por la comisura del labio sacó del bolsillo de su chaqueta un sueño y me lo dejó, desnudo, sobre la palma de mi mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuándo estarán los caramelos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vale. Pues mañana vuelvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobra decir que esa noche me la pasé entera haciendo los caramelos más bonitos que nadie jamás haya visto: trenzas de caramelo tricolores, pirulís de bolitas de anís, chupa-chups con sueño líquido en el interior… En fín, todo lo que había aprendido hasta el momento. Aunque en realidad, no era su aspecto lo que me preocupaba, porque…¿a qué sabría su sueño? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que confesar que no pude reprimir mi curiosidad y volví a ser mala, y esta vez hasta un poco cochina: chupé, bien a fondo, la cuchara con la que estaba removieno la mezcla, y claro, eso me supo a: nada. Nada de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puntual a nuestra cita, él volvió a por sus caramelos; y al día siguiente, a por un fondant de fresas y frambuesa; y al siguiente a por unos bastoncitos de chocolate; y así, poco a poco, probó todas nuestras especilidades, hasta que después de muchos dulces y caramelos, cuando ya me acompañaba por el parque mientras paseaba a mi abuelo (al que mamá había atado con cinta americana a la silla de ruedas, para que no escapara gritando a los postes de la luz) me atreví a preguntar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿A qué te supieron los caramelos que te hice con tu sueño del primer día?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A canela—, me susurró al oído sonriendo, despacito, como si fuera un secreto nuestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que, como os decía,  aunque me pusieron el nombre de Candela porque el día en que mamá supo que estaba embarazada, todos los caramelos de la tienda de los abuelos le supieron a canela, también soy una auténtica mete-patas y ahora nunca sabré si el sabor a canela  lo dio un sueño auténtico o el resto de mis babas en la cuchara con la que removí la mezcla del caramelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, yo no me di cuenta hasta que el abuelo apoyó, mimoso, su cabeza en mi mano, pero el parque apareció cubierto por cientos, miles, de  pequeñas campánulas moradas, de jacaranda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los caramelos que vendí supieron a violetas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-1168355209146372495?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/1168355209146372495/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=1168355209146372495&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1168355209146372495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1168355209146372495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/11/con-sabor-canela.html' title='Con sabor a canela.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sv54754wBCI/AAAAAAAAAN8/nzvMdHSdIl4/s72-c/piruletas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-3984869422103368535</id><published>2009-09-14T22:21:00.005+02:00</published><updated>2009-09-18T14:01:56.148+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El "fasting".</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sq6oVGnn9_I/AAAAAAAAANM/LdrHzAU17Yg/s1600-h/bettas-iso-hi-res.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 198px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sq6oVGnn9_I/AAAAAAAAANM/LdrHzAU17Yg/s320/bettas-iso-hi-res.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381423685261850610" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo una amiga canadiense, un pelín hippie y un tanto alternativa, que a principios de este mes me acabó convenciendo de las excelencias de hacer un ayuno (al que ella, tan políglota, llama “fasting”) con el fin de purificarme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La única explicación que encuentro a semejante decisión es que me pilló en un momento tonto de mi vida (el final de las vacaciones, la depresión por la vuelta al trabajo, la selección española de baloncesto perdiendo de forma inexplicable, la crisis, Belén Esteban bajo la lupa del defensor del menor ...); el caso es que, el entusiasmo desbordante que mi amiga mostraba cada vez que me hablaba de las ventajas para nuestro cuerpo de ayunar durante unos días, acabó por contagiarme y me embarqué en el dichoso “fasting”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella juraba que gracias al ayuno de alimentos sólidos, el cuerpo acaba desechando las toxinas acumuladas que, en condiciones normales y  por falta de tiempo libre, no puede descartar. Vamos, como le pasa a mi casa, que en condiciones normales y por falta de más tiempo, por mucho que recoja trastos y los guarde, siempre está sucia y desorganizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En conclusión: había que darle un respiro al cuerpo para que hiciera limpieza general, y ese respiro sólo lo podía encontrar si no se le daba más trabajo, comiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que como soy una buena amiga suya, envidio su entusiasmo (quizás el único que queda por este lado del océano) y además soy una asidua de la coca-cola, los analgésicos, y el café, pensé que sería una buena cosa hacerle caso y limpiarme por dentro, así que me lancé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El objetivo era pasar una semana (como poco) ingiriendo exclusivamente líquidos (agua clara del grifo y aguas turbias procedentes de hervir tristes y solitarias  verduras).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada de sal, nada de cafeína, nada de conservantes o colorantes. ¡Menos mal que dejé de fumar hace años! Nada. Solo agua que no entretuviera al sistema digestivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL primer día lo sobrellevé como una campeona, bebiendo (y meando, claro) sin parar; buscando ante el espejo cambios en mi piel que debía volverse tersa y sedosa; en mis ojos que debían aparecer más blancos; y en mi barriga que debía desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo día la lengua se me puso blanca. Blanca y hasta con un poco de relieve, como si sobre ella hubiera crecido un sinfín de pequeños champiñones. En broma (aún me quedaban fuerzas para bromear) les enseñaba la lengua a los niños  y ellos huían de mí al verla,  gritando que su madre se había convertido en un monstruo extraterrestre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue por la noche, mientras me tomaba mi octavo vaso de agua, cuando entre trago y trago, me vino por primera vez el olor a acuario tropical. No le di mayor importancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tercer día, cada vez que acercaba la nariz a un vaso para beber agua, notaba con claridad el olor tibio y cerrado de los acuarios. Incluso eché el aliento a mi palma de la mano en un par de ocasiones y comprobé que efectivamente el olor procedía de mi interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuarto día, la lengua seguía blanca-verdosa y además yo continuaba con mi olor acuático. Del dolor de cabeza que tenía, ni hablo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el trabajo, a mitad de mañana, empecé a tener la sensación (quizás más bien el desvarío, seguramente producido por el hambre o por la falta de glucosa) de que estaba tan llena de agua que el nivel había alcanzado hasta la parte superior de mi cabeza, y que dos peces se movían dentro de ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los imaginé el resto de la mañana como dos luchadores de Siam, uno azul y otro negro, nadando acompasadamente de izquierda a derecha y de mi oreja derecha hasta el parietal izquierdo, meciendo sus aletas igual que ondula el humo de los cigarros en las películas en blanco y negro de gángsteres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les puse de nombre Fas y Ting, en honor a mi amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El quinto día fue horrible porque los dos peces, creo que por culpa de una llamada al móvil de un pervertido que me asustó,  perdieron el compás y se encontraron dentro de mi cabeza, por sorpresa, frente a frente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmediatamente se erizaron como gatos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asustada y bizqueando debido a los esfuerzos inútiles, por supuesto, de verles dentro de mi cabeza, aproveché la conexión a Internet del trabajo y descubrí que los luchadores de Siam machos no pueden convivir en un mismo acuario porque luchan hasta la muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mucha glucosa que me faltara, vi claro que si no podían vivir en un mismo acuario, aunque la página que consultaba, todopeces.com, no dijera nada de la posible coexistencia de los luchadores dentro de las cabezas humanas, seguro que tampoco iba a ser posible tal convivencia de forma pacífica y, obviamente, mis peces eran machos porque ya se perseguían dentro de mi cabeza, dándose pequeños bocados el uno a otro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sexto día me levanté con nauseas. Estaba mareada, seguramente por culpa de Fas y Ting y por la velocidad de su persecución que había formado una especie de tornado dentro de mi cabeza donde se mezclaba el agua de mi acuario interior, mis propias neuronas, y los restos orgánicos de su lucha: escamas, bocados de carne y sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, la mañana en el despacho iba a ser complicada porque había citado a las once a una pareja que llevaba tiempo intentando firmar el convenio regulador de su divorcio, proceso que se estancaba una y otra vez cuando llegábamos al punto de decidir quién de los dos se quedaría con el Monopoly edición “Guerra de las Galaxias” que habían comprado siendo matrimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las once y treinta y siete minutos estábamos, estaban, de nuevo, gritándose como posesos por la maldita caja negra del juego, gesticulando de forma absurda alrededor de la mesa de juntas de mi despacho para demostrar quién era mejor discípulo de Yoda (¿realmente pensaban que todo eso era verdad, en una galaxia muy muy lejana?), cuando las nauseas se intensificaron.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve hasta seis arcadas silenciosas. A la séptima, no pude más, y vomité sobre el código civil y el expediente de mi cliente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como es obvio, vomité los dos luchadores de Siam, que como castigo a su pésimo comportamiento, ahora aleteaban y boqueaban, medio asfixiados, fuera de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie más en la sala parecía advertir la presencia de los dos pequeños peces sobre la mesa. Mis clientes emulaban una lucha de espadas de luz con los paraguas que debían haber robado del paragüero de la entrada (no recordaba que estuviera lloviendo). El abogado contrario, abstraído, escribía correos con su Blackberry. Yo no podía dejar de mirar los dos peces que había vomitado y que llevaban cinco días viviendo en mi cabeza. Fas y Ting.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Me había librado de las toxinas que pudiera tener acumuladas en mi cuerpo mediante la expulsión de los peces beta? ¿Era eso la depuración esperada? ¿Era eso lo que mi amiga esperaba de mí, que criara peces en mi cabeza y luego los vomitara en público? ¿O era todo una alucinación provocada por el hambre? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé a la calle segura de que  los jóvenes Jedi no iban a advertir mi ausencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesitaba, no tomar el aire, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesitaba un bocadillo de chorizo con queso navarro en aceite que me devolviera al mundo real. A ese que piso a diario y que a veces me da un puntapié, pero que no por ello deja de ser mi mundo y que por lo visto requiere que esté debidamente alimentada para poder sobrevivir en él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-3984869422103368535?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/3984869422103368535/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=3984869422103368535&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/3984869422103368535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/3984869422103368535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/09/el-fasting.html' title='El &quot;fasting&quot;.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sq6oVGnn9_I/AAAAAAAAANM/LdrHzAU17Yg/s72-c/bettas-iso-hi-res.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-5794494177017909692</id><published>2009-08-17T13:58:00.004+02:00</published><updated>2009-08-17T14:15:48.429+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelatos'/><title type='text'>Tatuada</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SolGGTJN_QI/AAAAAAAAAMs/MzCR4gJKNrM/s1600-h/Lagrimas_azules__by_Natushka.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 274px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5370901104648125698" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SolGGTJN_QI/AAAAAAAAAMs/MzCR4gJKNrM/s320/Lagrimas_azules__by_Natushka.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Sentí un viejo escalofrío cuando la vi entrar de esa manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos estaban oscuros, de ese oscuro que tenían los ojos de papá cuando le diagnosticaron el cáncer. Negros y un poco amarillos; como de cría de cocodrilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También llevaba chorretones por los mofletes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Qué ha pasado? — me preocupé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Nada, que me he tatuado los ojos- me contestó; con la misma despreocupación que tiene el que habla del tiempo en el ascensor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miré a las pupilas buscando respuesta y, de un plumazo, descarté la idea de los ojos de reptil, allí solo había restos de un profundo índigo . No supe qué decir pero ella continuó, como si nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Toni decía que me veía demasiado latina; que a él le gustan más las nórdicas....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Que ahora me ha dejado porque dice que no soporta mis lágrimas azules.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-5794494177017909692?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/5794494177017909692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=5794494177017909692&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5794494177017909692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5794494177017909692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/08/tatuada.html' title='Tatuada'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SolGGTJN_QI/AAAAAAAAAMs/MzCR4gJKNrM/s72-c/Lagrimas_azules__by_Natushka.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-7064690947143144935</id><published>2009-07-27T14:18:00.007+02:00</published><updated>2009-07-27T14:28:53.111+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inexplicables'/><title type='text'>Deseo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sm2dFLLdXEI/AAAAAAAAAMU/v5PtAdCOeiU/s1600-h/cereza.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5363115443493887042" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 222px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sm2dFLLdXEI/AAAAAAAAAMU/v5PtAdCOeiU/s320/cereza.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sm2c-Euv5TI/AAAAAAAAAMM/x5OefZT021Q/s1600-h/cereza.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Esta noche he soñado que era una lengua. Todo músculo, extrañamente libre, sin depender de ningún cuerpo en el que cobijarme o al que sujetarme. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Era una lengua y además tenía conciencia de ello. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Como es normal con las cosas extraordinarias, he necesitado contarle a alguien lo que me había pasado, ¡que era una lengua!, y te he echado en falta por primera vez en tres días. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Desde mi nuevo estadio de realidad, he pensado en ti y en nuestra absurda pelea por el color del espumillón del árbol de Navidad, sobre todo porque estamos en julio, cabezota, y he sentido ganas de verte, necesidad, allá donde estuvieras. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Como un deseo de cumplimiento inmediato he aparecido en tu antigua habitación, en casa de tus padres. Se ve que la auto-transportación es una facultad de las lenguas, y claro, yo la tengo.&lt;br /&gt;Te encuentro desnuda sobre la colcha; dormida. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Te confieso que un cuerpo desnudo, para una lengua, es como un polo de limón un mediodía de agosto y no he podido resistirme: empezando por la punta de tus pies he comenzado a arrastrar mis papilas sobre tu piel. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Las uñas de tus pies me saben a esmalte “Rojo jungla pasión”. Resbalo por tus piernas, suaves, siempre depiladas, y me lleno del sabor de tu loción hidratante de almendras amargas. Subo, subo, y subo y, a donde llego, el sabor a sexo me bloquea y no puedo dejar de pensar en eso, en el sexo; como puedo, escapo por tu ombligo, dando tumbos de borracho, y tu piel que empieza a oler a tu perfume de mandarina me tranquiliza. Llego a tus pechos, templados y suaves como natillas dejadas a enfriar, y me tomo un respiro; exhausto aún, subo por tu cuello y tu boca me enloquece con el olor a nicotina mezclado con brillo de labios de sabor a cereza. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a huir; soy un cobarde. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Caigo en picado por tu hombro. Bajo por tu brazo y, por fin, encuentro un cobijo tranquilo en el pliegue de tus dedos corazón y anular. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Descubro que en tus manos se recogen todos los olores: sexo, tabaco, mandarina, almendras amargas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Esa eres tú, inmensa; y aquí estoy yo, convertido sólo en una lengua. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Noto que empiezo a salivar y sé que no es otra cosa que romper a llorar.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-7064690947143144935?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/7064690947143144935/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=7064690947143144935&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/7064690947143144935'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/7064690947143144935'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/07/deseo.html' title='Deseo'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sm2dFLLdXEI/AAAAAAAAAMU/v5PtAdCOeiU/s72-c/cereza.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-2443049405527145192</id><published>2009-07-19T19:42:00.003+02:00</published><updated>2009-07-19T19:57:04.895+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelatos'/><title type='text'>Estrella Polar</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SmNeWRwIKXI/AAAAAAAAALs/cyIWnx9_7ic/s1600-h/Pecera.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5360231718316419442" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 310px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SmNeWRwIKXI/AAAAAAAAALs/cyIWnx9_7ic/s320/Pecera.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SmNbG1jgBZI/AAAAAAAAALk/y9wcfGrTPcU/s1600-h/Pecera.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Mi abuelo tenía los ojos como dos peceras redondas, de esas que se compran un domingo por la mañana en el rastro de anticuarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los jueves por la tarde me recogía a la salida de inglés y me llevaba a tomar chocolate con churros a Santa Catalina. Al otro lado de la mesa, desde sus dos peceras, me miraba mientras merendaba y yo, en lugar de preguntarme por qué tenía un abuelo con semejantes ojos, o por qué no los escondía detrás de unas gafas de sol, hipnotizada, contaba las piedrecitas de color marrón que se amontonaban dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es importante aclarar que sus peceras no eran dos terrarios para culebras o lagartos. ¡Qué va! Eran peceras de agua, de esas que en las casas normales guardan unos pocos litros de agua dulce y una carpa dorada; sólo que mi abuelo, en vez de agua, guardaba tierra. Tierra, arenas, y pequeñas piedrecitas marrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus peceras me enseñó a nadar contra corriente, tanto en río como en mar; me mostró historias de piratas que bebían poleo-menta y me dejó adivinar batallas secretas, casi siempre perdidas; comprobé que no todas las sardinas son azules y, sobre todo, me enseñó a entender los caminos que dibujan las estrellas en el cielo y a saber encontrar la estrella del norte, “La Polar”, para no perderme jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace ya tiempo que ocurrió lo normal con las cosas delicadas y las peceras, con un golpe de la vida, se rompieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún hoy, cuando saco las manos de los bolsillos, encuentro siempre en ellas tierra y muchas, muchas, piedrecitas marrones.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-2443049405527145192?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/2443049405527145192/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=2443049405527145192&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2443049405527145192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2443049405527145192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/07/estrella-polar.html' title='Estrella Polar'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SmNeWRwIKXI/AAAAAAAAALs/cyIWnx9_7ic/s72-c/Pecera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-8648201080662728139</id><published>2009-07-07T17:08:00.001+02:00</published><updated>2009-07-07T17:09:23.448+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelatos'/><title type='text'>Pobre mariquita.</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SlNk8iORKWI/AAAAAAAAALU/aoIApA6PLSY/s1600-h/mariquitas.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355735373015230818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 212px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SlNk8iORKWI/AAAAAAAAALU/aoIApA6PLSY/s320/mariquitas.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ella siempre vestía una falda blanca de piqué con estampado de grandes mariquitas rojas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;            Él la seguía, también desde siempre, cinco pasos por detrás y en silencio. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;            A veces ocurría que una mariquita se caía de la falda y él, atento y gentil, evitaba pisarla, incluso le indicaba cómo encontrar una nueva falda donde vivir.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;            Ella nunca le miraba, ni mucho menos le hablaba.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;            Un día de agosto, mareado por el poniente, él se despistó, apenas un segundo, y pisó una mariquita. Al  oír el “cric” que sonó al  pisarla, ella se giró y por primera vez lo miró, a los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;            Al día siguiente él se calzó unas botas camperas de piel de vaca para hacer el mayor ruido posible cuando alguna  mariquita se distrajera y cayera. Al segundo “cric” ella se volvió y le dedicó sus cuatro primeras palabras: “¿Eres tonto o qué?   &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-8648201080662728139?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/8648201080662728139/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=8648201080662728139&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8648201080662728139'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8648201080662728139'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/07/pobre-mariquita.html' title='Pobre mariquita.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SlNk8iORKWI/AAAAAAAAALU/aoIApA6PLSY/s72-c/mariquitas.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-6123138911582211709</id><published>2009-07-03T18:09:00.005+02:00</published><updated>2009-07-04T21:23:27.705+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrrelatos'/><title type='text'>Jacaranda</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sk-sDxhMSTI/AAAAAAAAAK8/k5-gstVLhnc/s1600-h/jacaranda.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354687662798948658" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sk-sDxhMSTI/AAAAAAAAAK8/k5-gstVLhnc/s320/jacaranda.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;Coincidió que cuando empecé a trabajar como aprendiz en la tienda de caramelos de mamá al abuelo se le fue la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Mientras yo me afanaba en enroscar caramelo rosa sobre un palo para hacer piruletas, el abuelo hablaba de la necesidad “ineludible” de encontrar un huevo de hipogrifo. A la tercera que nombró al bicho ese, mamá le quitó la tele y los libros.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, aburrido, salía al jardín delantero de la tienda a dar patadas al poste de la luz. “Florece Jacaranda, florece” le gritaba. Harta, mamá lo ató con cinta americana a la mecedora; mientras, yo trenzaba las hebras rojas del puromoro.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Hoy, me entretenía metiendo Pictolines en una bolsa y me ha sorprendido ver la mecedora vacía, sólo unas cáscaras de huevo sobre el asiento. Por intuición he salido al jardín. Sobre el césped, cientos de campánulas lilas, de Jacaranda. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-6123138911582211709?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/6123138911582211709/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=6123138911582211709&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6123138911582211709'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6123138911582211709'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/07/jacaranda.html' title='Jacaranda'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sk-sDxhMSTI/AAAAAAAAAK8/k5-gstVLhnc/s72-c/jacaranda.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-3612354085483660339</id><published>2009-06-18T15:11:00.005+02:00</published><updated>2009-06-18T17:21:38.090+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inexplicables'/><title type='text'>Soy de clips.</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sjpa_g91GTI/AAAAAAAAAKk/LUZZFmx1F3s/s1600-h/untitled.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348687554683410738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sjpa_g91GTI/AAAAAAAAAKk/LUZZFmx1F3s/s200/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Soy de clips.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Supongo que algo tendrá que ver el hecho de que trabaje en una empresa que fabrica clips (aquí hay un poco de estomago agradecido ) pero en estos tiempos en los que todo es blanco o negro; se es del Madrid o del Barça; del PP o del PSOE; o como dice el anuncio: de Kas limón o Kas naranja; yo ante la tesitura de elegir entre clips o grapas, me quedo con los clips.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Así que para que quede claro y para el conocimiento general: soy de clips.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Quizás las grapas ofrezcan la ventaja de una sujeción más segura y duradera, creo que eso es indiscutible, pero por contra producen heridas permanentes que, con el paso del tiempo, se acaban oxidando y contaminan con su herrumbre lo grapado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Además estigmatizan. Fíjate y verás que cuando a algo se le retiran las grapas siempre queda la marca de la soledad. Esas dos pequeñas perforaciones muestran que una vez se fue parte de algo y ya no.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Los clips sin embargo son suaves, sujetan sin herir, permiten cierta flexibilidad en el movimiento, jamás se oxidan, y cuando se retiran no dejan una huella que, al menos, los demás puedan ver.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Como decía, soy de clips.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-3612354085483660339?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/3612354085483660339/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=3612354085483660339&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/3612354085483660339'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/3612354085483660339'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/06/soy-de-clips.html' title='Soy de clips.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sjpa_g91GTI/AAAAAAAAAKk/LUZZFmx1F3s/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-5304334416796338959</id><published>2009-06-02T12:05:00.004+02:00</published><updated>2009-06-02T14:30:42.163+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oficios'/><title type='text'>Planta de recuperación.</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SiT5npdirtI/AAAAAAAAAKE/TcFRDoBXYlw/s1600-h/ballet[1].jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342669517508226770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 264px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SiT5npdirtI/AAAAAAAAAKE/TcFRDoBXYlw/s400/ballet%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Dirijo una planta de recuperación. Somos líderes en el sector. Desde que lanzamos nuestra primera campaña publicitaria hace ya quince años (y eso que fue sólo en prensa escrita, porque por aquel entonces no nos podíamos permitir la televisión), hemos tenido un crecimiento geométrico en cuota de mercado sin precedentes, en ningún sector o producto. El consejo de administración, los socios, y los clientes, me adoran. Incluso hay un departamento en la Universidad de Harvard que estudia nuestra implantación, con intención de generar un patrón de comportamiento empresarial exitoso. Pero el mérito no es sólo mío: nuestro producto no tiene parangón. Es cierto que algunas empresas han intentado imitarnos durante estos años, pero eso es como intentar copiar al sol. Legalmente no pueden: en su día patenté el procedimiento y todos los modelos de utilidad (ya sabes, el consejo de administración me adora) y además, para hacer este trabajo hay que tener cierto “charmé”, que muy pocos tenemos. Como decía, dirijo una planta de recuperación, no cualquiera, dirijo la mejor planta de recuperación de recuerdos. Soy el número uno. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;No quisiera entrar ahora en largas disquisiciones técnicas, acerca del procedimiento que utilizamos para conseguir recuperar lo olvidado. La explicación gruesa, la que siempre doy en las entrevistas, es que los recuerdos, que en su día fueron vívidos para nosotros y ocupaban un espacio propio en nuestros cerebros, con el tiempo fueron perdiendo presencia y, para “dejar espacio” a otros recuerdos posteriores, actuales y por ello más interesantes, comenzaron un proceso de reducción física, hasta llegar a ser un micro recuerdo, una ceniza. Un recuerdo reciente es como un tomate de huerta recién cogido. Fresco, terso y jugoso. Un recuerdo de hace años, arrinconado, es como un tomate secado al sol. Pero, ¿has probado alguna vez un tomate secado al sol rehidratado, por ejemplo, con aceite y albahaca? Es tan, o más, sabroso que un tomate de huerta. Eso hacemos nosotros: localizamos los recuerdos reducidos casi a la nada y los hidratamos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;El “anzuelo” que utilizamos para localizar los recuerdos es el olor. Tenemos una base de datos, fruto del acúmulo de quince años, con olores de todo tipo. Archivados por zonas geográficas, y de más genérico a más concreto. No huele igual el romero de Sicilia que el romero de Ciudad del Cabo. No huele igual tan siquiera si está en flor o no. Es más, algunas pituitarias refinadas pueden distinguir la flor lila del romero de la blanca. Como digo, es una gran base de datos, que ponemos al servicio de nuestros clientes, tras haber tenido no menos de cinco entrevistas previas; todo ello con el fin de obtener la mayor información personal posible, para saber dónde buscar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Hoy me ha ocurrido algo que —cómo calificarlo— no es insólito, no; más bien, inesperado. Y es que, a pesar de que nuestro producto tiene un perfil de consumo de ocio (hijos que regalan a sus padres seis sesiones para recuperar los recuerdos de su infancia en el pueblo; regalos de aniversario para revivir viajes de novios o celebraciones; bonos regalo para rescatar todo tipo de momentos: partos, exámenes, abuelos, programas de radio, novios, un primer beso...), esta mañana se ha presentado en nuestras instalaciones una mujer con una propuesta, como decía antes, inusual. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Me explicaré. Nuestras instalaciones en la capital, están centralizadas en un clásico edificio del siglo XIX de tres plantas: la planta baja se dedica a laborales comerciales (captación de clientes; realización y entrega de presupuestos; ejecución de entrevistas previas a clientes tras aceptación de presupuesto); la segunda se dedica entera a tratamientos de recuperación en activo; y en la tercera planta está la oficina técnica y mi despacho. Cuando esta mañana he visto que mi teléfono sonaba y se encendía el piloto de identificación de llamada de la primera planta, ya me ha extrañado, jamás me llaman de la parte comercial, entre otras cosas porque las grandes cuentas las llevo yo personalmente (casas reales, artistas, ministros...). Y cuando me han pedido que bajara, la curiosidad me ha podido: “Enseguida voy”. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Tras el mostrador semicircular de la entrada, una mujer de mediana edad, esperaba de pie, pasando con desgana las hojas de uno de nuestros catálogos de servicios; por la cara de desespero de la comercial que estaba delante de ella y que miraba hacia mí con grandes ojos de gacela Thomson, he supuesto que era ahí donde me esperaban. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Me vanaglorio de saber conocer a las personas a golpe de vista, es algo que he aprendido con los años, aplico un sistema triple de análisis (mi triple screening personal: manos/pies/dientes) y, en unos segundos, sé qué tipo de interlocutor tengo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Zapatos de tacón, sin rozaduras, color de temporada; manos de dedos largos y finos, con uñas sin morder, limpias y de longitud moderada, sin esmalte, con un único anillo: la triple alianza de Cartier; su sonrisa, envuelta por un leve toque de brillo en los labios con dientes blanqueados y encías sanas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Buenos días— he saludado, dando la mano a la dama, y colocándome en el mismo lado del mostrador que ella— ¿puedo ayudar en algo?, soy el director de este pequeño “paraíso”—he bromeado mientras dibujaba con la mano derecha un círculo—. Dígame en qué puedo ayudarla. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ella sólo me ha sonreído y, ante su silencio, ha sido la comercial, incómoda, la que a borbotones me ha explicado: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— La señora dice no tener ningún recuerdo, en el sentido estricto de la afirmación, ninguno: no recuerda su nombre, ni dónde vive, ni quién es, ni nada de nada. Nada. Yo ya le he advertido que nuestro producto no es terapéutico, que para ese tipo de problemas lo recomendable es acudir a un médico, en su caso a un hospital, porque nuestros tratamientos son sólo de ocio, pero ella insiste. Dice que siente que debe venir aquí, que algo le empuja, que es lo único de lo que está segura, y luego me ha enseñado su bolso... &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y....?—de forma instintiva mis ojos han buscado su bolso, un Birkin a juego con los zapatos, del que conozco el precio y la lista de espera para conseguirlo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;La mujer, al ver que yo estaba mirando el bolso, lo ha cogido, y lo ha entreabierto para que pudiera ver en su interior: estaba lleno de diminutos brillantes. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— ¿Son auténticos?—he preguntado asombrado, sin saber qué otra cosa decir. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— No lo sé; tampoco sé cómo han llegado aquí—me ha contestado mirándome a los ojos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— Está bien, ya me ocupo yo; tranquila, sígame. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;El mundo de los negocios es un mundo de toma de decisiones, de riesgo, de saber ver oportunidades donde otros no. En eso se deberían centrar los investigadores de Harvard y dejarse de pamplinas de cuotas de mercado y niveles de implantación. La mujer sin recuerdos, que pide nuestra ayuda (con un Birkin lleno de brillantes, por cierto), es la voluntaria perfecta para la última línea de investigación que estamos diseñando en la planta tercera: la línea terapéutica, que sanidad nos ha estado torpedeando una y otra vez, y que supondría “romper el mercado”, en sentido literal. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;¿Qué hacer con alguien que no recuerda nada? ¿Cómo saber dónde buscar? Nosotros sostenemos que, aunque nuestro cerebro no recuerde, nuestro cuerpo puede, de una forma primitiva, responder a estímulos que sí reconoce. En concreto, creemos que las pupilas de un paciente, que no es capaz de identificar ningún recuerdo de forma voluntaria, sí que son capaces de contraerse de forma involuntaria al percibir elementos reconocibles (es algo similar a los movimientos REM de los ojos en las primeras fases del sueño, pero en las primeras fases del recuerdo). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Tenemos diseñado un plan de acción para este tipo de pacientes: acostados en una camilla, y en un estado inducido de sueño, estudiamos la reacción de sus pupilas, a tandas de diez olores, con descansos de quince minutos y olor a cítrico, para no colapsar a la pituitaria. Intentamos identificar los movimientos de reconocimiento de olores de las pupilas, comenzando por los genéricos y bajando poco a poco a los más concretos. Me explico: si un paciente reacciona a un gran genérico, por ejemplo, a olor a Mar; le pasamos olores de distintos mares, hasta que responde a uno en concreto, cuando localizamos ese mar, le pasamos olores de las principales comidas típicas de localidades costeras de ese mar, y así poco a poco, hasta dar en la diana. El proceso es exhaustivo y detallado y todas las pruebas que hemos realizado han sido un éxito; de todas hemos obtenido recuerdos, aunque ninguno de nuestros voluntarios, hasta ahora, había sido un “sujeto cero” (así llamamos a quién no tiene recuerdo alguno). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Esta era nuestra puesta de largo, toda la teoría debería funcionar en un paciente real, y bien digo debería porque, cuando he visto salir al jefe del proyecto de la sala de intervención, he sabido que no había funcionado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— ¿Nada?—le he preguntado mientras se quitaba los guantes de silicona en silencio. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— Nada. Pupilas totalmente estáticas, fracaso total. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— ¿No ha reaccionado a ninguna tanda? ¿A nada? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— Movimiento cero a las primeras quinientas tandas de diez. ¿Sabes cuántos olores son esos? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cero reconocimientos a los primeros cinco mil olores. No ha funcionado. En absoluto. Olvídalo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Al momento, la he visto salir a ella de la sala, con su mirada hueca y, al verme, ha sonreído. Me he acercado a ella, le he tomado la mano derecha y le he susurrado: “No desesperes, continuaremos mañana. ¿Tienes dónde dormir? ¿Podemos ayudarte en algo?” Ella, de forma natural, ha acercado su cara a la mía y me ha dado un beso en la mejilla: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— Gracias. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Al separar su mejilla de la mía, he visto su mirada desconcertada. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— ¿Qué ocurre? —le he preguntado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;— Tu olor... &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Me ha intrigado y he acercado mi cara a su cuello. He aspirado levemente y, con los ojos cerrados, me he dejado impregnar de su olor. He dejado que el aire que entraba en mis pulmones, viajara hacia mis recuerdos, libre, como por los tirabuzones de una montaña rusa, tal como recomendamos a nuestros clientes que hagan, y su olor me ha llevado a otros tiempos: al olor del mes de marzo y sus tormentas, al olor amargo y dulce de la cerveza fermentada en las tascas, al olor del humo de los Ducados en ayunas y, al final, al olor de una piel desnuda y sudada. &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ella se me ha abrazado y ha pegado su nariz a mi cuello, sin parar de olerme; y mientras todo mi equipo se me arremolinaba, tomando notas y haciéndome absurdas preguntas sobre el origen de mis olores (sí, sí; ya sé que hay que entenderles, forman parte del mejor equipo de recuperación de recuerdos), yo sólo he deseado que se fueran con rapidez a sus despachos, no para que averiguaran qué había fallado en nuestro sistema de recuperación, no, qué va, sino porque en realidad yo tampoco podía dejar de oler su pelo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-5304334416796338959?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/5304334416796338959/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=5304334416796338959&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5304334416796338959'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5304334416796338959'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/06/planta-de-recuperacion.html' title='Planta de recuperación.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SiT5npdirtI/AAAAAAAAAKE/TcFRDoBXYlw/s72-c/ballet%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-6023916531158375505</id><published>2009-05-14T19:11:00.010+02:00</published><updated>2010-03-01T09:29:54.629+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oficios'/><title type='text'>Con sabor a alquitrán</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SgxR8ZF2V7I/AAAAAAAAAJ0/K03JtOx8m24/s1600-h/carretera17-414x502.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335729756496615346" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 330px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SgxR8ZF2V7I/AAAAAAAAAJ0/K03JtOx8m24/s400/carretera17-414x502.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Trabajé durante años en una empresa de asfaltado de carreteras y nunca llegué a ser nada (como muy bien intuyó mi abuelo que pasaría) ni capataz, ni tan siquiera jefe de grupo. Mi trabajo consistía en andar detrás de la máquina alquitranadora, aplanando y alisando con una llana de metro y medio el alquitrán que de modo grueso la máquina volcaba sobre la calzada. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Luego llegó la crisis económica, esa que ahora llaman "la del 93", y la empresa, en cuanto el Gobierno dejó de invertir en infraestructuras (o eso es lo que nos dijeron los del comité en la última reunión que tuvimos en el sindicato), bajó la persiana y cerró. Yo, como mis cincuenta y tres compañeros, me quedé en la calle. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Al principio (durante dos o tres meses) intenté adaptarme y buscar un nuevo empleo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Probé a ser conserje de finca y duré ocho días pelados. Lo dejé porque me sentía como una perdiz de esas de patas rojas enjaulada, todo el día detrás de un mostrador a la luz de los tubos fluorescentes del zaguán, piando de pena. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;También intenté ser mimo en fiestas infantiles, incluso a veces payaso si había que suplir a algún compañero enfermo, pero encontré excesivo el esfuerzo por hacer felices a los niños que me tiraban vasos de coca-cola al traje de lunares  y cacahuetes con cáscara a la cara. También lo dejé. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Incluso intenté ser modelo al natural (de desnudos, para que se me entienda), pero acostumbrado a que nadie me mirara en mi faena diaria, me acabó obsesionando el que todos lo hicieran, lápiz en mano y, tras unos breves e intensos brotes psicóticos en los que me ahogaba por las noches al soñar sentirme observado y medido, lo tuve que dejar, esta vez, por orden del médico de cabecera. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Al final, una noche de junio en que había bebido un par de vinazos de Cariñena, aburrido, subí a la terraza para fumar y disparar a los gatos que mean la ropa tendida. Con la escopeta de mira telescópica cargada, mientras encañonaba un gato pardo tuerto y con media cola, tuve un momento de lucidez, una revelación como las de Santa Teresa, y me di cuenta de que llevaba tantos años en la carretera que no iba a poder olvidarla ni ser feliz y así, un poco al tuntún y sin grandes dramas, decidí levar anclas y volver a lo mío: la carretera. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche metí en una mochila lo básico (ahora mismo ya no recuerdo qué era lo básico para mí por aquel entonces, pero caber en una mochila, cabía) y empecé a andar por la AP7 dirección norte. Es una magnífica carretera, una de mis favoritas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Pronto la carretera me sorprendió con algo que había pasado inadvertido para mí durante los años en que la re-asfalté una y otra vez: su generosidad. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que los demás perdían sobre ella (benditas ventanillas bajadas, sobre todo en los atascos) ella me lo guardaba como una novia celosa. Regalos inesperados y por ello adorables. Tantas cosas fui recogiendo que, al final, tuve que echar mano de un carrito de supermercado para ir metiéndolo todo . &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Puedo asegurar que todo lo que encontré, hasta el día de hoy, me ha sido útil. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Encontré dinero en monedas e incluso una vez un billete de cincuenta. Encontré gafas de sol, pisadas y no pisadas; mecheros; bolsas de patatas fritas llenas, vacías y medio llenas o medio vacías; pieles de gatos y ratas atropelladas y disecadas al sol que utilicé para remendar mis zapatos. También encontré paquetes de tabaco casi enteros, seguro que de personas convencidas de poder desengancharse del vicio que por amor al alquitrán yo practico siempre que puedo; algún que otro medicamento, sobre todo paracetamol; ropa variada, gorras, preservativos usados (que uso como cordones) y sin usar (ya sabes para qué), algún libro, casi siempre de poesía aunque aún no sé por qué; periódicos amarillos o mojados, siempre contando lo peor de nuestra especie. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;También encontré cosas bellas con las que reconfortar el alma porque no sólo de pan vive el hombre: flores de todos los colores, cuarzos rojos y rosas, un par de conchas de peregrino, alas de mariposas desmembradas, fotografías a color y en blanco y negro de desconocidos sonrientes, un yo-yo rojo con luz en su interior... &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;A todo le encontré una utilidad, como digo, hasta hoy. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;En el punto kilométrico 293 de la N325 me he encontrado esta mañana una tarjeta de crédito que reluce como C3PO. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Como llevaba rato caminando, y el carro cada vez pesa más, he decido parar para descansar en un merendero de autopista y ahí la he encontrado. Sentado en el suelo, y más que otra cosa por entretenerme, he intentado cortar con la tarjeta un trozo de pan pero ha sido inútil, es muy enclenque y se dobla. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Luego he intentado usarla como tapa para el tacón de mi zapato. Ha sido inútil, al ponerme en pie me he dado cuenta de que patinaba como un cervatillo aprendiendo a ponerse en pie. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Sin darme por vencido he tratado de limpiarme los dientes con ella, pero es demasiado gruesa y no me pasa entre ellos, prefiero las hierbas del campo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Después de quince años he vuelto a tener otra revelación: he cogido la tarjeta y la he dejado en el mismo punto en que la encontré. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ya lo dicen los periódicos que me encuentro últimamente por las cunetas: estamos en crisis, otra vez. La llaman la Gran Crisis.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; Por eso, hazme caso, yo que ya sobreviví a la del 93 sé que la vida está muy achuchada como para ir cargando con peso inútil. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-6023916531158375505?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/6023916531158375505/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=6023916531158375505&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6023916531158375505'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6023916531158375505'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/05/sobre-el-asfalto.html' title='Con sabor a alquitrán'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SgxR8ZF2V7I/AAAAAAAAAJ0/K03JtOx8m24/s72-c/carretera17-414x502.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-302172119599418666</id><published>2009-05-03T20:09:00.003+02:00</published><updated>2009-05-05T12:10:05.908+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inexplicables'/><title type='text'>Me cayó una estrella</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sf3fV5htkPI/AAAAAAAAAJk/yB4ByAac5_8/s1600-h/estrellas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5331663101189001458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sf3fV5htkPI/AAAAAAAAAJk/yB4ByAac5_8/s400/estrellas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Anoche me cayó una estrella mientras dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, hizo diana en mi frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pienses que estoy loca, era una de esas estrellas de cartón amarillo fluorescente, que acumulan luz durante el día para crear falsos universos en las noches de pequeños cuartos de ladrillo estucado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ya no recordaba haberla pegado en el techo, pero ahí estaban, testigos de su ausencia y echándola de menos: la Osa Mayor, Centauro, Acuario y Andrómeda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconozco que al principio me asustó. Cuando uno está dormido no espera que nada le caiga encima; además podía haber sido cualquier cosa: la gata de la vecina que siempre se cuela en mi casa cuando aso sardinas, una cucaracha roja o una cucaracha negra, una gotera, o incluso, ya ves, una estrella.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Del susto me repuse enseguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que no supero es la pena de haberme perdido semejante acontecimiento astronómico: su entrada en mi atmósfera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso la he vuelto a pegar al techo, pero sin muchas ganas (casi diría que mal adrede), con el deseo de que vuelva a caerme encima, de que mi cielo me lance de nuevo cuerpos celestes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperando poder pedir un deseo, aunque sólo sea, a una pequeña estrella fugaz de cartón amarillo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-302172119599418666?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/302172119599418666/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=302172119599418666&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/302172119599418666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/302172119599418666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/05/me-cayo-una-estrella.html' title='Me cayó una estrella'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/Sf3fV5htkPI/AAAAAAAAAJk/yB4ByAac5_8/s72-c/estrellas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-6732026230286094467</id><published>2009-04-19T22:03:00.003+02:00</published><updated>2009-04-19T22:30:41.801+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Razones</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SeuD7QF0EjI/AAAAAAAAAJc/RBvFbxsj59k/s1600-h/razones.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5326496038250615346" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 316px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SeuD7QF0EjI/AAAAAAAAAJc/RBvFbxsj59k/s400/razones.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gusta hacer listas, listas de razones. Soy así. Además, a cada lista la vinculo de forma consciente e intencionada con una canción y, siempre que la consulto, completo, o corrijo lo hago con su música de fondo; así creo una conexión emocional entre el listado y la canción que puedo reproducir siempre que voy a trabajar en ella, es como una atmósfera protectora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, cuando dejé de fumar, hará tres años el próximo siete de enero, me hice una lista de razones para dejarlo. Al principio sólo tenía razones prestadas, las razones que todos conocemos: evitar el cáncer de pulmón, prevenir enfermedades cardiovasculares, ganar calidad de vida… ese tipo de cosas. A la lista de las razones para dejar de fumar le asocié la canción de Cat Stevens “Father and son”, por su toque de longevidad. Luego esa lista de razones prestadas se fue convirtiendo, con trabajo, en una lista de mis propias razones: saborear la sal en tus labios, sorprendentemente esponjosos, tras un paseo nocturno por la playa; distinguir el aroma de la uva mencía en una copa de vino tinto; reconocer el olor de las pastillas de jabón que escondes entre la ropa limpia al cambiar las sábanas; descubrir que me gusta el queso azul, en tostada de pan duro, en ayunas; saber que acabas de salir de casa porque aún huele a café en la cocina…. Mis verdaderas razones, que fui anotando conforme las descubría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué lo hago? En realidad no lo sé. Yo me recuerdo desde niño haciendo listas y, al final, he llegado al convencimiento de que las hago por culpa de Esopo. Bueno, en realidad no es tan sencillo, es algo más indirecto: diría que es por influencia de una ilustración, hecha de acuarela, que me fascinaba siendo niño, y que acompañaba la fábula de la cigarra y de la hormiga, en un compendio de fábulas que mi abuelo Juan guardaba en su biblioteca. Esa ilustración se clavó en mi mente infantil y yo le atribuyo la génesis de dos de mis pasiones: el arte y las listas. Demasiado largo para explicarlo a todo el que me pregunta por qué hago listas, por eso digo que es influencia de Esopo, queda más enigmático, más chic. Con sinceridad, creo que es la única explicación para ésta manía que todos me han reprochado en alguna ocasión, por poco normal, o por poco masculina, por rara, por todo tipo de razones, pero que para mí se justifica por el peso de su lógica: acumular para cuando no hay. Eso es lo que hago, acumular razones para cuando no las tengo. Nada más&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, por la importancia que tienen para mí, no entiendo cómo me ha podido pasar esto. Cuando esta tarde he abierto la lavadora para sacar la ropa mojada, me he dado cuenta, en seguida, de que algo no iba bien. Toda la ropa, además era la colada de ropa oscura, estaba salpicada de pelusa blanca, de celulosa. El corazón me ha dado un vuelco, nunca me había pasado hasta hoy. Al principio he tenido la esperanza de que hubiera sido algún pañuelo de papel olvidado en un bolsillo, o un ticket del súper, o quizás un trocito de papel de váter de esos que usas en los semáforos, cuando vamos en el coche, para retocarte el pintalabios y que luego olvidas en los bolsillos, en la guantera, en todas partes; pero no, cuando he visto que entre la ropa lavada estaba mi chaqueta de punto azul, la que llevaba ayer, he sabido que era una de mis cuartillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco entiendo por qué a ti te da igual, aunque tengo claro que es así. Fíjate que cuando me has visto entrar con la amalgama de bolitas de papel sobre la palma de mi mano y la cesta de la ropa húmeda apoyada en la cadera, se te ha empezado a escapar una carcajada, que has abortado en una pedorreta al taparte la boca con los dedos entreabiertos de tu mano derecha. Creo que la desolación de mis ojos es la que ha avergonzado a tu risotada. Te has mordido el labio inferior, haciendo esa mueca de maldad que tantas veces he visto dibujada en tu cara. Me has preguntado: “¿Cuál ha sido?” y sin esperar respuesta has salido corriendo de la cocina, con la mano todavía sobre la boca. No soy tonto y te advierto que he visto el rescoldo de la risa en tus ojos antes de que salieras, por eso quizás, por el enfado que he notado que me empezaba a subir por la nariz que ya me hormigueaba, te he gritado: “Las razones por las que te quiero”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada ha podido disimular tu carcajada al otro lado de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú ríete todo lo que te dé la gana, pero estoy seguro de que no voy a poder rehacer la lista porque durante estos cinco años la he completado de forma exhaustiva, ya lo sabes, y me siento incapaz de recordar todo lo que anoté en ella. Lo obvio, las tres razones iniciales de apertura no importan (toda lista empieza con tres razones comunes, son los básicos de un listado), y aunque tampoco las recuerdo con exactitud serían algo así como: tener alguien a quien querer, ser querido por ese alguien, y poder compartir un proyecto de vida; lugares comunes, banalidades. ¿Y si esta misma noche necesito una razón para seguir amándote y no he recordado ninguna?, ¿qué crees que pasará?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he tenido ganas de tender, dada la situación creo que es obvio el porqué. He vuelto a dejar el cesto de la ropa sobre la lavadora, y me he sentado en la cocina, mirando las bolitas mojadas de papel que he esparcido sobre la mesa. En el lector de CDS he buscado la canción número cinco y le he dado a la tecla. Un homenaje póstumo, escuchar su canción sin ella. Bruce Springsteen, “Dancing in the dark”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo escojo las canciones, eso es otra de las cosas que tampoco tengo claras y para la que también tengo una teoría: creo que son ellas las que me escogen a mí. Me lanzan algún tipo de señal invisible, quizás una onda electromagnética que sólo las personas con altas capacidades sensoriales percibimos, que me provoca el pálpito de que estoy ante la melodía correcta. Un ejemplo: cómo elegí la canción de Bruce, “Dancing in the dark” para el listado de las razones por las que te quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevábamos más de un año juntos y jamás sentí la necesidad, ni tuve la idea, de hacer la lista; hasta esa noche concreta. De la revista, en la que trabajaba por aquel entonces, me mandaron a cubrir la inauguración de una exposición, aún la recuerdo: “Principios coincidentes”. Se trataba de reproducir, en distintos formatos visuales, la coincidencia en el inicio de sus andaduras profesionales de diferentes personajes, escritores, arquitectos, toreros, artistas… Una basura de exposición. Menos mal que tú me acompañaste. Al entrar en la sala de exposiciones nos hicieron entrega del recordatorio diseñado al efecto. Lo recuerdo con precisión porque ahí fue donde me surgió la primera duda. Lo miraste divertida y dijiste “¡Qué mono!, un separador de libros” mientras yo decía: “Vaya, un punto de lectura”. ¿Te das cuenta? Separador de libros/punto de lectura. Poco más de un año juntos y ya nos referíamos a las mismas cosas de forma distinta. Me asustó pensar que eso podía ser el principio de una tendencia a la baja, aunque tú no pareciste darte cuenta de nada, metiste tu separador de libro en el bolsito de cuentas de color negro que llevabas en la mano y continuaste como si tal cosa. Yo estaba muerto de miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la sala contigua había un mimo que retorciendo globos-longaniza hacía figuras diversas. Tan pesada te pusiste con que querías una flor globo que nos acercamos a pedirla. De nuevo, se produjo una alteración de nuestra ya rota armonía, porque tú hablabas de hinchar el globo para hacer una flor, mientras que yo pedí que lo inflaran. Hinchar/inflar. No era baladí la cuestión, no sólo era la hache sino el hecho de utilizar, de nuevo, palabras distintas para una misma cosa. Dos veces la misma noche. Me dio tanto miedo poder perderte, algún día, que en ese preciso momento, decidí empezar una lista de las razones por las que te quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú, que estabas entusiasmada con tu flor rosa de globo, ajena a las convulsiones de mi universo, me cogiste del brazo y a estirones me metiste en la siguiente sala, donde servían copas de Martini rojo e iba a comenzar una proyección. Soltaste mi brazo y, mientras intentabas conseguir nuestras dos copas, la sala quedó a oscuras, y empezó a proyectarse el vídeo de la canción de Bruce Springsteen “Dancing in the dark”, donde una jovencísima Courtney Cox subía con él, al escenario, al final de la actuación. Sin esperarlo, con la canción de fondo, y precedida de un suave olor Martini, acercaste tus labios a mi oído y susurraste: “Te quiero”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No es eso una señal? ¿Qué otra canción podía haber acompañado la lista?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que tendré que solucionar esta situación, pero no la tenía prevista y claro, no diseñé un plan para constituir mi propio gabinete de crisis. No lo sé, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ha hecho de noche. Estas tardes cortas de domingo de invierno apenas dan para nada. He salido de la cocina a oscuras. Tú estás en el comedor, has recogido las cortinas del ventanal, y has dejado al descubierto el mirador de cinco metros por dos que preside el salón. Esta casa la elegimos por ese ventanal. Llevas una copa de vino tinto en la mano y contemplas la noche llena de estrellas tras el cristal. No sé cómo pero intuyes que estoy en la puerta, mirándote, y te giras sonriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Te apetece una copa? La he abierto hace diez minutos. Es un Maduresa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Sí, claro — le he contestado mientras yo mismo me servía la copa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Hace una noche preciosa, y el cielo está despejado. Creo que hoy es la noche adecuada. ¿Me vas a ayudar? He comprado dos rotuladores permanentes, de punta gruesa, plateados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Jamás me perdería la oportunidad de copiar el universo, contigo, en el cristal de nuestro comedor. ¿Busco estrellas y dibujo un puntito en el sitio exacto de nuestro cristal? ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Eso es, como si el cielo fuera una plantilla. Tendremos estrellas de noche y de día. Aunque esté nublado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Vale, yo empiezo por el este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Bien. Espera, voy a poner música, trabajaremos mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He oído los primeros acordes de “As time goes by” y no he podido reprimir una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-6732026230286094467?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/6732026230286094467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=6732026230286094467&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6732026230286094467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6732026230286094467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/04/razones.html' title='Razones'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SeuD7QF0EjI/AAAAAAAAAJc/RBvFbxsj59k/s72-c/razones.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-4129111805816585782</id><published>2009-04-05T18:33:00.006+02:00</published><updated>2010-03-10T09:42:06.710+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oficios'/><title type='text'>La corsetería</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SdjdiUHpuUI/AAAAAAAAAJM/750PZXo8mOU/s1600-h/piernas-y-medias-7.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321246541324335426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 393px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SdjdiUHpuUI/AAAAAAAAAJM/750PZXo8mOU/s400/piernas-y-medias-7.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ruibarbo, a pesar del nombre que le pusieron sus padres en honor al cuento del Barbo del Río que les contaban en la parroquia donde se conocieron siendo niños, y que le mantuvieron incluso cuando descubrieron que en realidad se trataba del nombre de una hortaliza china, cuestión esta que le perjudicó seriamente en sus tiempos escolares; era ahora un hombre feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así lo reconocía él mismo cuando alguno de sus vecinos le preguntaba sobre el rumor al respecto que corría por el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oye Ruibarbo que dicen por ahí que eres feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Ricardo, sí que lo soy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era dueño de la única corsetería del pueblo, y estaba especializado en la venta de medias y pantys.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el día a día, vendía medias de fabricación nacional, casi todas de espuma, que tenían alta resistencia a las carreras y no hacían bolitas al ser lavadas a máquina. Para ocasiones especiales Ruibarbo vendía medias traídas de París; de seda y de mohair, de malla e incluso con costura trasera a lo Marilyn; y siempre recomendaba el lavado a mano y con agua fría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando su hijo mayor tuvo edad para aprender el oficio, Ruibarbo que era un hombre inquieto y con aspiraciones típicas de su tiempo, le confió la creación y dirección de la línea de Investigación y Desarrollo que hacía años pensaba necesitaba la tienda y que, sólo por la falta tremenda de tiempo que tenía, no había creado antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ruibarbo que no sólo se preocupaba por su felicidad (entre otras cosas y por eso mismo, a su hijo le había puesto el nombre de Luis) pensó que ese trabajo sería ideal para el niño. ¿Quién mejor para investigar y desarrollar que alguien que tiene todo el tiempo del mundo por delante y la cabeza vacía como un botijo para llenar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su hijo, encantado con el hecho de ser a los dieciséis años Director del proyecto de I+D de la corsetería, puesto que le daba gran prestigio entre sus amigos, y mejor aún, entre sus amigas, tres de las cuales ya le habían invitado al cine del sábado noche desde su nombramiento (palomitas incluidas), se pasó meses, de lunes a viernes, en el sótano de la tienda “investigando y desarrollando”, pensaban sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana de marzo, a las doce y media de la mañana Luís subió a la tienda con un pedazo de tela negra en la mano. No mediría más de veinte por veinte, pero parecía de gran importancia por la excitación del chaval. Hay que decir que no cabe duda sobre la hora porque en ese mismo momento llegaba el furgón de reparto de medicamentos a la farmacia de enfrente, como todos los martes, a las doce y media.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Papa, quiero enseñarte este material en el que he estado trabajando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ruibarbo empaquetó, con papel de estraza, los pantys rojos con liguero que acababa de comprar la concejala de cultura, metió el paquete en una bonita bolsa malva con letras moradas en la que se leía “Corsetería Ruibarbo”, le cobró, y cuando se quedaron a solas se acercó a su hijo que esperaba con la tela sobre el mostrador de madera de haya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué tiene de especial?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su resistencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Resiste mejor a los enganchones?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No papá. No es que sea más difícil de romper. Es que es imposible. Este material es extremadamente resistente a las roturas y carreras. Lo he llamado legging. ¿Te gusta el nombre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se hacen carreras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, ninguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué pasa, papá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada Luís. Que tenemos que hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De qué? Va a ser un bombazo. ¿No estás contento? Es el futuro. Mira, toca, intenta romperla, es imposible. Ni con un palillo astillado. Mira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede ser. Puede ser. No te digo que no. Pero no lo podemos vender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No? ¿Qué quieres decir con que no lo podemos vender?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atiéndeme y presta atención Luís, que ya eres mayor. No lo suficiente, pero me veo obligado a contártelo, por las circunstancias actuales: esto, en realidad, no es sólo una corsetería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y entonces qué es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un centro de análisis y promoción del entendimiento con el sexo femenino. No pongas esa cara ¿No me crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí vendemos medias de las que se hacen carreras; antes o después, pero carreras al fin y a la postre. Si no, no hay entendimiento posible. La información que suministran las carreras en las medias, principalmente en las medias negras, es básica para los hombres de este pueblo; para poder entender a nuestras vecinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De qué me hablas, papá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabrás, lo digo porque es una queja generalizada, que los hombres tenemos problemas para entender a las mujeres ¿Verdad, hijo? Que son seres extraños que reaccionan de forma impredecible en muchas ocasiones...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, papá; os lo he oido decir muchas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues hace años descubrimos, por casualidad, en la verbena de la fiesta de la vendimia, que las mujeres, seres tan impredecibles para otros muchos asuntos, sólo reaccionan de tres formas ante una carrera en unas medias negras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Si?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Las hay que les importa tres pitos las carreras y agujeros, y que siguen como si nada, a la suya, sin importarles lo que digan los demás. Luego están las que se dan cuenta de la carrera y se pasan el rato intentando disimularlo, medio escondidas, intentado guardar las apariencias. Y las últimas, que son las más previsoras, llevan un par o dos de medias de recambio en el bolso y en cuanto se ven la carrera se van al servicio, se cambian, y siguen como si nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y eso es importante?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues sí hijo, mucho. Eso nos dice mucho de ellas, mucho. Aquí cada uno saca sus conclusiones y se arrima a quien le interesa. Toda ayuda es poca en esto de las relaciones entre hombre y mujeres. Ya lo entenderás hijo. Te “pilla” un poco joven aún. Pero ya te llegará y agradecerás estos conocimientos que te regalamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vale. ¿Y mis leggins?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olvídalos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien. Como digas. ¿Te puedo hacer una pregunta, papá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Mamá cómo reacciona al llevar una carrera en las medidas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hijo mío, parece mentira que no te hayas dado cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De qué papá? Todos dicen que eres feliz, supongo que te fijarías en eso también. ¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hijo, estás en la inopia. Mamá nunca, nunca jamás, lleva medias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-4129111805816585782?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/4129111805816585782/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=4129111805816585782&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/4129111805816585782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/4129111805816585782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/04/la-corseteria.html' title='La corsetería'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SdjdiUHpuUI/AAAAAAAAAJM/750PZXo8mOU/s72-c/piernas-y-medias-7.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-2179715551535079126</id><published>2009-03-08T20:25:00.006+01:00</published><updated>2009-12-13T20:29:57.803+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cartas de amor'/><title type='text'>Madre e hija</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SbQb1OYIN_I/AAAAAAAAAIE/1fPLRogLtto/s1600-h/Madre+e+hijo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 280px; height: 375px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SbQb1OYIN_I/AAAAAAAAAIE/1fPLRogLtto/s400/Madre+e+hijo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5310900461782972402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madre, como todas las noches, acuesta a la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Le gusta sentarse en el borde de la cama y compartir con ella los últimos momentos del día, con la luz de la habitación apagada. ¿Te lo has comido hoy todo en el cole? ¿Te aprietan las zapatillas? Me lo tienes que decir tú, acuérdate, que el pie te crece mucho.... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo es susurrar algunas palabras tontas mientras le acaricia la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Las mochilas del colegio y los uniformes están preparados ya para el día siguiente, sobre la mesa de estudio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La niña en realidad ya no es tan pequeña, aparenta bien los ocho años que tiene, pero todo en su habitación es suave: su pijama de felpita gris es suave, su moflete que conserva la pelusilla de bebé es suave, los cuatro peluches que abraza (el osito Bruno, la vaca Renata, el reno Rodolfo y la rata Patata) ya eran suaves cuando llegaron a casa, y ahora, tras tantas noches de abrazos e innumerables lavadoras, lo son mucho más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Todo es tan suave que sabe a azúcar, no como las manzanas de caramelo rojo brillante de la feria que al final son un poquito amargas; más bien como las natillas recién hechas que las abuelas aún hacen a mano y se dejan enfriar en la bancada de la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; De un tiempo a esta parte, todas las noches pasa lo mismo: cuando la niña ya está medio vencida por el sueño, y su madre comienza a levantarse para salir de la habitación, la pequeña abre sus hermosos ojos rasgados, “de gacela Thompson” han bromeado mil veces, y le dice indefensa a su madre: Mamá ¿Me voy a morir? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Algún día, cariño; pero dentro de muchos, muchos años.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Pero yo no me quiero morir. No me quiero morir, no quiero que te mueras, quiero estar siempre contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y su madre, como todas estas últimas noches, siente un pellizco en la boca del estómago. No se explica de dónde ha sacado esa idea. ¿No le puede preguntar, por ejemplo, por qué están pegadas al suelo si el planeta es redondo y está dando  vueltas al sol? Esa es una buena pregunta para una niña de ocho años.  O ¿por qué los volcanes entran en erupción sin previo aviso?. Los volcanes fascinan a los niños. A casi todos. Pero no, ella, tan dulce, hace preguntas amargas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y la madre piensa en lo sencillo que sería desplegar un mundo mágico en la palma de su mano, ante los ojos de su niña. Un mundo en que seres maravillosos, con alas blancas y doradas, cuidaran de todos. Una segunda casa, en un mundo azul, donde las familias se volvieran a reunir. Un mundo donde no lloviera nunca porque las nubes quedaran más abajo. Un mundo con una permanente leve brisa,y sonrisas, y amor eternos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero la madre decidió decir siempre la verdad a sus hijos. Ya no recuerda cuándo lo decidió, pero lo hizo y es firme en sus convicciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Es una madre dura, uno se da cuenta de eso sólo con verla: a ella, a sus arrugas de fruncir el ceño; a su pelo recogido en un moño alto sujeto al tuntún con dos palillos chinos; a su maletín negro con cierre y candado dorado, preparado  junto a la puerta de casa para el día siguiente, junto a sus zapatos negros de lazada gris; a su paraguas azul de puntitos azules. Azul sobre azul, qué cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Es tan dura que deja sabor a sal en la boca. No como se te quedan los labios después de comer pipas sin pelar, mientras paseas por ejemplo por el campo; no, más bien a cómo sabe la piel tras un día de playa: a agua evaporada, a salitre, a sol, a viento, a mar abierto, a olas, a mareas, a corrientes, a conchas rotas por la fuerza del mar, a algas abandonadas en la orilla, a horizonte finito y curvo. Ese tipo de sal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Mamá me voy a morir?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Algún día, cariño, pero dentro de muchos, muchos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero yo no quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No te preocupes, confía en mí. Cuando seas mayor lo entenderás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La madre sale de la habitación, la niña dulce confía en ella, cuando sea mayor lo entenderá... se queda tranquila en su cama de algodón y se duerme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La madre, que va a prepararse la cena, sabe que eso también es mentir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-2179715551535079126?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/2179715551535079126/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=2179715551535079126&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2179715551535079126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2179715551535079126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/03/madre-e-hija.html' title='Madre e hija'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SbQb1OYIN_I/AAAAAAAAAIE/1fPLRogLtto/s72-c/Madre+e+hijo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-669561715381504863</id><published>2009-02-16T19:13:00.004+01:00</published><updated>2009-02-16T19:56:42.631+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cartas de amor'/><title type='text'>Punto y seguido</title><content type='html'>“El que se pone cuando termina un período y el texto continúa inmediatamente después del punto en el mismo renglón”. (REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dedicado a todos los que cumplen cuarenta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SZmtWcG6Y5I/AAAAAAAAAHk/O_A1M8YI7SA/s1600-h/20060628222543-tarta-vela.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 288px; height: 295px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SZmtWcG6Y5I/AAAAAAAAAHk/O_A1M8YI7SA/s400/20060628222543-tarta-vela.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303460637219382162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En estos tiempos que vivimos, en los que el hedonismo impera en el primer mundo y nos sumerge en una imparable vorágine de celebraciones: celebramos nacimientos y uniones, pero también separaciones y divorcios; comuniones religiosas y civiles; jubilaciones, despidos, licenciaturas y goles; la caída de un primer diente o de un último pelo; cumpleaños y santos; la entrega de un premio y un aprobado pelado; bodas de plata, oro y diamantes... En estos tiempos, vale la pena llamar la atención sobre una celebración que pudiera pasar desapercibida al mezclarse con el pelotón de absurdas alegrías a las que nos hemos aficionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Me refiero a la celebración de los 40 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No postulo — en absoluto —, la necesidad de organizar una fiesta sorpresa, por otra parte tan extendida en la actualidad, en la que a un atónito cumpleañero se le coloca un matasuegras en la boca que se le queda abierta al entrar en su casa y descubrir treinta caras que le sonríen medio ocultas en la oscuridad al grito de ¡Feliz Cumpleaños! Lo que desde aquí quiero reivindicar es el derecho a realizar, de forma pausada y honesta, una reflexión sobre el camino andado, y lo que resta por recorrer. Quizás ello nos haga mejores personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Dicen que es de sabios aprender de los errores; estoy segura de que de más sabios es aprender de todo lo vivido, lo correcto y lo errado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no sirve de nada decir que en los primeros cuarenta años se aprende a amar, a odiar, a desear, a respetar... No, eso son generalidades. Esos sentimientos, y muchos otros, van implícitos en nuestra carga genética, no podemos vanagloriarnos de ellos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De lo que sí podemos estar orgullosos es de haber aprendido, y asumido, que la vida tiene matices infinitos, y que no todo es blanco o negro. Aprender a ver esos matices, reconocerlos e incluso disfrutarlos, es tarea de una vida entera. Orgulloso puede estar el que lo consigue a los cuarenta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la búsqueda de nuestros propios matices sé que aprendimos a querer incluso a los que nos fallaban; aprendimos a trabajar y a sonreír; aprendimos a dormir juntos y a juntarnos para no dormir; aprendimos a luchar a pecho descubierto contra la muerte y aprendimos que siempre perderíamos esa batalla; aprendimos que el cansancio nos hace menos humanos, quizás y precisamente, por acercarnos a nuestra propia humanidad; aprendimos a dar la vida por los que queremos; a reír aunque tuviéramos el alma partida; a llorar por las penas ajenas. Aprendimos que la soledad es tóxica pero a veces necesaria; que nuestros hijos nunca serán como nosotros, igual que nosotros no hemos sido como nuestros padres; aprendimos a levantarnos del suelo cuando más derrotados estábamos. También aprendimos que siempre una mano sujetaría la nuestra cuando no viéramos dónde agarrarnos. Aprendimos que las lágrimas podían ser dulces y saladas; y que el coraje es lo que siempre quedará de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Es verdad, aprendimos a reír, a soñar, a llorar, a sentir, pero sobre todo aprendimos a ser personas. Me gustaría pensar que buenas personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo hablar de lo que nos deparará el futuro, ni de si nos esperan cuarenta años más o no; ni  de si serán mejores o peores. Sólo puedo hablar del pasado, y estar orgullosa del nuestro, asumiendo con naturalidad que ha de tener luces y sombras, y que lleno de matices nos ha preparado para el resto de nuestra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ello, reivindico una atención especial al cumplir cuarenta años. Creo que es el momento oportuno, como a veces ocurre al leer un párrafo largo, para realizar una pausa y respirar; una pausa que nos dé el oxigeno necesario para proseguir por nuestro camino. En uno y otro caso — en la lectura y en la vida — es recomendable poner un punto. Sin duda, un punto y seguido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-669561715381504863?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/669561715381504863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=669561715381504863&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/669561715381504863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/669561715381504863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/02/punto-y-seguido.html' title='Punto y seguido'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SZmtWcG6Y5I/AAAAAAAAAHk/O_A1M8YI7SA/s72-c/20060628222543-tarta-vela.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-1868133809028424473</id><published>2009-02-03T14:30:00.006+01:00</published><updated>2009-02-03T16:18:38.840+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cartas de amor'/><title type='text'>Doscientas seis razones de amor</title><content type='html'>(Este relato es la versión extensa del que se publicó en el libro "El sueño del gato" y que cumple ahora un año. En su día se lo dediqué a Felipe y, ahora, lo reitero). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SYhHSqjkjiI/AAAAAAAAAHc/kpyoSonD6rc/s1600-h/chupa+chups.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SYhHSqjkjiI/AAAAAAAAAHc/kpyoSonD6rc/s400/chupa+chups.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298563347588091426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en escribir una historia de amor. No la nuestra, ¡qué va! Ni tan siquiera pensé en escribírtela a ti — sabes que no supero el pudor de ver mi reflejo desnudo en un papel, a la intemperie— pero pronto sentí que mis pies de barro, de escritora de domingo, patinaban y, en lugar de escuchar la voz de la experiencia del maestro Sampedro que me reconvenía desde la estantería y repetía que el escritor es como un minero que ha de bajar todos los días a lo más hondo de sus entrañas para extraer el material con el que trabajar, me obsesioné en cumplir a rajatabla los rudimentos básicos aprendidos en mis cursos de escritura y sacrifiqué los porqués por el cómo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Así  fue como nació “Doscientos seis huesos de amor”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Urdí una sorprendente historia, con un argumento innovador y, aunque la técnica me fallara, lo podría suplir con el tirón de la trama. Imaginé algo mágico, como tener un don y poder cambiar huesos por deseos. Huesos propios por sueños ajenos. ¿Por qué no? ¿Cuántas veces decimos: por ti pondría la mano en el fuego, por ti daría la vida entera, que me corten la mano derecha si…? ¿Por qué mi protagonista no podía sacrificar huesos a cambio de deseos? ¿Podría existir forma más rotunda de amar que la que demuestra el que renuncia, poco a poco, a su propio cuerpo, a su vida, a cambio de hacer realidad los sueños y deseos de sus seres queridos? El planteamiento de mi relato estaba decidido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ahí la historia tenía que crecer —olvidé el amor, objetivo primigenio, te olvidé a ti, olvidé al mundo— y me dejé arrastrar por la vorágine creativa. Investigué. Me hice con un gráfico del esqueleto humano (que al menos me devolvió el recuerdo casi perdido de Pepito, el esqueleto del colegio, que decían se aparecía en los rellanos de la escalera trasera, tan tenebrosa ella) y aprendí sobre huesos y esqueletos. Necesitaba saber qué huesos podría regalar con más facilidad y, cuáles supondrían una renuncia mayor, más amor. He de reconocer que el tema se me fue de las manos y se convirtió en una especie de macabro mercado de huesos. Planifiqué todo tipo de formas de ocultar el trueque. Y al final, rodeada de plantillas de esqueletos con huesos tachados en distintos órdenes y anotaciones de deseos colmados, concluí que, de los doscientos seis huesos que una persona tiene en su esqueleto podría, por amor, prescindir de ciento cincuenta y siete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ahí estaban  el nudo y el desenlace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El nudo empezaría con la confesión del secreto don en una carta de amor, de los años de cuidadosa planificación a la hora de elegir a qué huesos renunciar y para qué. Explicaría cómo mi protagonista se acostumbró a querer a través de su don y, qué fácil era conseguir la felicidad mediante el sacrificio propio. Eso hasta llegar al hueso ciento cincuenta y siete, límite vital y momento del desenlace: una retahíla de los últimos cuarenta y nueve huesos-deseos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  ¿Sabes qué te digo? Que menuda tontería de historia. ¡Qué estupidez! Para hablar de amor hay que templar la voz, hay que ser honesto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Honesta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Deseché la historia del aquelarre de huesos, levanté la mirada de la pantalla del ordenador y miré a mi alrededor. Estaba rodeada de nuestras cosas, de nuestra vida, pero… ¿dónde estaba el amor, el de verdad, el nuestro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Pobre de mí! Yo que nunca escribo sobre nosotros, que siempre tiro de imaginación, ¿sabes qué?, sentí que, por necesidad, para escribir de amor y, ser honesta, debía escribir sobre ti, sobre mí. Nosotros. Porque ¿sabes tú dónde está el amor? Deja que te cuente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En estos momentos en los que la vida es tan dura, tanto que a veces parece extremadamente cruel (y juro que esta terminación en “mente” no peca de exceso; bueno, tú ya lo sabes, ¿verdad amor?), ahora que nos ha tocado toda la cal junta, quiero susurrarte, o quizás gritar, ¿por qué no?, que el amor nos arropa, está a nuestro alrededor, en nosotros mismos, en nuestra familia, en nuestros amigos que tienden sus manos firmes para sujetarnos; en momentos concretos, en miradas, en sabores, en tu olor…, porque en realidad el amor es lo más preciado que tenemos, lo que nos mantiene en pie, es lo único que puede ayudarnos a paliar tanto dolor que nos toca vivir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, y porque a veces te acercas a mí con los ojos muy abiertos y me preguntas si aún te quiero, te ofrezco en esta, ahora sí, nuestra carta de amor, una ventana abierta a mis entrañas y, te regalo, no sé si doscientas seis razones de amor (eso habría sido una dulce coincidencia de justicia poética) pero lo que sí sé es que todas son honestas razones de amor, las nuestras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y te quiero porque cuando la vida nos aprieta, casi hasta asfixiar, tú te creces y te conviertes en el espigón que nos da abrigo; porque me haces el café los sábados por la mañana al levantarme; porque te comiste aquellos calamares con guindillas machacadas que te cociné nada más casarnos y que te dieron diarrea durante todo el día; porque cuando voy al médico muerta de miedo me acompañas siempre, aunque el mundo se hunda a tu alrededor, siempre me acompañas; porque cuando hay que buscar una voz firme siempre suena la tuya por encima de las demás; porque cuando me caigo me levantas y me das un beso; porque cuando lloro por los que no están, guardas silencio y me dejas respirar; porque compartes conmigo muchos entierros; porque compartes conmigo nuestros nacimientos; porque cuando tú estás no tengo miedo a la noche y duermo tranquila; porque perdonas a mi boca que a veces dice cosas que no siente mi corazón; porque siempre quieres besar esa boca; porque elegiste aquel vals de Aspects of love para nuestra boda; porque siempre estás dispuesto para tomar unas cervezas con los amigos; porque si ves a alguien caer en la calle eres el primero en ayudarle a levantarse, nunca te he visto reír por algo así. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, te quiero por los dos hijos que tenemos; porque fuiste el que sujetó la cabeza de nuestro perro cuando hubo que sacrificarlo después de trece años con nosotros; porque lloraste; porque me convenciste para cambiarnos de casa cuando no era feliz en la otra; porque nunca olvidas nuestro aniversario, no el de boda, el otro; porque todas las mañanas vienes a buscarme al despacho y me invitas a café; porque cuando tuviste el accidente de moto me llamaste a mí la primera; porque tienes una paciencia infinita con las discusiones estériles y ninguna con el que falta a su palabra; porque trabajas hasta la extenuación pero, cuando sales del trabajo, jamás te traes preocupaciones a casa; porque si tu madre te llama llorando lo dejas todo y acudes en su ayuda; porque me rascas la espalda; porque siempre estás dispuesto a regalarme un vale de amor para toda la noche; porque me perdonas si te digo que estoy cansada; porque siempre me ves guapa; porque cuando el año pasado escribí una buena historia me compraste un ramo de flores en el mercado central; porque pones el contrapunto de serenidad a mis arrebatos de ira; porque me presentaste a tus amigos que ahora son mi familia; porque si de algo estoy segura en esta vida es de que tú nunca me fallarás, porque nunca le has fallado a nadie, soy testigo; porque perdonas una y otra vez a los que quieres; porque confías en mí, en las cosas importantes y en las tontas; porque cuando escuchas lo haces con atención, nunca finges hacerlo; y porque cuando lees el periódico los domingos nunca escuchas, ya lo aprendí; porque me dejas ver películas de miedo sin subtitular; porque vienes al pueblo conmigo todos los años aunque tengas que saludar a decenas de personas de las que no recuerdas los nombres; porque masticaste las hojas de salvia que te dio mi abuelo antes de la comida de año nuevo para curar una llaga y te dejó dormida la boca todo el día; porque tratas a los ancianos con el respeto que casi nadie recuerda que se les debe y les escuchas, siempre escuchas, ya lo he dicho; porque me suplicaste que dejara de fumar; porque todas las noches limpias la bancada de la cocina cuando yo ya estoy descansando; y porque cuando ya no puedes más, me lo dices bajito, sin gritar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Hay quien dice que el amor no requiere de palabras ni de razones. Yo, sin embargo, creo que las palabras y razones nunca están de más; ellas son las que nos hacen humanos. En mi caso, además, ellas son las que siempre me conducen a ti. Por favor, nunca dejes de escuchar mis palabras de amor, que nunca te falten razones para amar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-1868133809028424473?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/1868133809028424473/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=1868133809028424473&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1868133809028424473'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1868133809028424473'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/02/doscientas-seis-razones-de-amor.html' title='Doscientas seis razones de amor'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SYhHSqjkjiI/AAAAAAAAAHc/kpyoSonD6rc/s72-c/chupa+chups.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-2786270069516916968</id><published>2009-01-10T19:16:00.008+01:00</published><updated>2009-01-12T11:28:17.343+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Mago de Oz</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SWjmLPqaPLI/AAAAAAAAAHE/gbyagpDGmQ4/s1600-h/mago+de+oz.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 250px; height: 353px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SWjmLPqaPLI/AAAAAAAAAHE/gbyagpDGmQ4/s400/mago+de+oz.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289730843204009138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Seré sincero, formo parte de ese porcentaje de población que odia las Navidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las detesto tanto que, todos los años por estas fechas, con el dinero que ahorro no comprando lotería (ni de Navidad ni del Niño), no comprando regalos, no comprando langostinos ni besugo, ni cotillón, ni calzoncillos rojos, ni plantas de Pascua, me voy al Caribe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El Caribe lo elegí porque se me ocurrió que era el destino más extravagante que podía elegir para viajar en Navidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        De hecho, lo siento en las antípodas de la Navidad española: calor, sol, playa y nada de recogimiento familiar. Nada de turrón, ni circos con animales amaestrados, ni películas de Papa Noel o de familias que olvidan niños en los aeropuertos, ni el villancico del tamborilero una y otra vez en el supermercado mientras decido si me llevo el muslo o la pechuga del pollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Este año he estado en Trinidad y Tobago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Y ya puestos a ser sinceros; también reconozco que no soy muy estricto con mi criterio de selección, porque cualquier isla del Caribe es un paraíso, y así, este año, elegí destino cuando vi a su selección olímpica en la ceremonia de inauguración de las Olimpiadas de Pekín. Me parecieron de lo más felices. Perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Volví anoche de mis maravillosas vacaciones caribeñas y hoy, nueve de enero, cuando he bajado a la calle para comprar paracetamol a granel (que me haga menos dolorosa mi reincorporación al trabajo el próximo lunes y, en esto, sí que soy previsor) me ha sorprendido la existencia de una alfombra roja colocada sobre la acera, que me recibía a la salida de mi portal y que desembocaba, como un afluente minúsculo, en otra gran alfombra roja que se extendía a derecha e izquierda de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Al principio la he pisado con miedo; uno trabaja en el departamento de nóminas de una empresa bastante normalita y no está acostumbrado a que le reciban así en el barrio, y menos por ausentarme una semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Pronto me he dado cuenta de que la alfombra no era por mí, puesto que en ese caso, muchos impostores andaban pisándola sin pudor, casi sin reparar en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras dar cuatro pasos, me he incorporado al caudal principal de la alfombra, dirección derecha y me he puesto a caminar por ella fingiendo paso firme (como si lo mío, de toda la vida, fuera esto: andar con genio y figura sobre una hermosa alfombra roja). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sin salirme de ella y pegado a la derecha (para no obstaculizar el paso a peatones más rápidos)  me he dado cuenta de que los perros se abstienen de hacer sus deposiciones en ella. Lleno de gozo, me he llegado a plantear que, quizás, se trate de un prototipo de carril seguro que el Ayuntamiento pretende implantar para tranquilidad del ciudadano, que así se puede despreocupar de si pisa o no excrementos caninos y sólo se tiene que preocupar de pagar las tasas e impuestos municipales. Algo similar al carril- bici pero en carril- contribuyente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A unos doscientos metros, la alfombra se ha bifurcado en un nuevo afluente menor, que ya puestos y por no privarme de nada, he decidido explorar y que ha desembocado en la zapatería del barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Enseguida he visto unos zapatos amarillos en el escaparate, rodeados de carteles rojos de rebajas, que me llamaban al interior de la tienda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Excitado por el tema de la alfombra misteriosa y dada mi tendencia natural a llevar la contraria al común comportamiento humano; me ha parecido una ocasión extraordinaria el poder comprarme los zapatos amarillos con los que caminar sobre la alfombra roja, tal como Judy Garland hacía en Mago de Oz, pero al revés: ella con zapatos rojos sobre el camino de baldosas amarillas. Yo con zapatos amarillos sobre camino de alfombra roja&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;   He entrado en la tienda y, por supuesto, me los he quedado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Al salir de la zapatería con ellos puestos, he recordado que a Dorothy los zapatos le concedieron el deseo de volver a casa sólo por dar un doble golpe de tacón y decir: “Se está mejor en casa que en ningún sitio”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Como el día ya me estaba resultando un poco extraño, he tenido una corazonada, he dado un par de golpes de tacón, tal como hizo Dorothy para escapar de Oz, y he deseado volver al Caribe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No ha funcionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Como siempre, voy a necesitar paracetamol el lunes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-2786270069516916968?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/2786270069516916968/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=2786270069516916968&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2786270069516916968'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2786270069516916968'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2009/01/mago-de-oz.html' title='Mago de Oz'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SWjmLPqaPLI/AAAAAAAAAHE/gbyagpDGmQ4/s72-c/mago+de+oz.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-1486030327541774845</id><published>2008-12-22T18:32:00.004+01:00</published><updated>2008-12-22T18:50:41.831+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Rudolph</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SU_QiwuXKaI/AAAAAAAAAG8/18Q4PMEQCeU/s1600-h/RudolphSantaPuppets.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 301px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SU_QiwuXKaI/AAAAAAAAAG8/18Q4PMEQCeU/s400/RudolphSantaPuppets.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5282670183542368674" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María estaba de pie, frente al aparador del salón, en la penumbra salpicada por los guiños de color de las luces del árbol de Navidad, con una velita de tarta de cumpleaños, de color rosa chicle, encendida en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía un rato que se había dado cuenta de que no quedaba harina suficiente para hacer la bechamel y había mandado a su marido al Opencor del centro para comprar un paquete de emergencia; ninguna otra tienda podía estar abierta en Nochebuena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Aprovechando el momento de asueto culinario (todo lo demás lo tenía listo ya para la cena), y que su hijo Nicolás estaba entretenido en su habitación preparando una función navideña con la que torturar a los invitados, María había encendido la velita, y con ella iba a cumplir su personal ritual navideño: desde que con el paso de los años había empezado a perder a seres queridos, cuando Nochebuena llegaba, en recuerdo de sus ausencias, encendía una vela delante de su foto preferida de cada uno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vela debía permanecer encendida toda la Nochebuena, era su promesa de no olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el preciso momento en que prendía la llama del último cirio, María escuchó tras de sí el sonido metálico de llaves intentando entrar en la cerradura de la puerta, una y otra vez. Debía ser su marido, Juan, con la harina. Apagó con un soplido suave la velita rosa, sonrió a la vez que acariciaba el marco de la foto de su abuelo Juan, y comenzó a darse la vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando intuyó que algo extraordinario estaba a punto de ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El tiempo se ralentizó de forma prodigiosa, se hizo profundo y como si los minutos pudieran caber en segundos pudo, por una parte, deleitarse viendo cómo una bola de cristal rojo se desprendía desde lo alto de su árbol de Navidad, y caía al ralentí —despacio, despacio, despacio—, hasta chocar contra el suelo, rebotando apenas un milímetro, para después hacerse añicos rojos y plateados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vez, una fuerte corriente de aire entraba en la casa al abrirse la puerta, con tan mala fortuna que el golpe de viento apagaba los cuatro cirios que acababa de encender. Las velas quedaron humeando un fino y breve hilillo negro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por último, coincidiendo con los dos anteriores malos augurios, aparecía su marido en la puerta con algo parecido a una pelliza marrón gigante en brazos y las manos cubiertas de sangre y pelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido hueco de la bola navideña explotando contra el suelo rompió el mágico momento. El tiempo recuperó el pulso normal, y la puerta de la casa finalmente se cerró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— He atropellado a este animal. No lo he visto. No sé de dónde ha podido salir... Tampoco sé por qué lo he traído aquí, ni por qué lo llevo en brazos, estoy un poco mareado, no sé... — se lamentó Juan mientras movía la cabeza a un lado y otro, negando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía aspecto de ser una carga pesada y así lo corroboró el sonido bronco que hizo al caer al suelo cuando Juan, vencido por el peso, se desplomó de rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María, con curiosidad, se acercó al animal que evidentemente aún estaba vivo porque se lamentaba entre berridos y resoplidos, se agachó para verlo de cerca y de un rápido respingo se incorporó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Juan, has atropellado a un reno — dijo con seguridad María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— No te imaginas cómo ha quedado el coche—, comenzó a explicarse Juan, que al darse cuenta de la afirmación de María sacudió la cabeza y gritó — ¿Qué? ¡Pero desde cuando hay renos sueltos en las calles de esta ciudad! ¿Has visto tú muchos renos en tu vida para estar segura de que esto no es un perro mutante, o una cabra, o yo qué sé...? ¿Has visto muchos renos últimamente sueltos por aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María que no estaba dispuesta a arruinar una Nochebuena en la que ya había invertido, como poco, nueve horas de cocina, aspiró aire y con la mayor calma que podía ofrecer le respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Bueno, en realidad muchos no, pero si te das media vuelta...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la puerta del recibidor estaba parado su hijo Nicolás. Mirándoles. Llevaba puesto el disfraz que le habían hecho para la función de Navidad del colegio. Esa noche esperaban a sus primas para la cena y el niño había considerado que era una excelente ocasión para enseñarles su estupendo disfraz: unas mallas marrones, una colita blanca y peluda en el culete, y una diadema en la cabeza sujetando un par de astas rojas y blanditas, de reno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Papá, has matado a Rudolph!- gritó el niño con los ojos muy abiertos, sin poder pestañear—. Papá Noel no va a poder repartir los regalos esta noche por tu culpa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María, a la que le habría gustado mantener al niño al margen del asunto, resginada, le preguntó con el tono infantil que a veces usaba para hablar con él:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y cómo sabes que es Rudolph, cariño?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    — Mamá ¿no le ves la nariz? — sorprendentemente su hijo parecía saber mucho de renos—. Es roja y brilla en la oscuridad. Le sirve para guiar al resto de renos de Papá Noel cuando hay niebla y tienen que salir con el trineo a repartir los juguetes. Sólo hay un reno en el mundo así: Rudolph—. El niño salió disparado del recibidor sin dar más explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María se agachó de nuevo para observar de cerca al reno. Al hacerlo chocó su cabeza con la de Juan que también se estaba agachando para mirar el hocico del animal. Ambos comprobaron que la nariz la tenía efectivamente roja, y aunque debía ser sangre del accidente, bien mirado, preferían que el niño pensara que era algo mágico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La campanita del reloj del horno comenzó a sonar de fondo. No había tiempo para más historias, los invitados estaban a punto de llegar y ellos no podían tener un reno agonizante en el recibidor cuando llegaran, ni unos canelones sin bechamel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había que sacarlo de allí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María cogió el paquete de harina que asomaba de uno de los bolsillos del abrigo de Juan; estaba dispuesta a hacer la bechamel y a olvidar el absurdo incidente, mientras Juan sacaba a aquel animal de allí, pero Nicolás apareció de nuevo en el recibidor con su cámara Polaroid dispuesto a hacerle una foto a Rudolph.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Papá espera!  Es la prueba de que Papá Noel existe. Se lo tengo que enseñar a los de mi clase que dicen que no. ¡Ja!, se van a enterar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—  Espera cariño que lo ponga guapo— le pidió María a Nicolás mientras le ponía la cabeza al animal todo lo recta que podía e intentaba limpiarle un poco la sangre con el trapo de cocina que llevaba colgado del delantal. La de la nariz no parecía irse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Vale Mami, va la foto— gritó Nicolás y al sonido del clic, María le hizo un gesto con la cabeza a su marido para que sacara al animal de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Ahora Papi lo va a llevar a la terraza para que Papa Noel lo vea y lo pueda curar con su magia, cariño. Esta noche lo va a necesitar porque hay mucha niebla y tienen mucho trabajo que hacer. Dame la foto que te la guardo y en cuanto se vea te aviso — le explicó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño salió con su colita mullida y sus cuernos blanditos del recibidor cantando “Rudolph the red nose reindeer...”,  mientras María, que ya iba recitando en voz alta la receta de la bechamel —harina, leche, mantequilla— recordó que los cuatro velones se habían apagado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Iba hacia el aparador del salón para encenderlos de nuevo cuando Juan, de vuelta, abrió la puerta de casa exclamando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡María, no te lo vas a creer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de nuevo ocurrió. El tiempo se ralentizó de forma maravillosa y mientras María oía a Juan exclamar, como un niño pequeño, señalando con el brazo en alto y el dedo índice hacia arriba, pudo también mirar la foto Polaroid que llevaba en la mano y que comenzaba a descubrir una imagen única de un reno, mirando a la cámara, con una nariz roja brillante, sonriendo y guiñando un ojo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aturdida, se apoyó sobre el mueble del comedor, contó hasta diez, encendió la vela del último cumpleaños de Nicolás, y con ella la mecha de todas las demás velas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a mirar la foto de Rudolph, la apoyó sobre el aparador, y le puso una vela blanca delante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al prender la llama del velón de Rudolph susurró: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Por la inocencia perdida. No sólo perdemos seres queridos con el paso de los años.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-1486030327541774845?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/1486030327541774845/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=1486030327541774845&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1486030327541774845'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/1486030327541774845'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/12/rudolph.html' title='Rudolph'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SU_QiwuXKaI/AAAAAAAAAG8/18Q4PMEQCeU/s72-c/RudolphSantaPuppets.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-4447719576171109979</id><published>2008-12-08T20:07:00.004+01:00</published><updated>2008-12-08T20:33:31.200+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inexplicables'/><title type='text'>Con gafas</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/ST1wqrn3J3I/AAAAAAAAAGs/IK1exXV2TPA/s1600-h/puntillismo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 256px; height: 384px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/ST1wqrn3J3I/AAAAAAAAAGs/IK1exXV2TPA/s400/puntillismo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277498216914823026" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pasado mes de octubre, en el puente del Pilar, viajé a Basilea con unos amigos y los niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el segundo día del viaje, tras un café que era de todo menos exprés y una caminata que dejaba en ridículo mis clases de pilates, entramos en el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos el resto de la tarde deambulando por sus salas, sin seguir ningún criterio artístico y haciendo saltar, de forma inexplicable, las alarmas antirrobo de las salas en las que entrábamos, lo que nos debió conferir un evidente aspecto de terroristas culturales (¡Dios Santo! Dos parejas con niños en un museo un viernes por la tarde) tal como nos daban a entender los vigilantes de sala que nos perseguían con gesto de sospecha, indicándonos sin parar, con grandes aspavientos de brazos, que nos alejáramos de los ventanales ( ya sé, ya sé; yo también pensé que era un error producido por nuestros nulos conocimientos de alemán, pero no, estaban empeñados en alejarnos de las ventanas, no de los cuadros; no sé si pensarían que nos íbamos a tirar por ellas, digo yo que sería por los niños...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bromas a parte, si prescindimos de los sobresaltos que nos daba la alarma, todo fue normal hasta que llegamos a la sala dedicada al Impresionismo y sus derivaciones: Monet, Degás, Van Gogh, Cezanne, Pisarro....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los niños se arremolinaron de inmediato frente al único cuadro puntillista de la sala. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les hacía mucha gracia que las miles de bolitas de colores que veían sobre el lienzo se convirtieran en una imagen, de las que estaban acostumbrados a ver (una flor amarilla, en este caso) sólo por separarse del cuadro un par de metros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encantada de tener a los niños embobados con el cuadro, me senté en el banco de madera de cerezo colocado en el centro de la sala, y me entretuve viendo y oyendo cómo otros visitantes hacían saltar la alarma en la contigua sala de Giacometi. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato, mi hijo mayor se me acercó, (cansado de andar y desandar los mismos tres metros, adelante y atrás, del cuadro puntillista) se sentó a mi lado y, tras apoyar su cabeza sudada sobre mi brazo izquierdo, me confió entusiasmado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mamá, es mágico, de cerca son bolitas de colores, y de lejos se ve otra cosa, flojito— vio mi cara de escepticismo y añadió severo— pero se ve.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;— ¿Flojito, cariño? ¿No lo ves bien? —pregunté asustada pensando de inmediato (dado mi carácter pesimista e hipocondríaco) que el niño necesitaba gafas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Mujer, el chiquillo se refiere a que se ve difuminado, ¿verdad cariño? No se ve igual que los otros cuadros, éste de lejos se ve como con nieblita, pero se ve. Lo ve. Tranquila— terció mi marido que había escuchado nuestra conversación y que me tiene calada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sonreí  a los dos y no hice ningún comentario más al respecto, pero me quedó cierto resquemor y pasé el resto del viaje dando vueltas al asunto  ese de ver “flojito”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos del viaje y en cuanto pude, sin decir nada a nadie, fui al oftalmólogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Doctor, necesito unas gafas para ver borroso—  fue mi presentación. Estaba nerviosa y necesitaba atajar hacia el meollo de la cuestión lo antes posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Disculpe? Usted querrá unas gafas para ver claro, para mejorar su visión— me corrigió de inmediato, mirándome por encima de sus gafitas de pasta roja, poniendo mi cordura bajo sospecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— No, no— le corregí, a pesar de sentir que me metía en arenas movedizas— mi problema es que lo veo todo claro, demasiado claro. No veo nada borroso.  Yo necesito unas gafas para ver borroso lo que es borroso. No tiene idea usted de lo difícil que resulta verlo todo claro siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero señora, usted verá borroso lo que esté borroso y claro lo que esté claro— me respondió un poco abrumado por la perogrullada de su contestación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— No, no. Precisamente ese es el problema— le repetí, incómoda porque no parecía atenderme o peor aún, entenderme— no veo nada borroso. Ni lo borroso. Por eso he venido. Necesito unas gafas para ver borroso. No puedo seguir viviendo viéndolo todo tan claro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que por desesperación (y para cobrarme los cien euros de la consulta) me hizo todas las pruebas que aparecen en el manual del perfecto oculista: así durante diez minutos levanté el brazo derecho o el brazo izquierdo, alternativamente, según el lado por el que aparecía abierta una cajita,  que en distintos tamaños y definiciones, se proyectaba en una pantalla iluminada; también me dilató la pupila y vi muñequitos rojos, cruces amarillas y coches verdes en una máquina giratoria, parpadeando y moviéndose a distintas velocidades; con una lupa observó mi pupila y mis pestañas; me tomó la tensión ocular y por último me hizo un fondo de ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya no supo qué más hacerme tuvo que confesar, entre dientes, su dictamen:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Usted tiene una vista prodigiosa. Lo ve todo perfectamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crecida por la satisfacción que me invadió al oír el dictamen que yo ya le había anticipado, y a pesar de su obstinada reticencia inicial, conseguí convencerle (tras una hora de suplicas y razones, y tres interrupciones de su enfermera que anunciaba un motín en la sala de espera si el retraso continuaba) para que me recetara unas sencillas gafas, de siete dioptrías de miopía para el ojo izquierdo y ocho para el derecho (ya que soy diestra y seguro que veo más claro con ese ojo), con la promesa de volver en tres meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que no pienso volver. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi felicidad ahora no es absoluta, porque no he conseguido ver lo claro claro, y lo borroso borroso, —supongo que es difícil alcanzar la perfección— pero sin duda, si he de elegir, prefiero llevar mis nuevas gafas de miope: ahora la vida me resulta mucho más sencilla, lo veo todo borroso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-4447719576171109979?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/4447719576171109979/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=4447719576171109979&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/4447719576171109979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/4447719576171109979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/12/con-gafas.html' title='Con gafas'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/ST1wqrn3J3I/AAAAAAAAAGs/IK1exXV2TPA/s72-c/puntillismo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-6434563553251295814</id><published>2008-11-15T11:16:00.008+01:00</published><updated>2008-11-15T20:31:03.338+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inexplicables'/><title type='text'>Milagro de cacao</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SR8jMa3OcgI/AAAAAAAAAGU/OyouB1Zk89s/s1600-h/milagro+de+cacao.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 225px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SR8jMa3OcgI/AAAAAAAAAGU/OyouB1Zk89s/s400/milagro+de+cacao.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268968785323127298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando ha sonado el despertador esta mañana estaba desorientada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Por un momento no he sabido dónde estaba, ni qué día de la semana era. Ha durado poco, segundos apenas, porque al escuchar los ladridos histéricos de la perra de los vecinos y el chasquido eléctrico de los generadores de la carnicería de al lado arrancando, he recordado repentinamente, como el que pulsa el botón de una cisterna de baño, cuándo y dónde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Seis de la mañana, en casa y lista para otro día de trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después de regalarme cinco minutos de holgazaneo en la cama me he resignado, como todos los días, a levantarme; y cuando ya estaba poniendo los pies en el suelo, siempre el derecho antes que el izquierdo, por el tema de la buena suerte, en lugar de encontrar el esperado tacto apelmazado de mi alfombrilla de noche, he notado un líquido pegajoso y denso en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Al sentirlo en el pie, he dado un respingo y me he asustado,  y de forma absurda, no sé, quizá porque veo demasiado la tele, he pensado que se trataba de sangre. En un chispazo he imaginado un horrendo crimen en mi dormitorio, mi amnesia, la policía, mi detención…., y a la vez que fabulaba miles de desgracias, he levantado los dos pies del suelo, las rodillas hasta las orejas,  apoyando todo el peso de mi cuerpo sobre el culo aún en la cama, y en postura tan inestable, a tientas, he buscado el interruptor de la lamparilla de mi mesa de noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo cierto es que estaba bastante nerviosa, escuchaba los latidos de mi corazón retumbar en mis oídos como dos muelles y las manos me temblaban fuera de control. Me ha costado un par de intentos encenderla, y cuando la luz amarilla de mi lamparita por fin se ha encendido ha iluminado...ésto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una inexplicable capa de líquido marrón cubría todo el suelo de mi cuarto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentando no manchar el edredón con la sustancia que ya me enfundaba los pies, me he tumbado atravesada en la cama, los pies colgando por un lado y la cabeza por el otro,  he estirado el brazo y con el dedo índice de mi mano derecha lo he rozado, muy sutilmente, y me lo he acercado a pocos milímetros de la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La sensación que he tenido al tocarlo ha resultado agradable, estaba tibio y suave; lo he frotado entre la yema del dedo índice y pulgar y su olor infantil me ha resultado inconfundible: el olor dulce e intenso del chocolate. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Todo estaba inundado de chocolate!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Me he chupado el dedo y estaba rico. Ya más tranquila pero intrigada, me he sentado con las piernas cruzadas como una india, encima de la cama, sin importarme manchar las sábanas, y descolgándome hacia delante he metido todo el dedo, de nuevo, en el chocolate. Mientras me relamía los dedos, se me ha ocurrido que quizá en la tele supieran algo de este extraordinario asunto, ya he dicho que la veo demasiado, así que le he dado al mando a distancia que tenía sobre la mesilla y efectivamente, en el telediario de la mañana sólo había una noticia. Todo, y me refiero a un todo no exagerado sino literal, estaba inundado de dos palmos de chocolate. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Gracias al chocolate ha sido la primera mañana en años que no he despertado con atentados, muertos, pobreza, y miseria, repetidos de forma cíclica, en bloques de noticias de quince minutos. He metido de nuevo, aunque esta vez dos dedos, en el chocolate para celebrarlo. Mientras me los chupaba y veía en las noticias las caras sonrientes de tantas personas desconocidas, me he alegrado por este milagro de cacao, y por los dentistas, por los vendedores de botas de agua, por los que pasaban hambre, por los que vivimos en plantas bajas…. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Haciendo el listado mental de pros y contras de este inesperado aluvión he pensado en ti, que hace tres semanas que duermes en el sofá del salón. He mirado a mi alrededor, y no viendo otro camino, me he puesto en pie en el aterciopelado chocolate. Mala suerte que llevara hoy el camisón blanco de algodón largo hasta los pies. Con cuidado, porque desde luego un inconveniente es que no se ve dónde pisas, he avanzado hasta la puerta de la habitación, la he abierto, y apoyada en el marco de la puerta te he mirado, dormido en el sofá, desnudo como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tu piel recibía el reflejo dorado del chocolate, y supongo que tu cara de felicidad se debía, en parte, al olor dulce que inundaba la casa. He dado seis pasos hacia ti, sintiéndome un poco una Carrie chocolateada, y me he arrodillado junto al sofá donde duermes estos días, contemplando tu cara a pocos centímetros. Al sentir el abrazo del chocolate alrededor de mi cintura, me he mirado las palmas de las manos, llenas de ronchas de chocolate seco, he metido de nuevo el dedo índice en el chocolate que alfombraba el salón, y con mucho cuidado, te he rozado el centro de los labios con él. Has abierto los ojos, me has mirado, y te he dado el beso más dulce.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-6434563553251295814?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/6434563553251295814/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=6434563553251295814&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6434563553251295814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6434563553251295814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/11/milagro-de-cacao.html' title='Milagro de cacao'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SR8jMa3OcgI/AAAAAAAAAGU/OyouB1Zk89s/s72-c/milagro+de+cacao.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-8067378709971489430</id><published>2008-11-01T17:20:00.014+01:00</published><updated>2008-11-01T18:09:00.374+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Un sueño de tango.</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SQyFjJjRf9I/AAAAAAAAAGE/FvQq8gQK2yU/s1600-h/sue%C3%B1o+de+tango.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 131px; height: 90px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SQyFjJjRf9I/AAAAAAAAAGE/FvQq8gQK2yU/s400/sue%C3%B1o+de+tango.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263728903395049426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sabes lo que me he estado repitiendo, a diario, estos últimos cinco años al entrar a trabajar?: “Me alimenta y paga el alquiler”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Todas la mañanas, al abrir la tienda, pulsaba los cuatro números de la clave de la alarma: uno, nueve, uno, siete (el año de la revolución rusa que elegí para fastidiar al jefe, aunque que yo sepa, hasta el momento no se ha dado cuenta) y desarmaba el sistema; el de la alarma y el de mi ambición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; He trabajado aquí durante cinco años, que no es poco. El otro día lo calculé: mil seiscientos veintiocho días, contando el día de pico del año que fue bisiesto; de siete de la mañana a tres de la tarde. Y aunque el horario comercial que tenemos es absurdo para una tienda de colchones —se abre de siete de la mañana a once de la noche, ininterrumpidamente— aquí estamos, Pili en el turno de tarde y yo en el de la mañana, con nuestros tobillos y pies hinchados, para cubrir el horario, servir al cliente, y jurar por Dios y ante quien sea, que jamás ha entrado nadie en la tienda antes de las ocho cuarenta y siete minutos de la mañana o después de las nueve y veintisiete minutos de la noche. Lo tenemos anotado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Lo que es la vida!, cuando empecé, fue precisamente el horario lo que más me gustó. Pensé que me dejaría las tardes libres para poder acabar con los dos cursos de diseño gráfico que me faltaban para terminar la FP II, que además podía estudiar, en jornada nocturna, en el instituto de formación profesional que hay aquí cerca de la tienda, en el cruce con Salamanca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre pensé que este trabajo sería transitorio; a mí lo que me gusta es el diseño (desde bien pequeña pintaba en mi bloc de dibujo Pajarita cómo quería los vestidos de la Nancy, y archivaba en una carpeta marrón de gomas todos los bocetos que hacía) y ahora, aunque sí que he terminado los dos cursos del módulo de diseño que me faltaban, llevo bastante tiempo atascada en el proyecto de fin de ciclo. Muerta. Sin ideas. Y sin él no hay título que valga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que por aquí he estado últimamente, buscando una idea para diseñar el proyecto final, rodeada de colchones de espuma, muelles, látex y viscolástica, que para ser sinceros, no resultan muy estimulantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconozco, que después de dos años, se me podía haber ocurrido algo. Algo. Aunque fuera insignificante. Pero la sequía ha sido total. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre, que no aguanta verme así (será por lo del amor de madre), lleva tiempo azuzándome para que espabile. Sin ir más lejos, el domingo pasado me dijo a la hora de comer mientras me ponía delante el plato de paella: “Muchacha, fíjate en los catálogos de la tienda, busca algo bonito y fusílalo. Así, sin más. No le des más vueltas. Si hasta los diseñadores de las revistas se copian entre sí, que no es fácil distinguir un bolso de Dior o de Chanel. Así están las paradas del mercado, llenitas a reventar de imitaciones. ¿No podrás tu diseñar una almohada más o menos “diferente” de las de los catálogos de la tienda? Y te sacas el título y dejas de tener cara de lechuga y de sentirte tan desgraciada, y ya te vendrán las ideas, que tiempo tendrás de aburrirte de ellas...”  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es verdad que el jefe siempre está a la última y algo podría haber copiado. ¡A ver qué van a saber en el instituto de almohadones...! Que si salen al mercado almohadones de fibra de coco, a las dos semanas (que es el tiempo que tardan en servir pedidos desde la central de la franquicia) tenemos almohadones de fibra de coco. Que sale el rollo ese de la viscolástica, a las dos semanas, colchones de todas las medidas de viscolástica. Y por supuesto mi favorito: los colchones con tarjeta de memoria. Que son lo mejor, desde luego. Pero yo no diseño ni almohadas ni colchones. No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, pues todo lo que acabo de contar, todo, cambió hace cuatro días. Y, supongo que como no podía ser de otra forma —ya dice Pili que al destino le gusta morderse la cola— se lo debo a un puñetero colchón: al colchón con tarjeta de memoria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy segura de que va a ser un bombazo en el mercado. Yo que, con sinceridad, no tengo mucha idea de tecnología y cosas así —sé lo que me aprendo de los catálogos para vendedores de colchones que nos mandan los proveedores— después de leer sus instrucciones y de probarlo, se lo recomiendo a todo el mundo, necesite o no colchón nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me explicaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ya he dicho, a la tienda no entra ni Dios antes de las nueve de la mañana, así que esta última temporada, cuando llegaba a la tienda a las siete ( y eso sí, es necesario ser puntual porque la entrada queda reflejada en el reporte mensual de aperturas y cierres que luego la compañía de seguridad envía al jefe; y ya puestos a mal pensar, seguro que instaló la alarma para controlarnos, porque ¿quién va a querer robar colchones de noche...?), bueno, pues que cuando llegaba, me tumbaba un ratito en cualquiera de los colchones. Sólo a echar una cabezadita, un momentín. Como los cinco minutos de gracia que se le pide a mamá antes de ir al colegio. Eso era, no más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo iba a pensar que el colchón de la tarjeta, que yo aún no me había estudiado (bueno, que ni conocía) funcionaría incluso enfundado con el plástico del embalaje? Porque puede que haya dormido en ellos, pero siempre, siempre, sin estropear el género. Sin desenfundar, ni quitar las pegatinas gigantes que llevan de promoción, y mira que todo ese plástico da  un calor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo que iba, que hace tres días me tumbé en uno de los colchones que habían descargado en la trastienda la tarde anterior. Los habían dejado amontonados de cuatro en cuatro, sobre el suelo, y quedaban a la altura ideal, que es la de mi cadera, para dejarse caer un rato. Así que me tumbe sobre el más grande que vi, que por lo menos tenía que ser de dos por dos, y ocurrió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba con los ojos cerrados, pero todavía despierta, pensando en mis cosas: en que tenía que ir a pagar el recibo de la basura y de paso pedir que me cambiaran el contador del agua que perdía un poco, cuando empecé a oír la música. No me molesté en abrir los ojos y mirar a mi alrededor porque estaba segura de la que música estaba dentro de mi cabeza, no por la tienda. No sé de dónde saqué esa certeza, pero ni lo dudé. Era música de tango, pegajosa como la humedad de un día de poniente. Además, enseguida la reconocí.  Era el Libertango del maestro Piazolla acompañado por Yo Yo Man con su violonchelo. Yo había visto cientos de veces el CD en el tercer estante de la oficina, y además es una música que suena con cierta frecuencia en la grabación del hilo musical que tenemos en la tienda. Una pereza total me impedía abrir los ojos, pero la música sonaba clara en mi mente. Cada vez que el arco rasgaba las cuerdas del chelo, sentía como si yo misma estuviera siguiendo su ritmo. Como si lo bailara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ya se sabe cómo es un tango: que si ahora tirón fuerte hacia la derecha, inclinación hacía atrás, hacia delante, cuatro pasos largos, media vuelta, cruce adelante, cruce atrás, giro y pirueta, cinco pasos largos hacia atrás... Al momento estaba muerta y sin resuello, y los pies me estaban matando de dolor. Ya entre sueños, porque en ese punto los recuerdos se convierten en difusos y no recuerdo mucho más,  me miré los pies y descubrí con horror unos zapatones negros de punta y tacón cuadrados. No recuerdo nada más. Dormí profundamente hasta las ocho y quince minutos, hora en la que sonó la alarma de mi móvil que siempre dejo programado cerca por si me duermo “de más”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de la mañana fue normal, vendí un edredón de plumas y un colchón de cuna, y cuando llegó Pili a las tres para el cambio de turno, le di mi cuadre de la caja y ella me dio el manual de venta del nuevo colchón con tarjeta de memoria que había llegado la tarde anterior y que íbamos a poner a la venta a la semana siguiente. &lt;br /&gt;Fue  después de cenar, cuando me iba a tomar un poleo bien caliente en mi tazón naranja de florecitas blancas, cuando empecé a ojear el catálogo. Es una especie de rutina que tengo para intentar relajarme antes de dormir. Pongo algo de música suave, enciendo una barrita de incienso o sándalo, y me tomo una infusión bien caliente, sin azúcar que es excitante, con miel. Pero esa noche la lectura del manual de uso del colchón me enganchó como un best seller de templarios y enigmas sanguinarios. Tanto que, hasta las tres de la mañana, hasta que pasó el camión de la basura, no me di cuenta de la hora que era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En resumen y en palabras de persona lega: los fabricantes del colchón habían integrado baja la zona del cabezal del colchón unos electrodos capaces de reconocer las ondas que producen nuestros cerebros mientras dormimos. Esos sensores que están conectados a una especie de descodificador/grabador captan los sueños y los procesan para su grabado, de forma que todo lo que el usuario sueña queda registrado. Mientras dormimos se repiten varios ciclos de sueño, de una duración aproximada de hora y media cada uno; de esos noventa minutos unos setenta son de descanso para reponer al cuerpo (basura acumulada en el día), y los otros veinte son de “libertad mental”. El momento en que nuestra mente ensueña, vuela libre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fabricante explicaba que se grababa todo, y que al despertar el usuario (momento que reconocía el propio colchón por el cese en la captación de ondas por tiempo superior a diez segundos), el aparato procedía a borrar todos los periodos de sueño de reparación corporal y archivaba los periodos de sueño libre, quedando listos para ser reproducidos en el siguiente uso del colchón, de forma que si al cliente le gustaba el contenido de su sueño de la noche anterior, podía dejar actuar al colchón que por la reemisión de nuestras propias ondas de sueño inducía al cerebro a retomar el sueño pasado. Si no gustaba el sueño grabado, se podía borrar durante los primeros momentos de uso y pasar al siguiente periodo grabado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incorporaba mando a distancia, recomendaban su uso en camas individuales y sólo estaba autorizado para mayores de dieciocho años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vaya! Lo que me había pasado en la tienda era que me había tumbado en un colchón con tarjeta de memoria que ya había sido usado por otra persona. Y yo había comenzado a dormirme con su sueño. Un sueño de baile, tango y  zapatos horrorosos. Y lo peor: ¡mi sueño se habría grabado también! Lo único que me preocupó toda esa noche fue llegar a la tienda y poder borrar mi sueño. ¡Por Dios! Qué noche pasé.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente cuando entré en la tienda fui directa al colchón de mis pesadillas. Con el manual de instrucciones en una mano, y el mando a distancia del susodicho en la otra, conseguí averiguar que había tres periodos de sueño grabados. Uno, como era evidente, era el del tango, el que yo ya conocía; otro debía ser la grabación de mi sueño; ¿y el otro? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso significaba que alguien lo había utilizado de nuevo, después de que yo dejara la tienda el día anterior, porque en mi turno no podía haber ocurrido. Eso dejaba como principales sospechosos del uso a dos personas: a Pili y al jefe (que a veces se pasaba por la tienda después de comer a dar una vueltecita al negocio). Sentí una comezón interna (en la boca del estómago) similar a la que siempre he sentido cuando he ido a recoger una nota de examen: ¿qué sería lo que yo soñé el día anterior? ¿Quién estaba utilizando el colchón? ¿Habría comenzado su sueño con el mío? Podía no haberse dado cuenta de que era un sueño prestado, pensar que era el suyo de la tarde anterior, aunque también podía haberse dado cuenta de que era de otra persona, incluso podría haberme identificado, y si el que lo estaba utilizando era el jefe seguro que sabía que me había dormido en horas de trabajo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegado a ese punto era necesario empezar a despejar preguntas. Necesitaba: saber el contenido de mi sueño; si me identificaba, y conocer el contenido del sueño siguiente. Y luego, sin ningún género de dudas, borrar los tres. Así que, dado que el periodo de inducción al sueño era de cinco minutos de reemisión de ondas, programé la alarma de mi móvil para que sonara a los cinco minutos y puse en marcha el trasto para que empezará a reproducir de nuevo el segundo periodo grabado. El mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue ninguna sorpresa. Me ocurría desde hacía meses, por mucha infusión con miel y olor a incienso que me organizara alrededor para dormir, últimamente siempre me visitaba un sueño de forma recurrente, y ése es el que encontré grabado: estaba en el instituto, vestida con un uniforme de colegio de monjas y con mi carpeta marrón bajo el brazo. Entraba en el despacho de mi tutora, que tenía cara de hombre y bigote negro, me miraba, aspiraba una bocanada de humo de una pipa tallada en madera verde, como de olivo, y después de expulsar el humo formando círculos perfectos que se quedaban flotando en el despacho me decía: “Eres un reloj parado. Un diseñador sin ideas es como un reloj parado. Nada” Entonces se rompían los círculos de humo como si fueran cristales y yo salía llorando del despacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alarma de mi móvil sonó y me despertó. Estaba llorando. Me soné, volví a programar la alarma del móvil para que sonara, de nuevo, pasados otros cinco minutos y entre hipidos me volví a tumbar en el colchón lista para curiosear el tercer periodo de sueño grabado. La incógnita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sueño empezaba en un salón de baile, con el suelo de madera y cortinas rojas forrando las paredes. Había una mujer de espaldas, situada en el centro de la pista, no le podía ver la cara. Pero yo estaba en su sueño, enfrente de ella, vestida con el uniforme de colegio de monjas de mi sueño y con mi carpeta marrón bajo el brazo –recuerdo que pensé adormilada: “vaya, sabe quién soy y que he usado el colchón”—. Ella lloraba con una mano tapando sus ojos y con la cabeza gacha. Yo le ponía la mano en el hombro y le preguntaba, con un gesto de ojos, qué es lo que ocurría, y ella, sin mediar palabra, se sentaba en el suelo, se quitaba unos ajustadísimos zapatos negros de baile de salón y me enseñaba sus pies, hinchados y llenos de heridas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alarma de mi móvil me sacó del sueño ajeno. Me incorporé y borré los tres periodos de sueño grabados, tal como había decidido hacer. Pero el resto de la mañana no pude quitármelo de la cabeza. ¿Qué significaba ese tercer sueño? ¿En qué podía ayudar yo a aquella mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz se me hizo por casualidad, cuando una clienta vino a la tienda con su pequeño hijo-orangután de seis años. Mientras le intentaba explicar las ventajas del colchón de viscolástica que absorbe el peso del cuerpo y lo distribuye homogéneamente por la superficie total, el niño se subió de un salto al colchón y se puso a saltar. La madre histérica le gritaba que se bajara, y yo me quedé mirando cómo sus zapatos apenas se hundían en la viscolástica. Fue como si un flash de cámara de fotos me saltara en los ojos, de repente lo vi claro: yo podía diseñar unos zapatos de baile, bonitos y sobre todo cómodos. Ya tenía proyecto de fin de ciclo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mediodía, ¡bendito mediodía de viernes!, cuando preparaba mis cosas para irme a casa, dejé una nota clavada en el corcho de la oficina. Decía: “Lo he entendido. Este fin de semana me pongo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las diez de la noche recibí un mensaje en mi móvil, desde un número oculto que me contestaba: “Me gusta el rojo”. Sonreí, y continué perfilando el dibujo que ya asomaba en mi bloc Pajarita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo le diseñaría unos zapatos que por una parte fueran espectaculares y por otra parte fueran extremadamente cómodos. Para conseguirlo supuse que era más importante, en primer lugar, estudiar y conseguir la comodidad en el zapato, para después convertirlo en “precioso”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas son las ideas que fui anotando en el esquema del proyecto. Primero: construir un zapato, con una plataforma-muelle oculta, de forma que entre la suela de cuero y la plantilla de piel, donde apoya el pie, se pudiera colocar un relleno de viscolástica que absorbiera el peso del cuerpo, distribuyendo la fuerza, y amortiguando los saltos. Segundo: el cierre del zapato. Todos los zapatos de baile que conocía se cerraban o bien atados con cordones normales o cintas con hebilla. Eso también era un error, puesto que seguro que el pie tras llevar un rato bailando, aumenta su volumen. Debía buscar un material que cediera a demanda del propio pie, pero que fuera fuerte para sujetarlo (un bailarín no puede estar pendiente de si pierde o no los zapatos). Lo solucioné con cinco tiras (cinco, no menos) de goma elástica de dos centímetros de grosor, que por la longitud y grosor ofrecía suficiente sujeción pero también daban margen de crecimiento al pie.&lt;br /&gt;Esas dos mejoras técnicas eran necesarias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana siguiente fui al mercado, en el puesto de retales compré cuatro trozos de raso rojo y dos de tul tornasolado color bronce, y con ellos y una muestra de viscolástica que tenía en mi casa de unos catálogos que tenía amontonados en mi mesita del dormitorio, me fui al zapatero del barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encontré con un cartel en su puerta: “Vuelvo en diez minutos”, pero pasó bastante más rato, incluso el cartero con una notificación de Hacienda que yo no quise coger, hasta que apareció el zapatero. Entró delante de mí en la tienda  y cuando se puso tras su mostrador con su mandil gris y le expliqué lo qué quería, se me quedó mirando fijamente a los ojos, sin decir nada, y al momento dijo: “¿Por qué no, diablos? Vamos a hacer esos zapatos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No paramos ni a comer. Primero cosió la suela de cuero (que él tenía en la tienda, menos mal) a la muestra de viscolástica, y la forró con una plantilla de cuero roja (que también tenía él; otra vez menos mal). Quedó una suela de un espesor de unos dos centímetros y medio en la zona de la planta, y un tacón tipo taco del nueve, con suficiente ancho para hacer el paso firme, seguro, sonoro; y suficiente altura para conseguir el efecto óptico de estilizar la figura (con unos buenos tacones se da la impresión de pesar unos siete kilos menos de lo que en realidad se pesa). Lo siguiente era conseguir que el cuerpo del zapato “engullera” la plataforma, ocultándola a la vista; levantarlo hasta el empeine cerrado como un botín, sujeto con las gomas. Una vez cosido el esqueleto del zapato con la suela y el tacón, lo forramos con el raso rojo, con una goma al calor ligera que no deja manchas en la tela, y ocultamos las gomas de cierre con un entrecruzado de tiras de tul, que permitían anudar o enlazar en la parte superior del zapato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso esta mañana, cuando he entrado en la tienda, ya no he pensado: “me alimenta y paga el alquiler”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Eso sí, he aguantado hasta las tres, como una campeona. Cuando ha  llegado Pili para el cambio de turno yo estaba lista para irme. No le he dicho nada, pero sobre el colchón con tarjeta de memoria le he dejado una caja con un par de zapatos perfectos para el baile. De la talla cuarenta, que sé que es la suya. Yo, bajo el brazo, llevaba otra caja con un par gemelo, para presentarlos a mi tutora del instituto con la que tenía cita a las cinco esa misma tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cerrar la puerta de la tienda tras de mí,  me ha parecido oír dentro de la tienda el Libertango de Yo Yo Man, he sonreído, y me he sentido un poco hada madrina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-8067378709971489430?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/8067378709971489430/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=8067378709971489430&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8067378709971489430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8067378709971489430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/11/un-sueo-de-tango.html' title='Un sueño de tango.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SQyFjJjRf9I/AAAAAAAAAGE/FvQq8gQK2yU/s72-c/sue%C3%B1o+de+tango.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-5680951383065779539</id><published>2008-10-22T20:11:00.009+02:00</published><updated>2008-10-25T17:42:38.920+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El traje de comunión.</title><content type='html'>&lt;em&gt;Este cuento se lo dedico a mi hermana M Ángeles, que necesita ver que no sólo escribo cosas tristes.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SP9tB50tgQI/AAAAAAAAAFo/7scG5dvxEss/s1600-h/tijeras.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SP9tB50tgQI/AAAAAAAAAFo/7scG5dvxEss/s400/tijeras.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260042769261232386" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Maldita sea la tela y maldita seas tú”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso me escupió —noté cómo me salpicaba su saliva en mi mejilla izquierda—, mientras soltaba de un manotazo el extremo del retal de tela que yo sujetaba, firme, contra mi pecho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es lo último que me dijo antes de darse media vuelta y marcharse; despacio, muy despacio, como si quisiera estar segura de que mis ojos, abiertos como platos, no perdían el rastro de su retirada que, con esa maldición, sabía más a victoria que a derrota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso se repetía en mis oídos: “Maldita sea la tela y maldita seas tú”, mientras me fijaba en unas ramas de romero que asomaban de la bolsa blanca de plástico que ella sujetaba con su mano izquierda y que se balanceaba adelante y atrás al compás de sus zancadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco, desapareció tras un cartel amarillo que prometía naranjas como soles (“naranjas Vivó, las mejores”) en la última parada de fruta que mi vista alcanzaba a distinguir entre todo el marasmo de toldos de colores y puestos del mercado. Fue entonces cuando me di cuenta de que aún tenía la tela pegada al pecho.  “Me lo llevo” le dije al hombre de la parada, que me miraba y que no había dicho ni “mú” en el rifirrafe por la tela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una tela perfecta para el traje de comunión de Rafa. Tres metros de paño doble de alpaca, azul marino, con buena caída. Y aunque habíamos decidido que el niño tomaría la comunión vestido con ropa normal —entiéndase: ropa normal de domingo—, porque la economía familiar no estaba para grandes dispendios (yo estaba en paro desde el cierre de la planta de recuperación, e intentábamos reducir todo tipo de gastos superfluos: nos habíamos dado de baja del Plus, de baja del gimnasio, de baja de Sanitas, de baja de Internet, de baja del comedor del colegio...) vi la tela en la parada del mercado con un cartelito de pizarra en el que habían dibujado con tiza un tres, ¡tres euros!, me vino la inspiración y pensé:  “Entre mamá y yo le hacemos al niño un vestido de comunión que va a parecer un capitán de navío, que él no tiene la culpa de nada”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando sentí como alguien tiraba de la tela y, al extremo del estirón: esa mujer. “Disculpe, pero la he cogido yo antes” le dije mientras me la pegaba al cuerpo, para que no se me escapara. Me miró a los ojos, y en silencio volvió a estirar de la tela, con fuerza. Busqué apoyo en el dependiente de la parada, pero parecía muy entretenido organizando los rollos de los hules, así que me tocó contestar con un nuevo estirón y un “la he cogido yo antes y la voy a comprar”, a lo que, por resumir, siguió el ya famoso: “Maldita sea la tela y maldita seas tú”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que no pensé mucho más en ello, faltaba un mes para la comunión, y no podía dormirme en los laureles. Al día siguiente, fui con mamá al centro y, en la tienda de las lanas del Mercado Central, compramos el patrón para el traje de marinero. En casa, mamá me explicó cómo hacer el traje: primero había que estirar la tela bien, sin arrugas, sobre una superficie lisa (la mesa del comedor resultó de un tamaño ideal y allí la estiramos); después, había que colocar los patrones de papel sobre la tela, sujetarlos con alfileres (de cabeza plana mejor que los redondeados, dijo la dependienta con gran seguridad mientras mi madre asentía con cara de ministro), dibujar su perfil sobre la tela con el gis blanco, y por último cortar para luego coser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo entendí todo (por si acaso, lo anoté en el reverso del primer papel que encontré y que resultó ser la última factura de la luz) y le prometí a mamá que, en cuanto tuviera todas las piezas cortadas, le llamaría para que trajera su máquina de coser portátil Singer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, en cuanto los niños se fueron al colegio empecé con el corte y confección. Decidí que, para ir rompiendo mano, los pantalones resultaban ideales por ser más rectos que ninguna otra pieza. Así que, siguiendo el orden inflexible establecido por mamá, cuando ya tenía dibujado el patrón sobre la tela, empecé a cortar el camal derecho, desde la parte baja del dobladillo hacia la cintura. Di tres tijeretazos: uno, dos y tres, y sonó el teléfono:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Aurora García? – me preguntó una voz de hombre al otro lado del teléfono.&lt;br /&gt;- Sí, ¿quién es?&lt;br /&gt;- Le llamo del colegio de su hijo. No se preocupe, no pasa nada grave, pero Rafa se ha caído en el patio y se ha doblado el tobillo derecho...&lt;br /&gt;- Pero... ¿está bien? –interrumpí al hombre, muy nerviosa, sin dejarle acabar.&lt;br /&gt;- Sí, sí. Le hemos llevado al seguro escolar, le han hecho una placa, y aunque no tiene nada roto, sí que lleva un esguince. Se lo han vendado con “tensoplast” y no lo ha de apoyar en quince días. Le llamo porque no podrá volver a casa sólo. Tendrán que venir a recogerle.&lt;br /&gt;- Entiendo, no se preocupe, yo iré a por él.&lt;br /&gt;- Yo soy Germán Viana, pregunte por mí cuando venga al colegio y le daré las placas de su hijo, por si las necesita para el traumatólogo.&lt;br /&gt;- De acuerdo, hasta ahora. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos días estuve muy atareada llevando al niño de casa al colegio y del colegio a casa y, aunque tenía clavada la espinita del traje de comunión (los días pasaban y la fecha cada vez estaba más cercana), no pude hacer nada con tanto trasiego de un sitio a otro con un niño cojo a cuestas. Pero a los diez días, en cuanto a Rafa le autorizaron a apoyar el pie en el suelo, de nuevo, me puse manos a la obra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camal derecho había quedado cortado el día del esguince; estiré la tela que parecía haber perdido algo de tensión en los días de abandono sobre la mesa, y empecé a cortar el camal izquierdo, con cortes largos y seguros: uno, dos y tres. El teléfono sonó de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Aurora García?&lt;br /&gt;- Sí, dígame –esta vez, reconocí la voz de Germán Viana, el administrador del colegio de los niños.&lt;br /&gt;- No es nada grave, no se preocupe, y siento tener que volver a llamarla, pero es que la niña estaba en su extraescolar...&lt;br /&gt;- Ballet&lt;br /&gt;- Sí, en ballet, y ha dado un mal paso y se ha hecho un esguince en la pierna izquierda. La hemos llevado también al seguro escolar, y le han hecho un placa, y tampoco tiene nada roto, ni una fisura, pero nos han dicho lo mimo que con Rafa: que no apoye el pie, y que lleve la venda elástica quince días. Le llamaba porque la niña no podrá volver andando a casa y ...&lt;br /&gt;- No se preocupe, yo voy a por ella y pregunto por usted para que me dé las placas.&lt;br /&gt;- Pues nos vemos en un rato. Un saludo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue colgar el teléfono, mirar la tela a medio cortar que estaba sobre la mesa del comedor y recordar el “Maldita sea la tela y maldita seas tú”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sería posible que tuviera algo que ver? Mi sentido común se reía de mí, pero no me podía quitar la frase, ni la duda, de la cabeza; así que el sábado (y tengo que reconocer que no me acerqué al traje hasta ese día), que estaba en casa con los tres niños, mientras mi marido estaba en la fábrica haciendo horas, me decidí a hacer una prueba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes necesitaba un mínimo de seguridad, y controlar los posibles “efectos colaterales” de mi prueba. Mi hija mayor, la de diecisiete años, estaba en el baño poniéndose el tinte vegetal cobrizo que yo misma le compro en Mercadona, una vez al mes, para tapar el mechón blanco que le nace en la sien derecha. Había que aprovechar antes de que su noviete viniera a recogerla con la Vespino; bien, la tenía controlada. Juan, mi marido, estaba en su oficina sentado delante del ordenador trabajando (le llamé y le hice jurar que no se iba a levantar de la silla en una hora y, aunque no entendía nada, al final, cedió y me juró por los niños que no se levantaría). Controlado. Cogí a los dos pequeños, Rafa y Sara, con sus piernas semi-escayoladas, los senté enfrente de mí, en el sofá del comedor, con las Nintendo en las manos para abducirles, y les di orden de no moverse ni un milímetro. Controlados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elegí el patrón de la gorra de plato de capitán de navío de comunión, lo sujeté con los alfileres, dibujé su perfil, y comencé a recortar, sin perder de vista a los pequeños que tenía sentados enfrente de mí. Con tijeretazos firmes: uno, dos y tres. Me llegó, casi a la vez, el grito que venía del cuarto de baño y el olor a gallina quemada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tinte vegetal de Aurorita había provocado una extraña reacción química (seguramente al mezclarse con algún otro producto de los que utiliza para hacerse esos pelos verticales que lleva; o eso al menos dijo el médico de urgencias que vino a los tres cuartos de hora) y de la cabeza de la niña salía humo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ya no podía más. Esa misma noche convoqué cónclave familiar (reconozco que mi público ofrecía un aspecto lamentable: dos niños con muletas y vendados; una niña con el pelo quemado y con un gorro de nieve con orejeras calado hasta la barbilla tapándole la cabeza en pleno mes de mayo; y un marido, que me miraba como si estuviera loca perdida) y les expliqué a los cuatro todo lo que había pasado: la discusión del día del mercado, la maldición y lo que había ocurrido cada vez que me había propuesto cortarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me creyeron, natural, pero me puse tan pesada —“la tela está maldita, yo estoy maldita”— que me propusieron hacer otra prueba. Se sentaron los cuatro en el tresillo del comedor, bien pegados unos a otros, enfrente de mí; se colocaron, los cuatro, los cascos amarillos de bicicleta que guardamos en el trastero para cuando vamos de excursión, (insistencia y condición que impuse para hacer la prueba), las rodilleras y las coderas; y sólo entonces, me dispuse a acabar de cortar el pantalón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me faltaba la cinturilla, así que coloqué las tijeras de modo perpendicular a los cortes de los camales y comencé. Yo misma conté en voz alta: “Uno, dos y tres”. Y, claro, sonó el teléfono. Les miré, y ellos me miraron a mí. No nos había pasado nada a ninguno de los cinco con que no podía ser nada “muy” malo. Cogió el teléfono Juan: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Si, dígame?—asintió con la cabeza y tras un momento que pareció infinito terminó la conversación –No se preocupe que yo se lo digo a Aurora.&lt;br /&gt;- ¿Qué ha pasado? –le pregunté segura de que alguna desgracia nos habría ocurrido.&lt;br /&gt;- Eran de la parroquia, que han suspendido el ensayo general de la comunión de mañana, porque Don Esteban no puede oficiarlo y no han encontrado sustituto.&lt;br /&gt;- ¿Qué le ha pasado?&lt;br /&gt;- Que se ha tropezado en la parroquia, con uno de los confesionarios, y se ha caído, y claro, con su edad...se ha roto la cadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo aún tenía las tijeras en la zona de la cintura del pantalón, las dejé caer encima de la tela, y después de mirarles a los cuatro, con sus cascos amarillos puestos, pregunté: “¿Cómo arreglamos esto?”, y me dejé caer en una de las sillas de la mesa del comedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Como se arregla todo ahora –era Aurorita, que ya se había quitado el casco, y se me acercaba con su gorro guanche—mirándolo en Internet.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? ¿Si además ya no tenemos Internet?&lt;br /&gt;- Pues mamá, igual que me bajo música para el Ipod, nos conectamos ahora mismo a la inalámbrica de la vecina que no la tiene codificada y ponemos en el Google: “Cómo acabar con una maldición”; y ya verás todo lo que sale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso hicimos esa misma noche. Eso y cumplir a rajatabla las absurdas instrucciones que indicaban varias páginas Web que coincidían en el método para librarse de una maldición: poner bajo el colchón de la cama unas tijeras abiertas con un diente de ajo entre el filo (ajo que tuvimos que pedir a la vecina de enfrente; yo nunca tengo ajo en casa, porque soy súper alérgica), y otro diente de ajo entre los agujeros para los dedos; recitar unas cuantas plegarias llenas de ripios tipo ajo-atajo abajo-carajo; y dormir hasta el día siguiente. Eso necesitaba: dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aseguraban un cien por cien de efectividad , pero por si acaso, además, cogí la tela y los patrones, los metí en una bolsa negra de basura y la bajé al contenedor de la esquina. Así seguro que la efectividad iba a ser del cien por cien. Seguro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche dormí tranquila. Toda la noche. Sólo me molestó, y muy poco, el rumor del camión de basura al vaciar el contenedor de la esquina, pero conté, como quien cuenta ovejitas: una ovejita, dos ovejitas, tres ovejitas.... y ya no me preocupé de lo que le pasaba al camión de la basura con la marquesina de la parada del autobús; ni de los gritos, pitidos y sirenas. Todo quedó como un murmullo de fondo, porque al fin y al cabo, yo tenía que dormir y comerme, al día siguiente, dos ajos en ayunas.&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-5680951383065779539?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/5680951383065779539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=5680951383065779539&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5680951383065779539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/5680951383065779539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/10/el-traje-de-comunin.html' title='El traje de comunión.'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SP9tB50tgQI/AAAAAAAAAFo/7scG5dvxEss/s72-c/tijeras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-6629963663166259696</id><published>2008-10-01T19:56:00.008+02:00</published><updated>2008-10-13T18:54:50.019+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cartas de amor'/><title type='text'>La flor de espino</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SOO54MgqzLI/AAAAAAAAAFQ/ATmIXTV9VWg/s1600-h/flor+de+espino.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SOO54MgqzLI/AAAAAAAAAFQ/ATmIXTV9VWg/s400/flor+de+espino.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5252245965526191282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;“La flor de espino está a punto de abrir”. Ese era su saludo al menos un día al año. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces ocurría antes de las vacaciones de Semana Santa y, ese año, nos ahorrábamos un viaje al pueblo; pero otras veces, aunque él se pasara las Pascuas enteras vigilando los matorrales, por barrancos y ribazos, los espinos parecían no querer madurar según el calendario escolar, que regía nuestros viajes al pueblo, y se volvía a casa de balde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La flor de espino está a punto de abrir, me ha llamado el tío y me lo ha dicho”. Ese comunicado atropellado que hacía al entrar en casa tenía un claro significado para nuestra familia –fumata blanca—, había  que volver al pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaba al comedor, se sentaba en una silla (que siempre decía ser más cómoda que el sofá) y esperaba paciente la llegada de mi padre del trabajo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que a veces salía de estampida de su casa después de recibir la llamada del tío. Le iba justito el tiempo para quitarse la media anudada que llevaba puesta en la cabeza, como un casquete, para intentar dominar (sin resultado) los dos remolinos que le ponían el pelo de punta en el cogote, quitarse el batín de felpa y cuadros, y andar los cuatrocientos metros que separaban su casa de la nuestra. Más de una vez llegaba antes que la abuela, y con la marca de la goma de la media cruzándole la frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En condiciones normales volver al pueblo sin nosotros no habría sido problema para él, podía ir en tren o autobús y el viaje no era muy pesado; pero hacía unos años que papá, con buen criterio,  ya no le dejaba ir solo a coger la flor de espino. Y es que el espino muestra una contumaz predilección por criarse en lugares poco recomendables para nonagenarios solitarios, entre encinas y carrascas de laderas escarpadas. Había que llevarlo al pueblo y además acompañarlo en la búsqueda de la flor, tarea ésta última que recaía sobre los hombros de mi hermano pequeño que ya me sacaba un par de palmos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Que me ha llamado mi cuñado, que la flor de espino ya está”, le decía nada más entrar papá en casa. No le daba tiempo ni de dejar las llaves en su cajón del mueble del comedor, ni mucho menos ponerse las zapatillas de estar en casa. Su cara era una mezcla de ilusión y de enfado, por no estar ya allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a ver quién le llevaba la contraria; si a mi hermana le había quitado su acné rebelde con unas abluciones de jugos de ortiga para manos y pies; si mantenía a la abuela sana, a pesar de todos sus males, a base de infusiones pardas en ayunas; si en el pueblo había curado todo tipo de hemorragias, ansiedades, calambres, astenias, flujos y reflujos.... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la flor de espino estaba a punto había que ir al pueblo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En teoría, la “cosecha” sólo se podía hacer una vez al año y debía ser justo antes de que el capullo floreciera completamente. Bueno, eso en teoría, porque tengo que decir que más de un año recogimos flores, no capullos a punto. Esos años se hacía bueno el dicho de “a falta de pan buenas son tortas”, y aunque renegaba, era igual de feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otras épocas de año (aunque, en realidad, creo que sería más exacto decir: en otras épocas de nuestras vidas) le acompañábamos a por diferentes hierbas que también nacían silvestres por el campo y, decía él que por ello, eran mejores que las de herbolario: poleo y té entre las piedras de las montañas, con cuidado de no arrancar la raíz al cortarlos, él decía “segarlos”; manzanilla y espliego en la Loma; melisa y hierbaluisa por las eras; ortigas en las huertas del lavadero... Luego lo ponía todo a secar sobre periódicos (o bien esparcidos por el corral o en la majada, según necesitaran más o menos sol) y lo guardaba en bolsas de papel marrón, para las infusiones de todo el año, marcadas con el nombre de la hierba y el año de la cosecha (como hacen ahora en algunas tiendas de venta de té, tiene gracia).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero de sus últimos años recuerdo su especial emoción por la flor de espino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, sin ninguna razón, me he acordado de la flor de espino. Llevamos años sin tener que ir a recogerla, por desgracia, y esta tarde aburrida de domingo,  que no es tan siquiera de Pascua, me he acordado de ella y me he dado cuenta de que en realidad no sé para qué sirve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Hay tantas cosas que no sé y que ya no puedo preguntar... La memoria es como una telaraña, que si se deja a la intemperie, de noche, se hiela y cualquier golpe puede romper un hilo, un camino, un recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he puesto a rebuscar en sus libros de hierbas y plantas (que conservo) esperando encontrar una gran revelación médica, algo así como la penicilina de las hierbas medicinales, pero los libros de mi abuelo, llenos de papelitos, de anotaciones y apartados subrayados, parecen guardar un frío “despego” por la flor de espino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He podido ver las propiedades de las espinacas subrayadas con bolígrafo azul y, sin embargo, las de la flor de espino, que se cita a continuación, no tienen ninguna marca. Hasta he dudado sobre si sería la flor del espino albar o de otro tipo de espino (menos mal que estos libros tienen fotos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Metidas entre las hojas de sus libros de herboristería y plantas medicinales,  he encontrado listados de propiedades de muchas plantas –—anotados en el reverso de facturas de teléfono, avisos de revalorizaciones de pensiones y propagandas varias— retahílas de plantas agrupadas por sus funciones curativas; incluso un listado de plantas venenosas o no recomendables en la parte posterior de una entrada de teatro (ojo a la valeriana que es tóxica si se abusa de ella, parece advertir con severidad). Pero nada de la flor de espino, silencio absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ausencia te hace dudar, de todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ya, cuando pensaba que me lo había inventado todo —porque es lo que tiene mi memoria, que imagino habitada por un gusano negro que devora mi pasado— he encontrado un sobre, un poco sobado y amarillento, en el que aparece escrito, con su letra inconfundible, un único dato: “Para entregar al Sr. Ernesto”. Y en su interior, el milagro que andaba buscando: una media cuartilla blanca, en la que sobre líneas trazadas en lápiz, para no torcerse al escribir (como una falsilla), aparece un título subrayado en rotulador rojo: “Propiedades del espino blanco. Notas tomadas del libro del fitoterapeuta M Mesegue”. Su letra, inclinada a la izquierda y de trazo tembloroso, sigue así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El espino ha sido recomendado por las más eminentes autoridades médicas de la Edad Media y de la Edad Moderna contra la gota, la pleuresia, las hemorragias y el flujo blanco. Louise Bourgeois, la comadrona de María de Mediccis, la administraba a sus ilustres pacientes para disolver los cálculos urinarios. Yo me guardaré bien de contradecir estos pareceres que son el compendio de siglos de experiencias populares o de eruditos. Mi padre utilizaba la corteza del vegetal contra la fiebre, los frutos contra la diarrea y especialmente las flores para regularizar el corazón y la tensión arterial....”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me he emocionado porque he sentido que después de tanto tiempo, ha vuelto a mí, intacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termino, con tres certezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera es que siento que ese sobre, aunque esté dirigido a un desconocido Sr. Ernesto, está donde debe estar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda: hay que hacer un esfuerzo por no olvidar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera: aunque la flor de espino fuera la mejor de sus infusiones para las enfermedades del corazón, estoy segura de que siempre habrá heridas en el mío que no podrá curar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-6629963663166259696?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/6629963663166259696/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=6629963663166259696&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6629963663166259696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/6629963663166259696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/10/la-flor-de-espino.html' title='La flor de espino'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SOO54MgqzLI/AAAAAAAAAFQ/ATmIXTV9VWg/s72-c/flor+de+espino.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-7471170243805366999</id><published>2008-09-25T22:01:00.007+02:00</published><updated>2008-09-26T18:05:18.239+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Iron Man</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SNvvMa-DgYI/AAAAAAAAAEA/aO1_5fgOFew/s1600-h/iron+man.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SNvvMa-DgYI/AAAAAAAAAEA/aO1_5fgOFew/s400/iron+man.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5250052787307512194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevo dos semanas así. Desde que fuimos con los niños al cine a ver la última película Marvel: Iron man. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que quede claro que el que se empeñó en ir fue Pedro. Yo me habría quedado, bien a gusto, en casa. Los domingos por la tarde preludian la semana entrante y me pongo de mal humor. Además llovía y me daba pereza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Vamos al cine con los niños. Así hacemos algo diferente”, dijo mientras plegaba el periódico que acababa de leer y lo dejaba sobre la mesa de centro. Le habría dicho que no, pero me pilló en un momento tonto; con las manos pegajosas del Dalsy que le acabada de dar a Sofía, que se había quejado de la garganta toda la mañana; con el aspirador de mocos ya preparado para limpiarle la nariz a Pablo que, a pesar de llevar cuatro días de antibiótico, seguía como un surtidor; y con una lavadora por planchar. Ni rechisté: “Venga, vamos”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De eso hace dos semanas y no puedo quitármelo de la cabeza. Ya me pasó igual hace años. Sí, por lo menos hará veinte o veinticinco años; antes de conocer a Pedro. Fue también en un fin de semana tonto, de ésos que no tienes plan y te engancha la película boba de la sobremesa. Recuerdo qué película era: “La chica de rosa” y, por supuesto, no he olvidado el estado de enamoramiento absurdo en el que me vi atrapada durante meses. Encadenada a la sonrisa de Andrew McCarthy; jodida porque sabía que jamás tendría siquiera una oportunidad de conocerle. Ahora, no me quito de la cabeza a Robert Downey Jr. Siempre lo imagino igual, es una idea estática y recurrente: con la camiseta negra ceñida y los pantalones cargo, color verde militar, recién desenfundado de su traje de aleación de acero y oro. Sale del traje de superhéroe plata y rojo, a prueba de congelación, como la Venus de Botticelli nace de su concha;  me mira y me sonríe. Me mira a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viernes pasado los niños tuvieron excursión con el cole y yo aproveché para quedar a comer, en casa, con Virginia. Necesitaba desahogarme y se lo conté mientras tomábamos café con las pastas de jengibre que siempre trae y que yo ni pruebo. Se lo conté y se rió de mí. “Y tú ¿no tienes ninguna novedad?” me preguntó mientras se metía una galletita redonda en la boca. Sé que era una pregunta retórica, no esperaba respuesta, pero sin pensar le dije: “Bueno, en realidad sí, que no me quito de la cabeza a Robert Downey Jr”. Se sacó la galleta de la boca, levantó la cabeza, me miró a los ojos, y soltó una tremenda carcajada. Vamos, que le alegré la tarde, y ahí, sentada en el sofá de flores del comedor, con las piernas cruzadas como una india, castañeteando la tacita de café sobre el platito de porcelana al compás de sus risas, concluyó tras prolijas explicaciones que lo que me ocurría era que estaba salida y que si Pedro no cumplía, siempre nos podíamos ir una noche de cena y que ella ya me prepararía algún apaño. Incluso se me ofreció voluntaria por si me apetecía probar algo nuevo. ¡Será idiota! A la tarde, cuando se marchaba de casa, se cruzó en la puerta con Pedro que llegaba de trabajar y lo único que se le ocurrió, a la muy burra, decirle fue: “Dale más caña a tu mujer que se le va la pinza”. Pedro le sonrió, casi con una mueca, sin entender nada, desanudándose la corbata. “¿Qué le pasa a ésa?” me dijo en la habitación mientras se cambiaba y se ponía el chándal. “Nada”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio sólo soñaba con él. Bueno, seamos sinceros, en realidad no era ni soñar, sólo que me venía a la cabeza esa imagen de él saliendo de su traje. Pero ayer la cosa fue a más, en la comunión de mi sobrina Mónica me pareció verlo apoyado en una de las columnas del pasillo lateral de la iglesia. Mirándome, con ojos encendidos de superhéroe. Menos mal que en ese momento Pablo me pegó un tirón del vestido y levantando su cara hacia mí me enseñó dos regueros verdes de mocos que ya le llegaban al labio superior. Cuando acabé de sonarle y de meterle un poco de suero fisiológico para destaponarle las vías respiratorias, Robert Downey Jr. ya no estaba ahí. Y eso sí fue una pena, porque habría sido un día estupendo para un encuentro casual – si eso fuera posible dado que él vive en Hollywood y yo aquí, como si dijéramos, en el extrarradio –  porque dentro de lo que soy yo, iba bastante arreglada, dada la ocasión.&lt;br /&gt;Papá y mamá también vinieron a la comunión, y como hace tiempo que no dejo que papá conduzca,  tuvimos que ir con dos coches. Por la mañana, bien temprano, Pedro prefirió sacar las sillas de los niños de mi coche y colocarlas en el suyo, ¡con el lío que es eso!, sólo por no llevar él en su coche a mis padres. Así que a la salida de la iglesia, Pedro se llevó a los niños en el coche familiar y yo me encargué de llevar a mis padres en el pequeñín. A mamá le molestaban los zapatos de charol tornasolado que se había comprado en el mercado,”Ya te dije que te los compraras de piel, pero ni caso, eres peor que una niña, y todo por ahorrar dos duros” le dije y, a pesar de eso, me ofrecí a ir a por el coche mientras me esperaran, en el banco de la puerta de la iglesia, sentados al sol. Papá renegó, pero no íbamos a dejar a mamá sola en un barrio extraño y aunque fuéramos a llegar los últimos al convite y no quedara jamón del cóctel de bienvenida, no íbamos a obligar a mamá a destrozarse los pies por llegar antes, con lo peligroso que es eso además para los diabéticos. “Pues si no queda jamón ya te beberás una cerveza y te tomas una croqueta, hombre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía el coche aparcado a cinco manzanas, y aunque por el camino me entretenía pensando en que Robert Downey Jr. me iba siguiendo, a escondidas, o mejor, a hurtadillas (que suena más pillo) entre los coches; los tacones también me estaban matando, a mí y en especial a mi callo de la planta del pie izquierdo que, de forma extraña, es más grande que el derecho, por lo que, aún a sabiendas de que eso retrasaría más la llegada al restaurante, y que papá debía estar, literalmente, cagándose en mamá y en sus juanetes, yo también tuve que descansar y apoyarme un momento en el capó de un coche, del que me pareció más limpio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces vi al niño. Estaba sentado en la acera, apoyado contra la pared, a medio metro del coche donde yo estaba descansando. Iba vestido con suéter beige de los de pico, de adulto. La vida en muchas ocasiones tiene guasa, pero con muy mala baba y, entre toda la mugre del suéter, lo único que se apreciaba bien eran las iniciales CH grabadas en el pecho con hilo verde. Le estaba tan grande que parecía que no tuviera ni piernas ni brazos. Daba la impresión de ser un tronco, vestido de Carolina Herrera, con cabeza de niño. Pensé que se había perdido, o que le habrían pegado, o que se había escapado; que sería de la familia gitana que acampaba en los barracones que el Ayuntamiento había puesto en el viejo cauce del río, o que quizás fuera otra alucinación como la de antes en la iglesia... en realidad no sé que pensé. Creo, y casi seguro que no me equivoco, que no pensé nada, o todo. De forma instintiva quise echar mano de las toallitas húmedas para limpiarle las mejillas marcadas por regueros de mocos y lloros, pero se las había quedado Pedro con los niños. Me acerqué al niño y de cuclillas, a su lado, me di cuenta de lo pequeñito que era, no más de dos años. Deseé regalarle un tucán de plumas negras y pico amarillo, seguro que con eso habría sonreído. Aunque claro, ¿qué posibilidad tenía yo de llevar un tucán en el bolso para regalar a un niño triste? ¿Las mismas que de ver a Robert Downey Jr. en la comunión de mi sobrina Mónica?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me incorporé para buscar en el bolso mi móvil y llamar a la policía; ese niño no podía quedarse solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba pulsando el botón de emergencias de mi Blackberry cuando apareció una señora que ni me miró, cogió al niño de una mano, de un estirón de brazo lo alzó, se lo puso en la cadera y se lo llevó llorando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, de pie, con mi metro ochenta (algunos prestados por el tacón, ya sé, ya sé) y mi vestido negro ceñido, me quedé quieta viendo cómo se lo llevaba y pensando que de un tirón así es fácil dislocar un hueso a un niño. Alguien debería explicárselo a esa mujer, desde luego. Guardé mi Blackberry en el bolso y continué andando. Una calle más y, a más de cien metros,  pude ver a Robert Downey Jr. apoyado en el morro de mi coche. Parecía esperar. Fue cuando decidí no cerrar los ojos nunca más, ni para pestañear.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-7471170243805366999?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/7471170243805366999/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=7471170243805366999&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/7471170243805366999'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/7471170243805366999'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/09/iron-man.html' title='Iron Man'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SNvvMa-DgYI/AAAAAAAAAEA/aO1_5fgOFew/s72-c/iron+man.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-2945311834904298424</id><published>2008-08-20T17:20:00.009+02:00</published><updated>2008-09-26T18:06:27.407+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Con olor a violeta</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SKw2-FD4DBI/AAAAAAAAADY/2iSaXDndpbU/s1600-h/arbol+2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SKw2-FD4DBI/AAAAAAAAADY/2iSaXDndpbU/s320/arbol+2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5236620906863266834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer apoyó la regadera vacía en el suelo de la terraza, y entró en casa con una maceta redondeada entre las manos. Era una maceta sin adornos, sin lacar, una de esas de barro que han sido regadas tantas veces que la cal del agua dibuja en su superficie nubes de salitre. No parecía que hubiera nada plantado en ella, quizás alguna simiente, pero la superficie, de turba húmeda, no dejaba ver ningún brote. Sólo alguna bolita de corcho blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Era una maceta vieja, de barro, llena de tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Eso era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Dejó la maceta sobre la mesa del comedor, escuchó risas en el jardín, y  volvió a salir a la terraza. Sabía que en cualquier momento llegarían sus invitadas, y se asomó para saludarlas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una volada de aire levantó la falda de la niña que junto a otras dos mujeres se acercaban  por el jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; De forma instintiva, la niña intentó sujetar su falda con un movimiento rápido de sus antebrazos, pero el viento juguetón, la rodeó y se la levantó por detrás, dejando a la vista unas enaguas con lazos verdes. Las dos mujeres que iban con ella, entre risas y empujones, metieron a la niña en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Fuera, se oía música de acordeón de alguna verbena cercana, y el olor del galán de noche endulzaba la noche. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Las dos mujeres mayores desprendían un suave olor a violeta; la niña a caramelo de fresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más entrar vieron la maceta sobre la mesa. La niña se separó de sus acompañantes que se quedaron paradas junto a la puerta de la entrada, y se adelantó acercándose a la mesa. Extendió los dos brazos hacia la maceta y, cuando sus dedos iban a tocarla, escuchó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cógela sin miedo. Es para ti. —la mujer le sonreía desde la terraza. Un leve viento de poniente entraba tras ella, y hacía que su pelo y falda aletearan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña tocó la maceta sólo con las yemas de los dedos, como si tuviera miedo o necesitase familiarizarse con su tacto; al instante sonrió, apoyó sus palmas sobre ella y la levantó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Cuando cumplas doce años recibirás un regalo especial”. Así se lo había dicho  su madre nada más cumplir los once años; en la fiesta de cumpleaños de Araceli, su mejor amiga. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa declaración formal, justo a la hora de soplar las once velas de la tarta de su amiga, fue una doble sorpresa: en su familia nunca celebraban los cumpleaños, y por supuesto, jamás le habían dicho nada de ese regalo especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez meses, veinte días y algunas horas había esperado la niña para recibir su regalo especial; y en todo ese tiempo no había logrado sonsacar ni a su madre, ni a su abuela (que también parecía saber de qué iba el asunto) nada en relación a su regalo. Por eso, esa noche víspera de su cumpleaños, cuando le dijeron que tenían que salir de casa para recoger “algo”, ella de inmediato, pensó en su misterioso regalo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También por eso, la maceta que tenía entre las manos le desconcertaba tanto. Con ella se giró hacia atrás, hacia su madre y su abuela y enseñándoles la maceta, arqueó los ojos y les interrogó con la mirada. La sonrisa de ambas  la sumió en una mayor oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es sencillo, tienes que plantar una palabra en tu maceta. Pero no cualquiera, tienes que pensarla bien, por eso te damos la maceta esta noche, con unas horas de adelanto a tu cumpleaños. Cuando vayas a cumplir los doce ya debes de tener clara qué palabra vas a plantar, porque esa será la que germinará y con tus cuidados crecerá y te acompañará el resto de tu vida”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso le dijo su madre cuando salieron de nuevo al jardín. El acordeón seguía tocando, y el poniente hacía que la música se derritiera en el aire. ¿Qué significaba eso de plantar una palabra? ¿Ese era su regalo especial? La niña no entendía nada, quizás por eso su madre continuó explicando: “Considera que es el mejor regalo que nadie te hará jamás, hija. Te regalamos la posibilidad de plantar una palabra y que jamás te falte de ella, en toda tu vida. ¿No es maravilloso? Pero deja que te de un consejo: ve con cuidado porque a veces las elecciones pueden ser equívocas y el destino puede jugar malas pasadas. Tía Miranda  plantó la palabra pompas, no pompa, pompas, en plural; la pobre, soñaba con bonitas pompas de jabón, y durante un tiempo tuvo suerte y muchas pompas de jabón, pero con el tiempo, al germinar la palabra tuvo una ramificación insospechada: pompas fúnebres; y su casa que siempre había estado llena de pompas de jabón, empezó a recibir, con cierta frecuencia la visita de difuntos en busca de entierro y responsos. Un desastre, de los buenos, de verdad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madre, con una sonrisa en los ojos, que no permitió a la niña conocer el grado de verisimilitud de la historia que acababa de escuchar sobre tía Miranda, se levantó del banco de piedra donde estaban sentadas, le dio un beso con olor a violetas a su hija, y la dejó sola en el banco con su maceta redonda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más irse su madre, la niña se dio cuenta de que no le había preguntado qué palabra había plantado ella cuando cumplió doce años. Resopló, y se dio cuenta de que tampoco sabía qué palabra había plantado su abuela, ni su tía Matilda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía muchas dudas: ¿era una cuestión sólo de su familia eso de plantar palabras? ¿Sólo de mujeres? No recordaba que le hubieran dicho nada sobre lo plantado por ningún hombre de la familia. ¿Los fantasmas de casa de tía Araceli que se presentaban buscando pompas fúnebres eran amables con ella, por lo menos? ¿Tendría algo que ver estas plantaciones extrañas con que en casa de la abuela siempre hubiera flores de azahar en todos los árboles de su jardín, fuese enero o noviembre?  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña, con la maceta entre las manos, fue desentrañando un sinfín de hechos extraños que convivían con su familia desde que tenía uso de razón, a los que se había acostumbrado con el tiempo, pero para las que no tenía explicación cuando sus amigos, sobre todo desde que empezó a ir al colegio, le preguntaban: la nieve perpetua en el jardín de tía Lola que en ocasiones especiales, por ejemplo en la comida de Navidad, cubría incluso el salón; las nubes sobre casa de prima Lucía, que cuando estaba enfadada relampagueaban; el oro de casa de tía Adela, que recubría suelos y paredes....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué palabra escoger para que te acompañe el resto de tu vida? ¿No debería ser la palabra más bella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El reloj de la plaza dio siete campanadas huecas, con sonido a bronce, que despertaron a la niña que se había dormido en el banco abrazada a su maceta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre ya estaba sentada a su lado, sonriendo. Le acarició la trenza y le preguntó: “¿Sabes qué palabra quieres plantar? Es la hora”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña sin dudarlo contestó: “Claro mamá. Voy a plantar la palabra más bonita.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sonrieron, y al abrazarse, un pequeño brote, verde y tierno, pareció asomar en la superficie de la maceta, vieja, de barro y llena de tierra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso era, hasta ese momento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-2945311834904298424?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/2945311834904298424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=2945311834904298424&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2945311834904298424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/2945311834904298424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/08/con-olor-violeta.html' title='Con olor a violeta'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SKw2-FD4DBI/AAAAAAAAADY/2iSaXDndpbU/s72-c/arbol+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6949059437620521343.post-8702201270135368166</id><published>2008-07-16T21:50:00.005+02:00</published><updated>2008-09-26T18:07:55.260+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Sin corazón</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SIB3_pxXLzI/AAAAAAAAAAc/QzPORS7od3A/s1600-h/corazon+de+tiza.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5224307503178133298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SIB3_pxXLzI/AAAAAAAAAAc/QzPORS7od3A/s320/corazon+de+tiza.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A las cinco y media de la tarde paró el repiqueteo de la máquina de coser, y el silencio, que llenó el taller de costura improvisado, se mezcló con la melodía del consultorio de la señorita Francis, igual que pasa con la leche condensada sobre el pan tostado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay cosas que han nacido para fundirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño entró en el salón, y de pie, con las tenacillas alemanas de alisar el pelo en la mano, y unas gafas de bucear azules puestas, se acercó a su madre y, manejando las tenacillas desenchufadas igual que un director de orquesta mueve su batuta de olivo, empezó, con grandes aspavientos, a dibujar su contorno en el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se quedó quieta chupándose el dedo índice. Se le había salido el hilo de la aguja de la máquina, al intentar enhebrarla se había pinchado, y ahora, sólo le faltaba un golpe en la cabeza con el trasto ese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Qué haces? Ve con cuidado, que me vas a dar.&lt;br /&gt;— Un momento mamá, es importante.&lt;br /&gt;— ¿Pero qué haces? Anda, déjame trabajar que he de acabar el traje de nazareno de don Jenaro que viene esta noche a recogerlo.&lt;br /&gt;— Es que ya sé lo que voy a ser de mayor. Es una prueba.&lt;br /&gt;— ¿Y que vas a ser?&lt;br /&gt;— Escritor, mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el niño acabó de dibujar en el aire la gran burbuja que producía la silueta de su madre, se dio la vuelta y salió a galope, mientras su madre, en el silencio que compartía con la señorita Francis y su solución, entre otras, para las manchas blancas en la piel, dio un sorbo al vaso de malta que tenía al lado de la máquina y murmuró: “como si quedara alguna historia por escribir”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-------------- &lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Rudimentos” dijo en voz alta el anciano vestido de mendigo gris, a la vez que ladeaba la cabeza, con la esperanza de que el recuerdo, que le visitaba a diario, saliera por su oído derecho. Llevaba tiempo sin hablar con nadie y había tomado la costumbre de hablar en voz alta, por si las ondas sonoras de sus monólogos y exclamaciones llegaban a un anónimo destinatario que le quisiera prestar atención, aunque fuera en Bombay o, incluso, en Estonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La culpa de todo la tuvo la revisión médica que nos hicieron en el colegio. Esos curas sí sabían”, gritó a un gato que le miraba tumbado al sol. El anciano, tras consultar el reloj, se sentó en el suelo, a la sombra de una acacia en flor, y al rato, ya tenía pequeñas flores amarillas sobre los brazos y también en sus sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soñó con los resultados de su revisión médica. Con esa pequeña fotografía en blanco y negro de su caja torácica que permitía ver la silueta del mendigo niño, las dos habichuelas grises que eran sus pulmones y el hueco oscuro que a media altura cedía el pulmón izquierdo para cobijar el corazón, aunque en su lugar se veía una pequeña flor amarilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soñó con la tribu africana en la que todo el día redoblan los tambores emulando el latido del corazón, pum-pum, pum-pum; y entre tanto polvo, justo al lado del timbal rojo, otra flor amarilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También soñó con su madre detrás de la brillante máquina de coser Singer, marcando con un gis lila, con rayitas intermitentes, dónde cortar la tela en la pechera de una chaqueta de raya diplomática, para poder coser el bolsillo del pecho, diciéndole, tras dar un sorbo de malta: “todo caballero debe llevar un pañuelo asomando a la altura del corazón, a juego con la corbata”. Y mientras sonreía, le vio coser otra flor amarilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despertó cuando notó la lluvia en sus manos. El aire de tormenta no le avisó con antelación, pero le había quitado de los brazos las pequeñas flores de la acacia. De sus sueños resulta difícil saberlo, porque nunca hablaba de ellos en alto, por si las ondas llegaban, en realidad, a alguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;--------------&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las corrientes de aire de tormenta son malas. Eso aprendió de pequeño de su tía Leonila. Igual que sabía que los constipados de nariz se cogían por los pies descalzos, por muy lejanos que parecieran unos de otros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anciano, vestido de mendigo mojado, entró en el portal de la única finca con buganvillas moradas en la fachada y cerró la puerta y la contraventana de la puerta del patio. Sabedor del incumplimiento de esas dos reglas esenciales, subió al cuarto piso, entró en su casa, y se sentó en la butaca de escay naranja que tenía junto a la venta del comedor, y esperó a morirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lógica de lo aprendido lo imponía: su edad, quedarse dormido en medio de una corriente de tormenta, y descalzo de un pie (eso desde hacía tres años en que, tras un tropiezo, la sandalia de su pie izquierdo, se metió en una alcantarilla que se la tragó). Su muerte tenía que llegar pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esperaba morir, recordó que de niño quiso ser escritor. No supo encontrar un corazón tibio para contar historias. Ni tibio, ni frío. No encontró nunca un corazón para ellas; ni en su pequeña radiografía estaba, ni lo sentía bajo el pecho, que fue acumulando polvo, hasta convertirse en un desierto. Su madre le consolaba: “no quedan historias que contar”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ ¿Por qué no?” dijo mientras se levantaba del butacón y hurgaba en un cajón de madera, de los de las naranjas de invierno, que tenía a la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anciano se desnudó y se puso sus gafas de buceo azules. En la mano llevaba el ecógrafo, con el que se había ganado la vida en ferias y circos, leyendo el pasado y futuro de la gente. Siempre en busca de historias que escribir, buscando un corazón. “La vida deja marca en el cuerpo, y si ves el pasado, es fácil inventarte su futuro” se decía ante las páginas en blanco que le esperaban cada noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enchufó el aparato y se acostó en la cama. En el precario silencio que dejaba el motor del aparato, pasó el ecógrafo sobre su cuerpo, mirando la pantalla del monitor, tras sus gafas marinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vio sus huesos. Recordó, al ver las señales de su vida. Algunas imágenes le hicieron asentir con la cabeza, pero en otros rincones de su cuerpo, agitó la cabeza de un lado a otro, negando con fuerza. En este reencuentro con su pasado, fue moviendo el cabezal del aparato por todas partes, hasta que llegó al pecho; allí vio sus pulmones, y en el hueco que dejaba el pulmón izquierdo, descubrió a su corazón, latiendo, dibujando una burbuja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando dejó caer al suelo la radiografía que le hicieron en la revisión médica del colegio siendo niño y que había estado sujetando con fuerza dentro del puño de su mano izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6949059437620521343-8702201270135368166?l=solobuenaletra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/feeds/8702201270135368166/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6949059437620521343&amp;postID=8702201270135368166&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8702201270135368166'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6949059437620521343/posts/default/8702201270135368166'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://solobuenaletra.blogspot.com/2008/07/las-cinco-y-media-de-la-tarde-par-el.html' title='Sin corazón'/><author><name>Carmen Pérez Alarcó</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07519228368083344213</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://4.bp.blogspot.com/-Ebk5klNydeQ/TkA1Fcj0fFI/AAAAAAAAAUQ/sqIP5XT6MWg/s220/IMG_1006.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s022yTdcvjk/SIB3_pxXLzI/AAAAAAAAAAc/QzPORS7od3A/s72-c/corazon+de+tiza.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry></feed>
